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El diablo de la caja de fósforos
 Disquisiciones sobre la vida domèstica

Cuentos y relatos globales. 16.01.11 

Walter Pimienta Jiménez. walter53pimienta@hotmail.com Siendo yo apenas un niñó, vi al diablo por primera vez pintado en una caja de fósforos. Despejado de frente, con unos cuernos de fuego que son su corona, con el rabo entre las piernas y con cara de estar escondiendo todos los atributos de su poder maligno, tenía éste la diablura de hacerse presente en un haz de luz con el cual pretendía alumbrar la tierra y así, para no caerse en la oscuridad, recorrer su imperio en cuya grandeza confiaba robándose almas que hacía suyas según les mostraba y les daba oro y dinero entre el sálico estiercol que siempre caga.
El diablo de la caja de fósforos había llegado a mi casa procedente de la tienda de Hilda Molina donde, mandado por mi mamá, por quince centavos lo compré para que sus huellas de humo y de candela viva, haciendo sentir su castigo de infierno sobre las ollas, sobre las sartenes, sobre las pailas y las cacerolas, vociferando de mal humor en el fogón de leña, calentaran hasta chirriar el aceite con ímpetu universal de fritura.

Me daba miedo ver al diablo de la caja de fósforos. Era rojo y sereno. Miraba como maldiciendo a uno y a la gloria del Señor. A mi me habían dicho en la escuela que él vivía oculto en el alma fugaz y volatil del éter y del azufre, pero yo lodescubrí fue en el alma de un fósforo de donde, con vibración sobrenatural estallaba convertido en prodigioso fuego... El diablo de la caja de fósforos, abatiendo noches oscuras, humillaba a las sombras hulléndole al agua que le vencía...

Dueño y amo de las hogueras en llamaradas que convierten en ceniza el vigor de su lumbre, el diablo de la caja de fósforos, cuenta mi mamá, hasta la ofuscada y pálida aurora del siguiente día, prendió en el pueblo la casa de "la Niña Nené" en tanto que Lucifer, metido en el rumor de la candela, gozoso de oir voces de auxilio, cumpliendo su palabra infernal y lleno de envidia del amor de Dios, por descuido tropezó con una de sus alas el balde de agua bendita que el padre Hernández para apagar el incendio llevaba y por milagro el fuego se extinguió enseguida...

El diablo de la caja de fósforos era para mí un diablo que sabía mucho. Feo, cierto, pero un buen cocinero: impregnaba a la carne asada ese endemoniado olor de chamusca que debe reinar en el averno y que hace agua el paladar de los humanos, míseros mortales...

Debió sufrir mucho el diablo de la caja de fósforos en tiempos de Nochebuena creyendo que las multicolores lumbres encendidas por el hombre eran para él ¡pero qué tormento! Eran, son y seguirán siendo para el Dios de la vida y no para el de la muerte y, siendo así, solo y triste, dueño de las tinieblas, tirando lejos y con rabia su trinche maléfico, arropado en sus alas, vivo y repugnante, se sintió sin poder, sin ingenio, sin fortuna, sin ley y sin espada para pelear contra la fe, la esperanza y la caridad.

Siempre que mi hermana Cristina, para atemorizarme, me mostraba el dibujo del diablo de la caja de fósforos, le hacía a éste, de retro, una cruz con mis dedos; sentencia de su muerte por parte del Hombre del Sublime Leño... Nunca fue joven el diablo de la caja de fósforos si no viejo... claro, tenía siglos de vida; era caduco y esto no le hacía más respetable su cara de anciano chocho, burla de la gente, fantasma de pueblo que ya no dá miedo y sin hijos herederos que le defiendan; infeliz profeta de la mentira, de la duda, de la traición, de la vanidad, de la locura, del orgullo, del terror y el fanatismo que ya no se lleva en la soledad de una noche fría a los chicos a la hora del diablo desde cuando alguien, mirándole sin temor en la caja de fósforos, burlonamente y con palabras de entierro, le dijo: "diablo, corre que te coge un niño"...

Walter Pimienta Jiménez
walter53pimienta@hotmail.com


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