Alfredo solo pudor reír mientras se pegaba un tiro. De nada le habían servido las múltiples prácticas ante el espejo poniendo cara de desesperación, ni cara de enfermo, ni siquiera de decepción, ni de loco. Todo quedó grabado en un video casero, donde decía ‘hoy dejo la vida porque esta es la única aportación que puedo hacer al mundo. Ser uno menos al que el estado le dé de comer, ser uno menos del que preocuparse de encontrarle trabajo, ser uno menos en ser nadie’. El video dio la vuelta al mundo, en el entierro no faltó ni un representante de los partidos políticos y cada uno de ellos tuvo algo que decir.
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En el momento cumbre, en el que todos callaban, se escuchó golpear una puerta. Las miradas de incertidumbre se cruzaron. Otro golpear más fuerte, todos dieron un paso hacia atrás sin poder dejar de mirar la tumba. Desde el enterrador hasta el presidente del gobierno pusieron la misma cara de espanto, ojos como platos y boca abierta. La tapa de la tumba se abrió, primero asomó una mano y después la cara de Alfredo y luego su torso. Este se quedó sentado y giró la cara de un lado a otro con la misma sonrisa del video. Vio como su madre le guiñaba un ojo y luego se quedó mirando a los políticos que tenían cara de tomate pocho. Por primera vez se habían quedado sin habla. Dejó pasar unos segundos y dijo: ‘Me han pagado mucho dinero por el video. El dinero fácil, hasta un parado puede hacerse de oro, solo hay que montar un espectáculo, condimentado con el engaño y la burla, y si aún no eres famoso una buena salsa de impacto que lo rocíe todo. El plato que nunca falta en la mesa de un político. Y ahora que por fin he conseguido vuestra atención, decirme: ¿Podré ganarme la vida con mi carrera o tendré que gritar,’ Alfredo se puso en pie de un salto a la par que abría los brazos de lado a lado: ‘que continúe el espectáculo’.
"Lydia Tapiero Eljarrat" <lydia_tapiero@yahoo.es> |