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Después del capítulo 3518

Cuentos y relatos globales. 17.07.11 

"Jean-Christophe Martin" j_chmartin@yahoo.es
1. Capítulo tres mil quinientos dieciocho de la serie televisiva que tenía en jaque a gran parte de la población no decepcionó. Resumiendo: Jack, ex marido de Paula, engañó a Pamela (ex amiga de la ex de Jack) con Judith que, a su vez, había tenido una doble relación por lo menos tumultuosa con Nick y Peter que, aunque felizmente casados, no habían rechazado los avances de Sabrina, hija única de Paul que veía en secreto a Sally, amiga íntima de Sabrina y ex de Flavio, el querido sobrino de Paul y el hermano mayor de Nick que trabajaba en el bar de Julio, hermano de Judith y de Jonathan, soltero secretamente enamorado de Esmeralda que suspiraba, a su vez, por Fanny, que planeaba el asesinato de Jack que siempre la había rechazado, y…


 A Dolores, tragada por el terciopelo amarillo de su sofá, se le había parado a medio camino el movimiento de vaivén entre la caja de palomitas y su boca que su mano repetía incansablemente una y otra vez. Le costaba creer lo que estaba pasando en la pantalla, allí, a unos dos metros y medio de sus ojos.
 Empezó como un estertor sordo, discontinuo, una columna de aire comprimida en su garganta, un cloqueo espantado, y se convirtió en la unión de una vocal posterior redondeada precedida por una nasal apical de sonido progresivo (de flojo a semi fuerte). De la boca de Dolores salió un NO inmenso, un No cargado de un inconmensurable asombro compuesto de estupor, de estupefacción, y también de aturdimiento, parecido a un globo de incredulidad que se va deshinchando según el aire se va descomprimiendo y deja paso a otros No, esta vez abarrotados de indignación, de disgusto, de exasperación y de furia. Sí, Dolores estaba furiosa: ¿cómo Fanny había podido llegar a plantearse un extremo tan salvaje?
 Por los poderes que nos hemos otorgado, entremos un momento en la conciencia de Dolores: Aunque Jack no haya tenido siempre una conducta intachable, creo que es un disparate eliminarlo, sin más. Hay que dejar la puerta abierta a nuevas oportunidades. Yo, a Fanny, no la entiendo. Hubiese sido tan fácil apartar la vista de Jack, ¿no la quiere? pues, a buscar a otro, ¡o es que Jack es el único! Jack le gusta…, vale…, vale…, sí, es verdad, es más que guapo, es inteligente, delicado, sutil, talentoso, agudo, penetrante, profundo, brillante, tiene una casa espectacular, con un hermoso jardín desde donde contemplar toda la ciudad, es elegante, hasta refinado, pero bebe demasiado, lleva pantalones demasiado ajustados, tampoco es que me guste mucho el tatuaje de su hombro derecho: Nacido para sufrir, conduce demasiado rápido su Jaguar descapotable. Bueno, la entiendo y no la entiendo. ¿Acaso Flavio no es tan guapo como Jack? Claro, no de la misma manera, pero este cuerpo de tenista, esos ojos, esa sonrisa… Fanny, ¿cómo puedes pretender actuar así? ¡No, Fanny, no, no me quitarás a mi Jack, esto no te lo consentiré, jamás!”.


2

 El impulso mecánico debido a un largo atavismo televisivo accionó el brazo izquierdo de Dolores y ayudó su mano a acercarse lo suficiente al teléfono como para cogerlo y teclear el número de Ángela, su principal confidente y su alter ego en materia de conceptualización culebronesca. El diálogo que siguió, sin dar lugar a una pieza de antología dialogística, permitiría sin duda a los apasionados de la fonética un interesante estudio. Transcribiremos aquí sólo el principio y el final (por limitarnos a lo más relevante de este encuentro telemático):
-Ángela…
-¡Dolo!
-Me cuesta…
-Sí…
-Y…
-¡La leche!
-Ay…
-¡Jack!
-Todavía no me lo…
-Tampoco yo
-¿No crees…?
-No, no… o quizá sí. ¿Qué opinas?
-¡Que sí!
(…)
-¿Entonces estás preparada?
-¡Preparada!
-¡Por aquello que dijiste!
-¿Aquello?
-¡Dolo!
-¡Sí, Ángela!
-¡Pues, aquello!
-¡Ah… vale… sí… aquello!
-¿Entonces?
-Ya te contaré.
-¡Seguro!
-Seguro.
-Espero tu llamada.
-Vale.
-Un beso.
-Muac.

