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Viaje a Japón, 4
Extracto del diario del viaje a Japón
Revuelta

Miranda Collet. 13.12.13 
Aquí en el Restaurante Juju, cuyas dueñas son la madre y la amiga de la madre de Megumí, estoy sentada en la barra.  ¿Cuántas horas he pasado aquí, entre evento, encuentro y acontecimiento?  Muchos días, tantas horas.  Siempre tengo el mismo asiento, el que da a la ventana, con la vista del caqui en toda su gloria. Aquí espero a Megumí, que da clases en su estudio de flamenco, y escribo este diario del tiempo que vivo en Japón.  
Las japonesas (y un único varón, un japonés) mueven las manos con gracia en las clases de Megumí. Su esbelta silueta se concentra en absorber el sabor y la técnica de esta gran e universal forma de arte que es el flamenco.
El Estudio Gracia, así se llama el estudio de Megumí, forma parte del conjunto de edificios que pertenecen a esta familia.  Incluye; el restaurante Juju; la tienda de elegante ropa y accesorios al lado; y la casa de la amiga de la mamá de Megumí.  
Con un buen estacionamiento atrás, con una pintoresca escalera en la entrada, con gatos en una canasta rosada, unos gatos recogidos de verdad, y varios gatos más, dormidos en las sillas, todo esto entre tantos gatos de vidrio, cerámica, pintados, con gatos de lana y de madera y de plastico en cada superficie, un comedor con mesa y sillas, y otro tradicional, donde la gente se sienta en el suelo, el Juju no se parece a ningún otro lugar en el planeta, creo yo.
Su clientela es 99% mujeres de mediana edad, muchas de ellas son fijas; comen en el Juju varias veces por semana.  Están bien vestidas las mujeres que llegan a comer en el Juju, vestidas con capas de ropa de colores de otoño: azul y gris, marrón, blanco, morado y amarillo. Llegan en coche, se encuentran en el Juju con sus amigas y pasean por el boutique de ropa elegante y compran con sus amigas mientras esperan la comida.  
Hay una sola grabación de música en el Juju, todos los días y todo el día la misma, por lo menos durante las 5 semanas que estaba yo allá.  Es música de bar, en inglés, de los años 30, 40 y 50, de Estados Unidos, de estas canciones desoladas cantadas por una mujer sola y melancólica, acompañada de un piano tristón.
Hoy no voy a sentarme a comer un plato de deliciosa comida japonesa que siempre me dan.  Ni voy a escribir horas en mi diario todo lo que sucede, quien me habla y quien llama, quien llega y qué dicen, ni preguntarme qué significará éste o aquel, qué me parece éste o el otro o cómo está funcionando el ordenador.  Voy a pintar con las clientas del Juju, un gran rótúlo para el Estudio Gracia.
Primero tomo un café en mi asiento de siempre. Aiko y Hisako, madre y amiga de la madre, me dan el café y me hablan de cómo van a viajar a España en 2015, ya tienen el billete: con un tour, “7 días, por toda España”, dicen con entusiasmo.  ¡Madre!
Megumí aparece por un momento para tomar una infusión, y vuelve a su estudio con el ordenador. Está ligeramente estresada esta buena persona, mi amiga Megumí, que conocí en Palestina.  Dentro de 3 días Megumí presentará 20 alumn@s suyas de flamenco en una función pública en beneficio de Amazonas.  
El agrandamiento de su estudio (¡al doble!) está a un pelo de estar terminado. Las alumnas no se están empeñando lo suficiente en vender los billetes, y eso  la tiene estresada.  
Aparte de la preparación hasta la perfeccdión de l@s bailarines, ella tiene que pensar en la comida y la bebida, la limpieza, el pelo, la música, el maquillaje, las sillas, las pantuflas para cada espectador, la iluminación, la pintura, los espejos, la entrada, la tarima, colgar mis cuadros en el estudio. Megumí está coordinando todo.  
Una parte de la joven Megumí se ha resistido desde el principio este agrandar  de su estudio; fue inciativa de la mamá y la amiga de la mamá, hacerlo.  Una parte de Megumí se siente cautiva al agrandar el estudio. Siente que estará esclavizada a su negocio como maestra de flamenco y dueña del estudio. Parte de ella siente que es gula agrandarlo. Siente que la mamá y su socia son compulivas en su afán de buscar tener siempre más y más. No están contentas si no mantienen en un estado constante de crecimiento los negocios del Juju, la tienda de ropa y el Estudio Gracia también, el negocio de Megumí. Pero Megumí lo ha aceptado y con cierto agradecimiento a su mamá, la amiga de la mamá, y al papá; éste apoyó en lo económico.
Así vivimos casi tod@s, en un torbellino de contradicciones.  El negocio, la libertad de no tener  que trabajar para una compañía, la falta de libertad por no tener trabajo, la liberación de la gente con arte, el buen producto o servicio, el cambio urgente de fondo de todo lo que nos desafía a tirar todo por el borde y profundizar en una vida alternativa, la creciente inseguridad, el daño hecho, la vida alternativa, casi imposible de insertar en un mundo vuelto loco.
La gente pintó durante 3 días el cuadro adjunto, con ánimo, con chispa, con alegría.  El cuadro quedó como el rótulo del Estudio Gracia de Flamenco en una ciudad en el centro de Japón a finales de 2013.

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