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Viaje a Japón, 8
La Conversacíon. Noviembre, 2013
Miranda Collet. 04.01.14 
En la dorada casa de té en las orillas de Shibukawa, Japón, en el mes de noviembre del año recien acabado, las intensas personas plenamente entregadas a conversar se pusieron a contestar la pregunta ¿cuáles son las manifestaciones de la crisis?
Todo comenzó con Fukushima, dice una persona.  
Antes nos acomodamos.  
Pero con lo de Fukushima todo cambió para nosotr@s y para una cantidad, menos de un uno por ciento, del pueblo japonés.  
El resto de la gente sigue tratando día a día a creer la gran mentira que dice que todo va bien, muy bien.

Sabemos que hay una crisis por la soledad que sentimos
La separación de la naturaleza.

La infelicidad que sentimos.
La falta de sentido.
La destrucción de la naturaleza.
Nos hemos olvidado que nosotras somos parte de esta naturaleza.
Y la verdad es que somos parte de la naturaleza, y ni siquiera la parte más importante.
No, sólo una parte.

Somos la parte capaz de destruir.
La parte que se ha desnaturalizado.
La destrucción de la naturaleza.  Con lo de Fukushima se aceleró esta destrucción y ya no pudimos seguir negando que el ser humano es el destructor  de la naturaleza.
Y esta verdad es una verdad que nos quita el sueño y nos va destruyendo.

Por la falta de armonía que sentimos en el mundo sabemos que hay una crisis.
Lo incómodo que sentimos.
La mala calidad del aire, de la comida.
La falta de información.
Las enfermedades de l@s niñ@s.
Y la falta de esperanza.

No entendemos si por la fuga de materia radioactiva en Fukushima estamos muriendo rapidamente o lentamente.
Porque no se habla de lo que realmente pasa.
El gobierno no dice los niveles de radioactividad existentes.
Y cuando lo dicen, nos mienten.

Somos un pueblo que evitamos conflictos. A toda costo evitamos conflictos.
Nos culpamos a nosotras mismas.
La religión dice que cargamos la mala suerte de otras vidas.
Pero la culpa, ¿no es el sistema lo que tiene la culpa?
Es que no sabemos lo que pasa de verdad.
El ser humano está perdido.
No sabemos lo que pasa y hemos aprendido a no importarnos.
Este no saber, esta indiferencia y esta dureza ante la realidad es todo parte del sistema.

El ser humano ya no sabe ni cultivar su comida.  Me parece raro que pueda existir un animal que no sea capaz de encontrar por sí mismo su comida.
Es cierto que hemos perdido, nosotros los animales humanos, hemos perdido la capacidad de entender, de cultivar, de hacer lo que comemos.
Hasta hemos negado nuestra naturaleza como animal.
La palabra ‘animal’ es un insulto.

Y las enfermedades, tantas raras enfermedades aparentemente incurables, enfermedades que nunca se habían visto.
De la mente y del cuerpo.

¡Es que no creemos que somos animales!
¿Entonces qué somos? ¿Pedazos de plástico?
No. Somos animales.  ¿Por qué decir que somos animales nos da vergüenza?
Será porque es parte de la mentira, esto de decir que somos algo distinto a la naturaleza, y ENCIMA de la naturaleza.
¡Qué locura!
Ya ni creemos en nuestra naturaleza de curarnos.  
No nos sentimos parte de la naturaleza.
No sabemos amar.
Ni a nosotras mismas.
Por ésto somos capaces de destruir y de ver impasivos la destrucción de la naturaleza.

Tenemos que ir completamente fuera del sistema para sentir que estamos tocando la verdad.
El sistema ha tejido una red de mentiras; otra mentira sería que no podemos hacer nada para cambiar las cosas.
Sabemos que todo lo que dice el gobierno es mentira, pero la totalidad que crea esta red de mentiras nos tiene atontad@s.
Adormecid@s.
Paralizad@s.

Dicen que la culpa es nuestra.
Y lo es.
Porque hemos aceptado tantas cosas en lugar de pensar por nosotras mismas.
Hemos vivido sabiendo que esta manera de vivir es una mentira.

No se puede sacar de la Tierra y saquear de la Tierra.
El mundo no es un almacén de tamaño infinito.
La naturaleza no funciona así.
La naturaleza tiene sus tiempos, sus momentos, su sensibilidad, sus dificultades y todo lo que vive y aún las piedras somos parte de la naturaleza.  
Tenemos que buscar vivir en armonía con la naturaleza.
Estamos haciendo todo incorrectamente y no sabemos cómo detener este mal vivir que parece imparable.
Sabemos y no sabemos. ¿Cómo es esto?  
Ni a las cuestiones más básicas sabemos responder.
Como ¿Cómo cambiar, por dónde comenzar a hacer el cambio?
Un cambio de la A a la Z.
Un cambio que todavía no podemos imaginar.
Porque será un cambio tan profundo como el mar.
Y tan ancho que tocará desde cómo producimos nuestra comida  hasta cómo cuidamos a la gente mayor.
Que irá desde cómo generamos y utilizamos energía hasta cómo hablaremos y educaremos a l@s niñ@s.

El miedo de no poder salir de la crisis es parte de la crisis.
La soledad.
La separación entre la gente como nosotras que tenemos alguna idea de una alternativa, por más borrosa que sea, y las demás personas, que luchan por defender la mentira.
En muchos lugares, en la mayoría de los lugares es imposible hablar de una manera alternativa de vivir.
Hablar de un cambio está visto como una acción agresiva, algo desagradable, mala educación, algo con mala intención.

Y luego un silencio pesado nos cayó.  Era un silencio que fue interrumpido unicamente por un par de profundos suspiros. La caída de una lágrima es silenciosa.
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