3

 Los estudios Cóndor ocupaban unas trescientas hectáreas, en el Oeste de la ciudad, delimitados por la blancura reluciente de un muro cuya pulcritud se veía salpicada por unos cuantos grafitis que trataban indiscriminadamente de la revolución cubana, de fútbol, de cannabis, de paz, de sexo, de petróleo, de agricultura, de física nuclear, de milagros, y que lindaban con mensajes muy dispares: Kike loves Nuri; Haga vida sana, fume marihuana;  Viva el Che; ¿Quedamos el jueves a las 12?; Las putas al poder que sus hijos ya lo están; La calle es mi casa y el grafiti mi arte; Rebélate o revienta; No al aborto. Coja por el orto; El Rogelio la tiene muy pequeña;  A la mierda; LHOOQ arte callejero; Reformas de todo tipo. Precios populares; No me dejes tan feliz. Vuelve; La vida es una barca (Calderón de la Mierda); Todos prometen, nadie cumple. Vote a nadie; Muere el arte sólo Cóndormir…

 Cuando el taxi de Dolores paró delante de la imponente puerta de los estudios Cóndor, el calor de las diez y media se había hecho ya insoportable, sin embargo se apreciaba el bullicio de lo que era como una ciudad en hora punta. Pagó al taxista, abrió su bolso para averiguar que no había olvidado su desodorante, y se adentró en la sombra que el símbolo de la compañía, de tamaño descomunal y con las alas desplegadas, proyectaba sobre la entrada. Avanzó hacia uno de los guardias en uniforme y expuso lo siguiente: He venido para hablar con Jack, creo que alguien le tiene que avisar del peligro que se está acercando; también quiero ver a Fanny, para intentar hacerla entrar en razón. Me llamo Dolores Testevide, lo siento, mi nombre le resultará complicado pero mi padre, que en paz descanse, era francés y como soy soltera, y entera, pues mi apellido es el suyo, en cuanto a mi madre, es española, vive en Bullas, ¿lo conoce, sargento?, es un lindo pueblo al lado de Murcia, ¿sabe?, por lo de las naranjas, en su juventud mi madre fue vedette y magnifica cantante en las más exitosas zarzuelas de la región, ¿le gusta la música, oficial?

4.1

 El oficial en cuestión, Iván Cabeznof Cuadradovnitch, nacido en Mo, a pocos kilómetros de Lotof, en Siberia, y huérfano a los cuatro años, decidió a los dieciocho surcar los mares en busca de un poco de calor, de aventura, y dejar la compañía de unas cabras famélicas que no sólo constituían su fuente más cercana de comunicación con la vida, sino también su más que probable horizonte de futuro. Le hubiese sido más cómodo elegir el sur de Europa pero el ballenero en el cual se alistó como cocinero no tenía marcado en su ruta ninguna ciudad de Italia o España. Cuando llegó a Caracas, un siete de Julio a las doce cuarenta y ocho, hacía un frío poco habitual. Pensó que el barco había dado marcha atrás sin que se hubiera dado cuenta y que volvía a su punto de partida. Pero la arena fina de la playa que se podía ver desde el embarcadero le convenció que no se había equivocado, lo que no le impidió concluir que el mundo estaba yendo a revés, porque ¿cómo era posible salir en invierno y seis meses más tarde llegar a la otra punta del planeta, también en invierno?

 Consiguió su primer empleo como cocinero, pero no le fue muy bien dado que sólo sabía hervir patatas y vaciar pescado. En los años siguientes, probó suerte en una multitud de oficios, pero la suerte no le acompañó y al cabo de varios años, lo único que le ofrecieron fue un puesto de vigilante nocturno en un parking.

 Las noches eran largas, muy largas. Sin embargo, una de ellas, al llegar a su puesto de trabajo, vio como parpadeaba el panel luminoso de una nueva tienda. Intrigado, se acercó y se quedó contemplando la exuberante oferta de películas que el video club, abierto 24h/24h, ofrecía a pocos metros del parking. Le pareció una perfecta medicina contra un aburrimiento que le estaba pesando cada día más. Resolvió comprarse una pequeña televisión, un lector de videos e instalar el conjunto al lado de la caja registradora. Sus noches se empezaron a llenar de aventuras en tecnicolor. En diez años no cogió ni un día de baja, nunca llegó tarde y puede que alargara de algún que otro cuarto de hora su servicio, el tiempo necesario para acabar la película en curso.

 Este agradable pasatiempo dejó lugar a una verdadera pasión.

 No quería limitarse en agotar la oferta del video club cercano. Empezó a apuntar nombres, a redactar fichas sobre los actores, los directores, reseñó cada película y ordenó en un más que consecuente archivo las treinta y cinco películas que veía cada semana. También se apuntó a las sesiones de tarde de la filmoteca de la ciudad, lo que le permitió completar sus conocimientos sobre los primeros pasos del cine (mudo incluido). En diez años visualizó más de once mil películas, acumuló unas setenta mil fichas y varios listados ordenados por países, épocas, género. Se compró un diccionario, una gramática y se puso a redactar pequeños comentarios sobre las películas que seguía visionando con una frenética gula. Cuando opinó que su dominio del idioma era suficiente, se atrevió a escribir artículos más ambiciosos y decidió mandarlos a revistas especializadas y a los mismos estudios Cóndor.

