logo

Tu diario. Libertad de expresion

Buscador de alhaurin.com Telf. de interés Normas de alhaurin.com Hemeroteca Todas las carpetas de alhaurin.com

Pesadilla de un sádico sexual

Lydia Tapiero Eljarrat. 06.03.11 

Arriba en las montañas, se alzaba poderoso el monasterio bajo los ojos de Ernesto. Un lugar retraído del resto del pueblo. Durante semanas se había escondido en la oscuridad de la noche, para vigilar los movimientos de su Ninfa. Una joven hermosa que se ocultaba tras los hábitos. Unos hábitos que no le impedían ver sus curvas, sus pechos rectos, sus órganos sexuales tímidos, vetados, su piel virgen al tacto de un hombre. Noche tras noche los impulsos de Ernesto se hicieron más incontrolables. Hasta que una noche de luna llena ardió en su pecho un deseo irefrenado. Cuando vio a su Ninfa aparecer por la puerta, sus instintos se confundieron con los de un lobo en celo. Sentía como cada movimiento de sus caderas desprendía un frescor a inocencia que le llegaba a él como una llamada a la lujuria.

 Ernesto la acechó en silencio por atrás. Estuvo a punto de rozarla cuando ella soltó las bolsas de basura. Consiguió alejarse unos metros, pero la persecución terminó al instante cuando la inmovilizó rodeándola con un brazo, y la tapó la boca con el otro.
La arrastró tras una matas, mientras hervía de excitación en la lucha por mantenerla pegada a él. Llegó a su refugio y la tiró al suelo abalanzándose sobre ella. Arrancó los botones del hábito dejando al descubierto el temblor de su piel blanca. Rasgó sus bragas, separó sus piernas violentamente, desgarrando sus carnes apretadas al penetrarla. Sintió como la sangre de la virginidad alimentaba su pene. El dolor en la cara de la muchacha era una inyección de adrenalina y aguantó la eyaculación prolongando su placer.
 Los músculos de su prisionera se relajaron de pronto. Yacía sin sentido. Ernesto tenía que despertarla para sentir de nuevo su agonía. La abofeteó descargando su furia y alimentando de nuevo su excitación. Ella abrió los ojos abrasándole con una mirada felina. Sus pezones se endurecieron y el cuerpo se volvió a contraer con más fuerza que nunca, dirigiendo sus movimientos gatunos. Ernesto se sintió prisionero de un deseo que no era el suyo. Trató de escapar pero los brazos le rodearon la espalda incrustándole las uñas. Su voluntad se volvió frágil, mientras unos gemidos le martirizaban los oídos y respondía a ellos sin poder evitarlo, traicionándose a si mismo y dejando dentro de ella su peor pesadilla.

 Ernesto se levantó tambaleándose, apartándose asqueado. Ella, con ojos de fiera seguía sus movimientos. Marcando en sus labios un gesto de triunfo y manteniendo las piernas abiertas, para mostrarle el trofeo viscoso que resbalaba por su sexo.

Esta noticia ha recibido 3598 visitas       Enviar esta noticia



<-Volver

Artículos de opinión y colaboraciones:
Animamos a los alhaurinos a expresar sus opiniones en este periódico digital. Alhaurin.com no se responsabiliza del contenido o datos de dichas colaboraciones. Todo escrito debe traer necesariamente, incluso si quien escribe es un colectivo: Nombre, apellidos y un teléfono de contacto del autor. Envíe su artículo o carta a: redaccion@alhaurin.com
Alhaurin.com Periódico Independiente - Alhaurín de la Torre - Málaga. Dep. Legal: MA-1.023-2000. Andalucía Comunidad Cultural S.L.
Servidor de Internet. Director: Alejandro Ortega Navarro. Fundador: Federico Ortega. 678 813 376

Webs que alojamos:

15970045
visitas desde nov. 1998