logo

Tu diario. Libertad de expresion

Buscador de alhaurin.com Telf. de interés Normas de alhaurin.com Hemeroteca Todas las carpetas de alhaurin.com

“¡Franco! ¡Corre! ¡Ven a ve lo que pasó!”
Disquisiciones sobre la vida doméstica

Cuentos y relatos globales. 31.07.11 

Por: Walter E. Pimienta Jiménez. ¡Hermosos días de amor a la patria, qué se hicieron! Soplaron falsos vientos de cambio y en el corazón de las nuevas generaciones, marchito y estéril para estas cosas, con proclama altisonante de peinados parados, “persignes” hasta en la lengua y en las santas partes, con tatuajes en el alma y luciendo ropa ceñida que deja prisionero el cuero con un disfraz de todo y de nada, se deshicieron aquellas bonitas fechas de gloria que en las escuelas nos hacían vivir el ejercicio de históricas jornadas como, por ejemplo, aquella del 20 de julio de la que todos tomábamos parte dejando escapar en las esquinas resonantes vivas a Colombia, en tanto que en cualquier victrola vieja se escuchaban con profundo respeto las ondas sonoras de nuestro himno nacional entre estampidas de cohetes y ventanas engalanadas.

¡Qué tiempos aquellos! ¡Qué tiempos! Los recuerdo por el singular suceso vivido cierta vez en mi Juan de Acosta natal y que a continuación, así les narro:
.”Niños, atención, todos en su casa, mañana 20 de julio, Día de la Patria, deben izar sin falta la venerable bandera de Colombia. Aquel que no la tenga, que la haga así sea de papel- nos dijo con voz acalorada el profesor Néstor Arteta, cuando cursaba el tercer año de enseñanza primaria y, al tiempo, con fogosa amenaza, agregó: Yo, en mi caballo moro, me daré cuenta del cumplimiento y advierto a quienes no la enarbolen, que perderán el año.
Aquel discurso contundente, produjo cierto murmullo en el salón de clases, inquietó conciencias, provocó algunos rezos en voz baja y rebasó los límites de la audacia de otros con tal de no infringir la drástica orden que, desde luego, no sabía para nada a dulce de leche hecho en las hornillas de las abuelas.
Legó la fecha y la hora. Yo gozaba del privilegio de tener una bandera de tela que mi padre, con fervoroso amor patrio, como dos años antes, mandó a hacer donde Celia Jiménez, la vecina costurera y, entonces, bien temprano, sin amenaza de bayonetas, tuve el placer de izarla recordando éstas líneas que en alguna poesía de los poetas de antes, en un libro viejo leí: “La libertad y los pueblo son eternos.” “La revolución es como el bronce que se funde y se regenera en el crisol de la Patria”…No entendía aquello, pero me sonaba bonito…
Dos cañonazos seguidos que Arturo Charris, a la sazón alcalde de la localidad, ordenara sonar en el parque central, y a continuación un discurso fácil que alguien le escribió pero que leyó con algunos cancaneos y que terminó con un vociferante… ¡Viva Colombia!... Le recordaron al pueblo el valor de tan magno momento y he de confesar con cierto escalofrío que, al ver pasar por allí casualmente al viejo Benigno con una escopeta pavorosa en las manos, creí que la guerra contra los españoles continuaba; mas no se escuchó por ninguna parte un ofensivo ¡Qué mueran los chapetones!... Y el mundo siguió en calma…
El cielo estaba limpio como un cristal y una brisa suave me rizaba el cabello. Entro al almacén de “la Niña Nené” por dos metros de elástico que mi mamá necesitaba para mandarle a confeccionar unas pantaletas a mi hermana Cristina y, allí, justo, me encuentro con Franco Echeverría, compañero del curso quien, luego de vender los bollos que todas las mañanas en un platón de madera por las calles del pueblo pregonaba, sacando del dinero de las ganancias y ordenado por Emperatriz, su mamá, los tres pliegos de papel cometa (amarillo, azul y rojo), para armar su bandera, compraba.
-Voy a tu casa y te ayudo a hacerla después que le lleve este encargo  a mi mamá- le dije con festiva voz.
-¡Bueno!- exclamó él, en tono de telegrafista.
Y…Dicho que se hace. En un santiamén estaba donde Franco asistiéndole en la obligada tarea de cortar en franjas su bandera, pegarla con engrudo de yuca en un palo de escoba y, luego, sin fórmula de juicio, con toda la oficialidad del caso, amarrándola con una pita que sacamos de un saco de fique, como generales de la patria, en una de las ventanas  de su casa, la dejamos izada.