4.2

 Las reacciones superaron con creces todas sus expectativas. Recibió ofertas de colaboración, participó en programas de radio, de televisión y en dos años se convirtió en el crítico imprescindible del panorama cinematográfico en lengua española. Abandonó su puesto de vigilante, se alquiló un espacioso apartamento, orientado al sur, en un barrio agradable, se compró coche, moto, reloj de oro, trajes firmados por jóvenes promesas de la moda. Se presentaba a galas de todo tipo, luciendo a su brazo compañías femeninas deslumbrantes. Apareció en las revistas del corazón que se interesaban por sus entramados amorosos, su dieta, sus zapatos, su peluquero, su filósofo preferido, etc.

 La frecuencia de sus artículos dejó paso a la frecuencia de sus apariciones en revistas y en televisión, lo que le proporcionaba ingresos notablemente superiores. También aceptó la propuesta de un director de cine para interpretar su propio papel de crítico temido y envidiado en un largometraje tragicómico apto para todos los públicos. Al final de la película, un actor, enfurecido por sus continuas burlas acerca de sus escasos dotes para esta profesión, le empujaba durante un coctel desde la terraza del quinto piso del director (que también interpretaba su propio papel). Cuando se presentaba la policía, nadie negaba que la más que probable causa del accidente del crítico se debiera a los excesos de alcohol que, últimamente, le turbaban la mente.

 Para rodar esta escena, se había construido una terraza a unos metros de altura y se había dispuesto varios colchones para amortiguar la caída del crítico. Pero por mala suerte, mala puntería o mala leche (¡de váyase a saber quién!), Iván Cabeznof Cuadradovnitch cayó a unos pocos centímetros del colchón, rompiéndose una pierna (lo que le haría cojear el resto de sus días) y golpeándose la cabeza contra el pié de un trípode de luz, lo que le provocó un derrame cerebral y le inhabilitó ad vitam aeternam para otra cosa que no fuera impedir la entrada de los estudios Cóndor a toda persona desprovista de pase.

 En pocos meses se quedó en la ruina, ayudado por unos amigos que se encargaron de ocuparse de su coche, de su moto y de todo lo que, desde ahora, le sería inútil e imposible disfrutar. Se mudó a una pequeña habitación ofrecida, como su trabajo, por gentileza de los estudios Cóndor. Y aquí vivía y pasaba sus días, a la sombra de las alas desplegadas del símbolo de la compañía y de la suya, donde su memoria se perdía.

5

 Iván Cabeznof Cuadradovnitch miró a la curiosa señora, maquillada en exceso, vestida de un conjunto lila y verde manzana, cubierta de un tocado adornado de pájaros, de frutas y de flores, reajustó su uniforme y repasó lo que venía de oír:  Jack…, peligro…, Fanny…, padre…, francés…, entera…, madre…, sargento…, naranjas…, zarzuelas…, oficial… Sus ojos dejaron de contemplar a esta sorprendente aparición por concentrarse en el sombrero multicolor y la serie de palabras que parecían haberse escapado del jardín de las delicias para atormentarle y dificultar la relación entre sonido y sentido. A lo lejos, como pasada por el tamiz de varias barreras acústicas, una frase, ¿Qué me dice, oficial?, se insinuaba en su cabeza y se mezclaba al amasijo de sílabas que se entrechocaban y se unían en un continuo e improbable zumbido: cialpezarzuecésennyquemediceoficial-gendretenamasartodreolasrafilipajasfrannjacfagroran. Dolores le tuvo que repetir al menos cinco veces su pregunta antes de conseguir un semblante de respuesta:
 -Megustanmuchonaranjas.
 -¡Hombre, y a mí!
 -Madresargentonaranjasenteras.
 -¿Qué dice, comandante?
 -Dolores…
 -Sí, este en mi nombre.
 -Testevide…
 -Pues sí, así es, viene de mi padre, sabe, era francés el pobre, que en paz descanse, ¡qué le voy a hacer!
 -Peligro…
 -Exactamente, a eso he venido, hay un peligro inminente, se trata de…
 -Peligrojack…
 -¡Que sí, capitán, se lo acabo de decir!
 -Bonitosombreropájarosfloresfrutas.
 -¡Qué dice!
 - Bonitosombreropájarosfloresfrutas.
 -¡Ay, gracias, muchas gracias!
 -Bonitojack.
 -¡De bonito, nada!, se lo digo yo, ¡es más tramposo!, pero también muy guapo.
 -Fanny.
 -También. Bueno, ¿qué hacemos, teniente?
 -Peligrodolores.
 -Esto, ya lo veremos. ¿Puedo entrar, oficial?
 -Identificaciónporfavor.
 -¡Identificación! ¡Identificación! ¿Le vale mi tarjeta sanitaria?
 -Foto.
 -Sí, mire, aquí la tiene.
 -Yoiván.
 -Ah, muy bien, señor capitán Iván, ¿me acompañará?
 
 Y así se adentró en los estudios Cóndor una extraña pareja al ritmo bamboleante de la cojera de Iván Cabeznof Cuadradovnitch y del bonitosombreropájarosfloresfrutas de Dolores Testevide. Contra todo pronóstico, Iván condujo Dolores a los estudios M5 donde se estaban ultimando los detalles del capítulo tres mil quinientos diecinueve de la serie Mi corazón se llama Amor que se tenía que emitir la misma tarde.


