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La política y el 15-M
Jose Maria Barrionuevo Gil. 03.06.12 
“Ya se ha pasado la página del 15M”, podrán decir muchos, que han estado pendientes de la maquinaria mediática. Ha sido una conmemoración menor, según muchos, ya que han podido demostrar que cuantitativamente se trataba de una minoría. Se han blandido todos los recursos habidos para desprestigiar  al Movimiento del 15M. Así, se ha mentido sobre personas concretas del Movimiento, se ha mentido sobre actos y se ha mentido, cosa curiosa, sobre su futuro, ya que con mentarlo, tienen que escorarlo al capricho de sus deseos.
La avalancha mediática ha intentado no dejar títere con cabeza, pero las cabezas, que por cierto están muy bien amuebladas, del 15M siguen en su sitio, sin olvidar que pertenecen y se deben a un cuerpo social más que físico, un cuerpo que se realimenta constantemente, que se autoabastece naturalmente y que se autogestiona sin tener que deberse a las financiación de Bancos y Cajas, que, eso sí, están dando, por añadidura, más razones al Movimiento de las que podría tener el año pasado.

 Se han dilapidado recursos en mostrarnos fotografías, declaraciones y hasta sucintas biografías de los que han desertado del Movimiento, de los desengañados, que se han vuelto a casa; que si han dejado la calle, no ha sido para reunirse una vez más en la plaza, en el ágora, en donde eran totalmente libres de exponer sus ideas, sus dudas, sus ilusiones. Si están desengañados, conviene recordar que nadie los engañó. Todos tienen derecho a montárselo, como les pasó a los discípulos de Emaús; todos podían  pensar que el Movimiento sería fructífero de la noche a la mañana, como se esperaba de la higuera maldita. Es una bendición que el Movimiento siga ahí, en el tiempo, y lo que es más curioso, por lo menos, que siga aquí y ahí y allí, en el espacio. Quizá sean estos dos apriorismos, el tiempo y el espacio, los únicos que se permite el Movimiento.
 Para el 15M, todas las ideas y conceptos y propuestas son discutibles y discutidos. Se necesita tiempo. Ocasionalmente se necesita espacio, para hacerse visible, sobre todo, en un mundo que está sometido al imperio de la imagen. Por eso el 15M también tiene su epifanía, que, a todas luces, le es necesaria. La imagen, fundamentalmente, es espacio. La palabra, fundamentalmente, es tiempo. Si la imagen cuenta con su cuota de tiempo es porque nosotros se lo concedemos. Si la palabra cuenta con su parcela de espacio es porque le prestamos oído. Ya hace bastante tiempo que nos decía Fidel Habib: “Lo que no tiene lugar, puede tener tiempo; lo que no tiene tiempo, no puede tener lugar”.
 Los medios de comunicación beben de la prisa, sin pausa. No nos es extraño que se atraganten. En todos impera una matriz de pensamiento que no nos deja pensar, que nos da los pensamientos enlatados y precocinados. De ahí le viene la prisa, por la utilidad que les puede proporcionar la urgencia. Esa matriz es la que ha conseguido llevarse de calle, mejor dicho, de la calle, a los desengañados del Movimiento 15M. Pero la prisa no es el condimento más apropiado del 15M. Ya hemos escuchado, porque estábamos atentos, que “vamos despacio, porque vamos lejos”.
 En las entrañas de la dinámica cortoplacista de la política, no se asientan bien los alimentos lentos, que necesitan tiempo, y sus tiempos, para ser digeridos.  Es precisamente esa dinámica cortoplacista la que ha provocado el despilfarro de obras faraónicas para impresionar al respetable (por el que no sienten ningún respeto, dicho sea de paso,) y conseguir una rápida remuneración de votos, que al día siguiente se nos convierten en calderilla. 
 Hablando de calderilla (¿Tenéis suelto? Es que Bankia necesita capital.), nos viene a la mente que el capitalismo ha necesitado siglos para ir  cambiando la mentalidad de la gente y ahora sus secuaces exigen resultados a un Movimiento lento, que sabe muy bien que “no se tomó Zamora en una hora”. Las mentiras tienen los pies muy cortos y por eso se echan a correr y luego se precipitan de golpe como la burbuja del ladrillo o la de los bulbos de tulipanes. Ya lo dice la canción popular: “Tu madre a mi no me quiere porque no tengo carrera. Yo tengo en mi casa un galgo. Que lo saque cuando quiera, que yo pa’ corré no valgo”.
  El 15M ha surgido de las mismas entrañas de los desafueros de un sistema que hace todo lo posible por que no se les vean sus vergüenzas; una de ellas, y no la menor, es el instinto asesino y hasta suicida que le caracteriza.
 Podemos, quizá, lamentar que al 15M le haya fallado su pedagogía y no haya podido mantener entre los suyos (¿Todos?) a los desengañados. Pero una pedagogía de este calibre se enriquece, aunque esta palabra le dé escalofríos, con el tiempo. Su pedagogía inquieta a la Política, porque está, poquito a poco, consiguiendo que la gente vaya tomando su ración de conciencia política. También va creciendo el reconocimiento de la persona, del ciudadano, con menoscabo de la función de súbdito. Si el capitalismo ha conseguido en virtud de sus desmanes que nadie se fíe de nadie, ya está tomando de su medicina, cuando de  su concubina la Política ya nadie se fía tampoco. Por tanto al 15M le basta con que la gente vaya tomando conciencia, aunque sea a secas.
 Para un cambio de conciencia se necesita mucho tiempo y mucho conocimiento. No se confunda el conocimiento con la tasa de información. Podemos tener mucha información y desecharla con un sencillo “no”, porque tenemos conocimientos, o sencillamente criterios, con los que se desmontan las informaciones que nos asedian por todos lados.
 El 15M es la parte visible del iceberg, que está constituido por todos aquellos a los que el sistema nos ha dejado congelados, o al menos muy fríos, precisamente cuando el Titanic iba a toda máquina. Déjense los triunfalistas de la Política y el Capital de abonarse con el botafumeiro, que sólo sirve para levantar cortinas de humo. La política capitalista, sea neoliberal o de Estado, ya nos ha pasado factura por sus servicios. Ahora se trata de  que todos podamos comprender, “coger conjuntamente y  juntos”, lo que juntos podemos ir haciendo, sin que tengamos que escuchar las falsas sirenas, que desde las alturas (no morales, por supuesto) nos recomiendan y hasta obligan a hacer sacrificios, porque las aras ya se han ensangrentado en demasía. Sí, juntos y tranquilos, porque en ello se nos va la vida. Ya nos lo decía Gandhi: “En la vida hay algo que es más importante que incrementar su velocidad”. No es fácil la tarea esa de ir juntos y despacio; pero es que no hay otra manera de hacer el camino, de llegar a la plaza, de encontrarnos en el ágora y hablar de nuestros temas y de hacer las cosas de otra manera. Como muy bien saben los zapatistas, después de un periplo de muchos años: “Para ir todos juntos tenemos que ir al paso del más lento”.

Josemª Maestro de Primer Ciclo de Primaria. 

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