La infancia está llena de juegos, si no en ella se sufriría mucho, y con todo el tiempo del mundo a favor, Franco y yo, bajo la acogedora sombra de un frondoso palo de mamón que en su patio había, nos pusimos a jugar bola de uñita, privilegio de los niños que ayer lo fuimos y cuando a uno lo dejaban jugar con tierra.
La parvularia insignia, dos o tres veces, al suave  viento de julio, a lo mejor débil ondearía… Pero el peligro asechaba, andaba en cuatro patas y tenía largos y amenazantes cachos… La mala suerte no tiene resquicios y, de pronto, el grito de un vecino que partió la fresca mañana en dos y que original atravesó la calle, así se escuchó:
-“¡Franco! ¡Corre! ¡Ven a ve lo que pasó!”
Salimos apresurados y nos asomamos asustados pero ya era tarde, muy tarde, demasiado tarde… una vaca del viejo Sixto, de esas que por hambre y necesidad comía de todo, yendo en línea directa al flameante pendón, dando un salto no de vacuno sino de terrorífico felino, sacando en rollo su larga lengua, envolvió con ésta el patrio tricolor que se comió de un solo bocado.
A Franco le ardió el corazón; dos lágrimas fluyeron por sus ojos y olvidando mi presencia y el consuelo de su madre, por las horas que le faltaban al festivo día, en su cuarto se encerró en vida.
Como era de imaginárnoslo, al día siguiente, frente al profesor Néstor está el pelotón de estudiantes acusados que, uno por uno, con mayúsculas y minúsculas, de nuestro maestro reciben su pedagógico regaño, y llegado que él hubo donde Franco, con cara para nada terrenal, se lo queda mirando y le dice:
-¡Flojo, usted tampoco la hizo!
-Sí, sí la hice- contestó él sin levantar la cabeza.
-No la hizo. No sea mentiroso- recalcó el profesor.
-Sí, sí la hice- respondió Franco y agregó: Pregúntele a Walter, el me ayudó a hacerla. El es testigo. El la vio.
-Pero yo, no- repuso el profesor.
Y, siendo así, sin perder tiempo y más triste que un mendigo, Franco, entre sollozos, confesó:
-Fue que… fue que se la comió una vaca del señor Sixto.
¡Me cree tonto!- gritó el maestro frotándose las manos con ganas de darle un cocotazo y, con voz de inquisidor, éste le propuso al culpado: Le doy esta oportunidad. Debe escribirle  y recitarle una poesía a la bandera en el acto cívico del próximo siete de agosto… y que nadie le ayude… si no pierde el año.
Franco miró al profesor como diciéndole no hacer esas cosas y, al mismo tiempo, lastimeramente a mí pidiéndome urgente asistencia, inmediato auxilio y subsidio literario a cambio de uno o dos gajos de mamón.
Y, dieciocho días después, entre aplausos que no paraban, fungiendo de noble ingenio y guardando mi discreción, Franco, con voz potente de clarín, ese domingo siete de agosto, en la conmemoración del otro día de la patria, en plena plaza pública y cumpliendo con su tarea, le recitó emocionado a la bandera estos temerarios versos que yo, por deferencia con él, a nuestro tricolor  en tal ocasión así le escribiera:
Creyéndose en verde pradera,
                                      Una vaca callejera
                                       Llamada la “Borrachera”,
                                       ¡Por Dios! ¡Quién  lo creyera!
       Le comió a Franco su bandera…
Y, desde luego, Franco ganó el año…

Walter53pimienta@hotmail.com

Esta noticia ha recibido 2663 visitas y ha sido enviada 23 veces       Enviar esta noticia



<-Volver

Artículos de opinión y colaboraciones:
Animamos a los alhaurinos a expresar sus opiniones en este periódico digital. Alhaurin.com no se responsabiliza del contenido o datos de dichas colaboraciones. Todo escrito debe traer necesariamente, incluso si quien escribe es un colectivo: Nombre, apellidos y un teléfono de contacto del autor. Envíe su artículo o carta a: redaccion@alhaurin.com
Alhaurin.com Periódico Independiente - Alhaurín de la Torre - Málaga. Dep. Legal: MA-1.023-2000. Andalucía Comunidad Cultural S.L.
Servidor de Internet. Director: Alejandro Ortega Navarro. Fundador: Federico Ortega. 678 813 376

Webs que alojamos:

15970071
visitas desde nov. 1998