6
 En el respaldo de tres sillas estaban inscritos tres nombres: Mohammed Más i Morra, Jacob Goldstein y Anne-Marie Dieudonné. Con un dedo sobre los labios, Iván invitó Dolores a callarse. ¡Silenciochuthablarno!, le susurró al oído. Pero era una precaución inútil. Dolores se había quedado muda: Jack acababa de bajar de su camerino y se estaba sentando en la silla de Mohammed Más i Morra, seguido por Fanny y Flavio que también ocuparon las dos sillas restantes.

 Ya que nos hemos otorgado una vez el derecho a penetrar en la mente de Dolores, repitamos el prodigio: ¡Qué pena! ¡Y yo que creía que las cosas le iba tan bien! ¡Qué vergüenza, ni pueden ponerles sillas con sus nombres! Nos gustaría seguir con el monólogo de Dolores, pero el director acababa de gritar en su portavoz: Mohammed, Jacob, Anne-Marie, a sus puestos, rápido por favor, rodamos en seguida, ¿listos?, Diego, esa luz, más abajo y más floja, Ronaldo, el viento no tan fuerte, Raúl, ¿cuántas veces te tengo que decir de esperar antes de poner en marcha la lluvia?, ¿estáis todos listos? Fue cuando, rompiendo el silencio, se oyó la voz temblorosa y desesperada de Dolores salir de los decorados amontonados por un lado del plató: Se están equivocando, no se llaman en absoluto Mohammed ni Jacob ni Anne-Marie, ¡si los conoceré yo!, ¡Jack, por favor, ten cuidado, Fanny te quiere matar! Mientras Dolores iba repitiendo a Jack que tuviera mucho cuidado con Fanny, se acercaron dos vigilantes y le pidieron amablemente salir del estudio. Mohammed dijo al director que no se podía tratar de esta manera a una admiradora suya. Pidió cinco minutos de pausa y se dirigió hacia Dolores que no paraba de repetir, una y otra vez, que Jack tuviera mucho cuidado con Fanny. En cuanto a Iván, aparentemente turbado por la descarada osadía de su acompañante, parecía no poder articular otra palabra que: ¡Silenciochuthablarno! ¡Silenciochuthablarno! ¡Silenciochuthablarno!

 Jack cogió las manos de Dolores y le pidió que se tranquilizara. Le iba sonriendo con suavidad. La invitó a sentarse y a tomar un vaso de agua. Pero Dolores se empeñaba: Jack, te lo digo, ten cuidado, mucho cuidado, Fanny es mala, muy mala, te odia y te quiere matar, he venido para salvarte. Por su lado, el director seguía avisando a Diego, Ronaldo y Raúl sobre la luz, el viento y la lluvia. Fanny se acercó a Dolores que se puso a insultarla, a decirle que no podía cometer un acto tan infame y que si Jack la había rechazado, aquí no se iba a parar el mundo, que era lo suficiente guapa e inteligente, que los pretendientes no le iban a faltar, y que, por favor, se lo pensará mejor y recapacitará. Anne-Marie miró a Iván y quiso saber cómo era posible que hubiera dejado pasar a esta señora tan alterada. YoivánDoloresTestevidebonitosombreropájarosfloresfrutas, le respondió. ¡Sí, Iván, sí, pero lo sabes, la foto, Iván, el pase, la foto y el pase, Iván! Cuando se juntó Jacob, Dolores tenía la cabeza bajada y murmuraba santiguándose: ¡No lo puede hacer, no lo puede hacer, por favor, que no lo haga! Levantó la mirada hacia Fanny y como un moribundo expresando sus últimas voluntades, le suplicó: ¡Fanny, Fanny, no lo hagas, no, no lo hagas, Flavio te espera, Flavio, Flavio…!

 El director empezaba a mostrar señales de impaciencia. Mohammed pidió unos minutos más para convencer a la pobre y desconsolada señora del afrutado sombrero de su verdadera identidad: Señora, por favor, ¿no ve que es sólo cine, no ve que estamos rodando una película? Mire, mi nombre es Mohammed Más i Morra, mi padre nació en Sudán y mi madre en Castilla y la Mancha, Jack es sólo mi nombre en la serie, nada más, ¿lo entiende, verdad? Si le apetece, le firmo un autógrafo. No se preocupe, nadie me va a matar de verdad. En cuanto a Fanny, nuestra pequeña y muy querida Anne-Marie, sólo me va ayudar a desaparecer de esta serie para que pueda reaparecer en otra, con otro nombre, creo que me llamaré Johnny. Pero a pesar de su paciencia para explicarle la diferencia entre realidad y ficción, Dolores le contestó, llorando: No, Jack, no es posible, dime que no te dejarás matar, dímelo, por favor, te lo suplico, no te me mueras. Se levantó como un alma en pena, atrapó el brazo de Iván encerrado en el mismo ¡Silenciochuthablarno!, y se dirigió hacia la salida repitiendo en medio de profundos sollozos: ¡No te me mueras, Jack! ¡Que no se me muera! ¡Que no se me muera!

