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Compro vida | | Lydia Tapiero Eljarrat. 18.09.11 | | Lydia Tapiero Eljarrat. lydia_tapiero@yahoo.es. Tengo un montón de cosas que decir, todas ellas esperan en el tubo de mi garganta, cómo si un tapón las impidiera el paso y se mezclaran entre ellas impacientes, desesperadas. De pronto el tapón sale y ellas siguen mezclándose, esta vez buscando el sentido de una frase, pero se quedan ahí, hay tanto por decir, tanto que sentir, tantas combinaciones que les es imposible quedarse con alguna. Me siento en la silla, tomo aire, después de un día de trabajo, después de todos los días de trabajo llego cansada. Algunos días además nerviosa, nerviosa y sola.
| Sin tiempo de hacer otra cosa que no sea llegar a casa. Ya es de noche, pongo las noticias, no es más que la continuación de un día que llega a su fin rematado con las catástrofes que se suceden en el mundo. ¿Por qué las escucho? Nuevos sentimientos empujan por entrar en mi garganta y se hace de nuevo el tapón y todo vuelve a mezclarse de nuevo, a veces lloro, después el pecho me oprime menos. Sigo viendo la tele por inercia, hay un reportaje de vidas longevas. Busco en cada uno de los rostros arrugados la expresión de la tensión, unos ojos que descubran la alerta, una sonrisa nerviosa, pero no veo más que tranquilidad y paz. Por delante de las cámaras pasa una cabra. Pienso que a mis treinta años he acumulado más tensión que todas ellas juntas. Recuerdo que mi madre me decía de pequeña que era muy valiente, pienso que eso puede servir y me lo creo. Cojo una hoja y escribo: ‘Cambio casa lujosa de ciudad por una de campo, imprescindible que no tenga acceso a antena de Televisión, ni Internet, y que disponga de un pequeño establo con 3 o 4 cabras, con opción a otros animales domésticos si los hubiera’. Sonrío y pienso que he hecho un buen negocio, después de todo ¿Cuánto vale un año más de vida?
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