7
 Tragada por el terciopelo fucsia de su sofá, Dolores esperaba ansiosa la hora del capítulo tres mil quinientos dieciocho de Mi corazón se llama amor. Mientras tanto, sus dedos jugueteaban nerviosamente con la asperidad salada de unas palomitas y su mirada se perdía en las profundidades de su pantalla que le aconsejaba sobre la felicidad y la manera de conseguirla: cambiando su antiguo dentífrico por uno nuevo, más sano, más blanqueador, más refrescante que nunca; acudiendo a un centro de bronceado que le proporcionaría una radical subida del nivel de su auto-estima; bebiendo un zumo enriquecido con vitaminas alfa, beta, gama y omega que le ayudaría a enfrentarse a la existencia de manera más positiva; tomando un yogurt con el Obnubilis Revolucionaris XY++ que la renovaría por dentro y por fuera; perfumándose con Noches Salvajes que la haría salir del anonimato; eligiendo el colchón H2Oplus que, con su agua bendita, la llevaría al séptimo cielo; adoptando el salva-slip Meax Ultra que le permitiría volar de alegría a lo largo del día; comiendo sesos rebozados envasados al vacío que potenciarían su memoria; comprando la edición completa en ciento doce discos de las incomparables voces de los monjes del monasterio de las Llanuras del Cielo que, con su monofonía mística, le conduciría a regiones desconocidas de su ser etéreo (con visualizador de aura gratis). De repente, la pantalla se llenó de la blancura inmaculada de la bata del doctor Augusto Cesarave, una voz en off le preguntaba:
-¿Y díganos, doctor, por qué es más que recomendable tomar tres veces al día los sobres Kilosfuera?
-Querida Anita Petrovna, los sobres Kilosfuera son muy recomendables por su alta concentración en minerales Epatitice y en hongos Xzvusiohdóeilóiuío, que nos vienen del cultivo de la Prepucianodis que encontramos en el cordón umbilical de los recién nacidos de padres con sueldos por debajo del umbral de la pobreza, umbral determinado por el comité socio-científico de la O.S.T.R.A.S.  al finalizar su octogésimo séptimo simposio anual, el cuatro de julio de 2008. Los sobres Kilosfuera ayudan a regular el tránsito intestinal y a reducir el colesterol. Haciendo el gesto diario de Kilosfuera, no solamente está decidiendo sobre la salud de su cuerpo y de su mente, sino que además contribuye a la conservación del planeta, porque del precio de cada caja de los sobres Kilosfuera, se destina el 2,7659% a la ONG del banco suizo Atomporcul. No lo olvide, los sobres Kilosfuera y el planeta avanzan unidos para una vida mejor. No duden en preguntar a su farmacéutico por los sobres Kilosfuera.
-Muchas gracias doctor Augusto Cesarave por sus consejos tan avisados. ¿Y algún teléfono de contacto para que podamos cambiar el rumbo de nuestra vida y del planeta?
-Sí, Anita Petrovna, tome nota: 93 581 11 58, con el 00 34 delante si llama desde fuera. Y si también le interesa participar de manera más activa en las acciones de la ONG del banco suizo Atomporcul, se pueden hacer donativos directamente al número de cuenta siguiente: 6996 0101 99 19…

 En medio de los dígitos indicados por el doctor Augusto Cesarave, que Dolores estaba apuntando en la tapa de la última entrega de la revista Mens sana, sonó el teléfono. La lucha entre el auricular y el bolígrafo fue muy breve: ganó el primero y se cayó el segundo acompañado en su derrota por la revista. Dolores descolgó:

-Soy yo, Ángela.
-¿Qué tal cariño?
-¿Entonces qué?
-¿Qué?
-Sí, qué.
-¿Qué de qué?
-¡De qué va ser!
-¡Sí, de qué, dime!
-¡De esto!
-Me temo lo peor.
 -¡No!
 -Por desgracia, sí.
 -Entonces…
 -Lo he intentado, de verdad, lo he intentado.
 -Pero ¿cómo?
 -¡Pues entrando, cómo va ser!
 -¿Entraste?
 -Claro.
 -¿Y le viste?
 -Claro.
 -¿Y también a ella?
 -Claro.
 -¿Cómo pudiste?
 -¿El qué?
 -Entrar.
 -Diciendo que tenía que hacerlo.
 -¿Y nada más?
 -¿He olvidado algo?
 -Quiero decir, ¿así de fácil se puede entrar en los estudios Cóndor?
 -¿Y te parece que no era una urgencia?
 -Por supuesto que sí. Pero aún así, no sé, los controles, los guardias.
 -Fue uno.
 -¿Un qué?
 -¡Pues, un guardia! ¿No me acabas de hablar de los guardias?
 -Sí, sí, perdón, sigue.
 -Fue uno, se llama Iván, ¿sabes cómo me llama?
 -¿Conoce tu nombre?
 -Ángela, ¿me interrumpes o me escuchas?
 -¡Ay, Dolo, no te pongas así!
 -Bueno… Me llama Bonitosombreropájarosfloresfrutas.
 -¿Cómo dices?
 - Bonitosombreropájarosfloresfrutas. ¡A que es un encanto!
 -¿Bonito qué?
 -Sombreropájarosfloresfrutas.
 -¿Y esto qué es?
 -Mi nombre.
 -¡Nunca me dijiste que te llamabas así! ¡Lo que hay que oír!
 -No seas boba, Ángela, me llamó Bonitosombreropájarosflores-frutas porque le gustó mi sombrero, ¿sabes?, el de los pájaros, de las flores y de las frutas, ¡no me digas que no es bonito!, y le gustó, le gustó tanto que me llamó así, tal como te lo acabo de decir, Bonitosombrero-pájarosfloresfrutas.
 -¡Pero, Dolo!
 -Quizá le pida que me diga sólo Boni, que también me gusta.
 -¿Y es guapo?
 -No está mal, tiene una pequeña coquetería en la pierna izquierda, pero si no, no está nada mal, ¡no señor, nada mal!
 -¿Una qué?
 -Nada, un detalle, te lo explicaré.
 -¿Y dices que es guardia?
 -¡Con uniforme, Ángela, con uniforme!
 -¿Y qué harás?
 -…
 -¡Dolo!
 -Sí, Ángela.
 -Ten cuidado, mucho cuidado, mucho.
 -¿De qué?
 -Ya sabes.
 -Pues no, no, no sé.
 -Tan guapa como lo eres…, ya sabes.

 Aunque sería grato retomar el camino hacia la asombrosa capacidad, que linda con lo milagroso, de entrar en la mente de un personaje, como si nos fuéramos de tiendas, cabe señalar que los personajes tienen a veces vida propia. En este caso, Dolores, a punto de cortar su diálogo con Ángela, nos invita a reducir nuestras pretensiones chismosas. En otros términos:  ¡Silenciochuthablarno!

 -¡Calla, que ya empieza! Un beso.
 -Muac.
 
8
 Informe del inspector Etadivrés, después del interrogatorio practicado a la señorita Fanny Duracwir el día 4 de diciembre de 2009, de las 14h30 a las 22h45. Según nos declaró: enfurecida por el rechazo de Jack Sentotonick, en razón de su frialdad y de sus comentarios degradantes (le habría dicho a su hermano Flavio que era una “ninfómana perversa e indomable”), llamó a Paula Quethal (ex compañera sentimental del señor Sentotonick) para proponerle urdir una venganza común. La Sra Quethal le comentó que por motivo de su próxima operación del pecho (que la haría pasar de un 85 a un 110 hollywoodiano), el cirujano le había tajantemente prohibido cualquier tipo de contrariedad y añadió: Como bien entenderás, Fanny, Jack es un tema de contrariedad, siempre lo ha sido y me gustaría que no lo siguiera siendo. La Sra Quethal le dio sin embargo la dirección del bar de Julio Risturnalaqués, donde Pamela Suhdha (ex amante de Jack y ex amiga de la ex de Jack) quizá la pueda ayudar.
 La noche del drama, Fanny Duracwir se presentó en el bar de Julio Risturnalaqués, Fenomeno Logías’dreamland, a las 21h04 aproximadamente. Ahí halló a Jonathan Par y Esmeralda  Tuzz metidos en una pelea que llenaba de gritos el local del Sr Risturnalaqués. Aunque no se lo pidiéramos, la señorita Duracwir insistió por reproducir elementos del diálogo que recordaba:
Jonathan: Creo que podríamos adoptar un tono más cordial y hacer entrar un poco de mayéutica en nuestra relación.
Esmeralda: Jonathan, nuestras discrepancias son el resultado de opciones irreconciliables sobre unos conceptos fundamentales respecto a la cuestión de las inclinaciones personales.
Jonathan: Esmeralda, no tomes la dialéctica por una simple rama de las ciencias humanas, sólo te pido que consideres que la regulación por la razón de algún objeto no es ningún epifenómeno aislado.
Esmeralda: No te puedo seguir en este particular, porque resultaría descarrío, tomando como referente el ámbito socrático, plantearse el problema de los valores individuales al margen de la polis.
Jonathan: Preferiría no entrar en una valoración sociopolítica de tu experiencia de la otredad, sobre todo por…

 Cuando la señorita Esmeralda Tuzz vio a la señorita Duracwir entrar en el bar Fenomeno Logías’dreamland de Julio Risturnalaqués, cortó su conversación con Jonathan: ¡Déjame en paz, picha floja!, que, a su vez, le replicó: ¡Y tú, ándate a cagar! La señorita Tuzz  se alejó en un levantar de hombros que acompaño de un más que sugestivo ¡Pfff! y, los brazos abiertos, se acercó a Fanny Duracwir. Le dijo que esperaba desde hacía mucho tiempo este momento, pero que nunca es tarde para que dos corazones, que dos almas gemelas se unan. La señorita Duracwir le replicó: ¡Déjate de chorradas, busco a Pamela! Pero Pamela Suhdha no estaba. Así que resolvió actuar sola.
 Reproduciremos aquí una trascripción de la grabación de la declaración de la señorita Fanny Duracwir:
 Lo demás es bien sencillo. Entré por una ventana abierta, fui hasta el dormitorio de Jack. De repente, pensé que era incapaz de hacerle daño. Dormía como un angelito. Tenía ganas de abrazarle, de decirle que olvidáramos el pasado, las malas experiencias, las incomprensiones, las palabras que dicen lo que no queremos decir y que sobrepasan a veces el flujo de consciencia que, por desgracia, turba hasta nuestra voluntad, lo que no es más que una manera de aturdir el principio de razón suficiente que, si no fuese por esto, objetivaría con cierta plenitud esta misma voluntad. Pero Jack se puso a roncar de un modo tan carente de estilo que no me dejo otra salida que proseguir con la intención que motivaba mi presencia hic et nunc. Sí, fue así. Saqué el cuchillo de su preciosa funda en piel de lagarto (regalo de mi primer amor, Severino, devoto seguidor de Paul Hogan en Cocodrile Dundee I, II y III, pero esto es otra historia) y se lo clavé directamente en el corazón. Sí, fue así. Jack se despertó, ¡no era para menos!, me miró, me preguntó ¿por qué?, se levantó, se fue al cuarto de baño, dijo que quería ser un cadáver decente y limpio, intentó tomarse una ducha, pero la herida sangraba demasiado y por mucho que se enjabonara, la sangre le manchaba todo el cuerpo, decidió limitarse a un champú y a lavarse los dientes, después se puso un pijama limpio, rojo, para que no se notara tanto la sangre, volvió a mirarme, a preguntarme ¿por qué? y, en un último suspiro, dijo: ¡Ay, me muero!
  Lo que viene a continuación, lo conoce tanto como yo.
 No tengo nada más que declarar.

9
 Dolores y Ángela, tragadas por el terciopelo azul turquesa del sofá, bebían a sorbitos un refinado té de bergamota al limón mientras ideaban una estrategia para vengarse de Fanny y, de paso, de los estudios Cóndor que habían permitido un crimen tan horrible.
 El asunto se presentaba como el tres en uno de la trinidad o, para que se entienda mejor, de un espray antioxidante y desatascador de tuercas y de cualquier modelo de tornillos (también de bisagras): primero, la idea; segundo, la estrategia y tercero, la manera de llevar los puntos anteriores a la práctica.
 En una página curiosamente en blanco de la revista Mens sana, Dolores y Ángela apuntaron el plan de ataque de su estratagema:
1) Idea: vengarse de Fanny.
2) Estrategia: secuestrar a Fanny.
3) Manera: ¿?
 La solución surgió como cuando, en un supermercado, buscamos una determinada marca de detergente y acabamos comprando un pastel de fresas y nata (los franceses lo llaman un fraisier, ¡creedme, lo tenéis que probar!), una sartén, un abrelatas, unas velas musicales, una botella de vino, un juego de toallas, un ambientador para el coche, una cortina de ducha, un libro de cocina, un disco de música para la meditación, y nos damos cuenta, al regresar a casa, de que nos olvidamos del detergente y que no podemos hacer la colada. Surgió, pues, la solución: Iván.
 No fue difícil convencer a Iván de que Fanny era Muymalafanny. De hecho, cuando Dolores Testevide se presentó delante de Iván Cabeznof Cuadradovnitch a la  puerta de los estudios Cóndor, su mirada brilló tanto que Dolores tuvo la impresión que en seguida se iba a poner morena. El intercambio fue tan conciso como eficiente:
Iván: YoivánDoloresTestevidebonitosombreropájarosfloresfrutas.
Dolores: Muymalafanny.
Iván: Bonitobonitobonito.
Dolores: ¿Cuandoacabartrabajo?
Iván: Sesentacuatromilochocientossegundosdespuésdelasdocedelanoche.
 Dolores sacó su calculadora (que siempre tenía en su bolso haciendo compañía a su desodorante) y llegó a la conclusión que faltaban dos minutos para las seis, lo que era la hora indicada por Iván.
 Unas vez en casa de Dolores y hechas ya las presentaciones (¡Encantador!, le aseguró Ángela a Dolores, con un doble movimiento de la barbilla hacia abajo y un cerrar lento y entendido de los párpados), ingeniaron el camino de su venganza. Todo dependía de un estrecho timming (según Ángela, jefa de cocción en un restaurante muy afamado): primero tocar el timbre, enseguida entrarla en el coche y, finalmente, volver a casa. Así se decidió y así se llevó a cabo.
 A las siete en punto, los tres estaban delante del camerino de Fanny Duracwir y la obligaban a subir al coche de Ángela. A las siete y treinta, Muymalafanny estaba en casa de Dolores y redactaba, bajo las miradas implacables de Ángela y de Iván, su confesión:
 
 Yo, Fanny, he sido mala, muy mala. Lo confieso, he matado a Jack. Lo he matado por amor. Hoy mismo me entrego.
      Fanny Duracwir

 Dolores, Ángela e Iván ataron a Fanny a una silla, le sellaron la boca con celo y se presentaron en la comisaría central con la hoja firmada por Fanny. Les recibieron los inspectores Ofalacoc y Yapalfeolac. Les escucharon con sumo interés desgranar cada tramo de la historia que les condujo a personarse delante de ellos. Pensaron, en un primer momento, que se trataba de un programa de televisión con cámara oculta, pero cuando recibieron la llamada del capitán Tetaclak confirmándoles que la Sra Anne-Marie Dieudonné, alias Fanny Duracwir en la serie televisiva Mi corazón se llama amor, se hallaba en el domicilio de Dolores Testevide, atada a una silla, comprendieron que la cosa iba en serio y que por muchos Yoivándolorestestevidebonitosombreropájarosfloresfrutas que repetía el Sr Cabeznof Cuadradovnitch, les sería muy complicado dormir esta noche en un lugar que no sea la cárcel.

10
 En el manicomio delicadamente llamado Albergue Esperanzas, en el ala oeste del bloque 12, en el segundo piso, vestidos con un elegante e inmaculado conjunto blanco (adornado del distintivo del lugar, un gorrión con las alas desplegadas), se  encontraban Dolores, Ángela e Iván con la boca abierta.

 A Dolores, Ángela e Iván, tragados por el terciopelo plomizo del sofá, se les había parado a medio camino el movimiento de vaivén entre la caja de palomitas y su boca que su mano repetía incansablemente una y otra vez. Les costaba creer lo que estaba pasando en la pantalla, allí, a unos dos metros y medio de sus ojos, en el capítulo cuatro mil seiscientos diecinueve de la serie televisiva que tenía en jaque a la casi totalidad de los pensionarios del Albergue Esperanzas.

 Resumiendo: Jack, acuchillado por Fanny, se estaba desangrando en el living de su finca rodeada de un jardín con inmejorables vistas sobre la ciudad. Después de pronunciar lo que iba a ser su última frase, ¡Ay, me muero!, en un gesto desesperado, Jack logró descolgar su teléfono para llamar a Paula que en seguida llamó a Judith, que llamó a Nick y a Peter, mientras Paula llamaba a Pamela y Peter a Sabrina, que llamó a Paul, que no tardó en llamar a Sally, que llamó a Flavio que llamó inmediatamente a Nick, pero como Nick estaba hablando con Judith a la que acababa de llamar Esmeralda, Flavio marcó el número de… No, no llamó a nadie: a) porque no quedaba nadie a quien llamar y b), porque Fanny estaba en la calle y no tenía su móvil.

 Gracias a la diligencia de sus amigos, Jack pudo ser atendido en el hospital Paz y Reconciliación a tiempo. Se recuperó. Durante los meses que permaneció en la habitación 538, recibía cada mañana una rosa (de un color distinto según el día de la semana) con el mismo mensaje: Jack, amor eterno.
 La carta que Jack mandó al juez Aturdebra, encargado del caso, decidió de la puesta en libertad de Fanny Duracwir. En esta carta, Jack explicaba que si una mujer había sido capaz de llegar a un extremo tan definitivo como lo es matar por amor, era porque su amor era verdadero y de lo más profundo, añadía que le perdonaba y que le gustaría pedirle a Fanny que también le perdone a él.
  Cuando el profesor Savacomsa le dio el alta, Jack dudó entre ir a la playa para contemplar la puesta de sol, ir al bar Fenomeno Logías’dreamland para tomarse unos cuantos Cointreau con piña, ir a la iglesia para dar las gracias a Dios, ir al restaurante para comer una entrecôte maître d’hôtel (y olvidarse de la pésima dieta del hospital), ir a la peluquería, ir al cine, ir a… Pero lo que más le apetecía era dar un paseo por la calle, sentir el aire llenarle los pulmones, respirar la vida y dirigirse hacia el bar Fenomeno Logías’dreamland para tomarse unos cuantos Cointreau con piña.
 En la entrada del hospital Paz y Reconciliación, Fanny le esperaba.
 Ultimo plano: el beso apasionado de Jack y Fanny.
 Fin.

 Unas lágrimas de emoción se deslizaban por las mejillas de Doloresivánángela al ritmo de la aparición de los créditos del último capítulo de la serie televisiva Mi corazón se llama amor. Los tresenuno se habían quedado mudos. Al cabo de unos minutos, el susurro de la voz de Dolores embelleció el silencio : ¡Elamoresmirarjuntosenlamismadirección!

 En la planta baja, anunciado en la entrada del comedor principal del Albergue Esperanzas, el menú de la cena dejaba entrever las delicias de unas perdices.

"Jean-Christophe Martin" j_chmartin@yahoo.es
 

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