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La casa cerrada de la esquina
Disquisiciones sobre la vida doméstica

Cuentos y relatos globales. 19.12.10 

Walter E. Pimienta Jiménez. walter53pimienta@hotmail.com.
...Hasta hoy no ha habido persona alguna que pueda decirme con exactitud desde cuándo dejó de estar abierta la vieja y señorial casa de la esquina abandonada para siempre por los que fueran sus dueños y de quienes,después de todo, nadie sabe qué se hicieron. Toda ella habla del esplendor de su pasado; pero  la misma, ahora, con ímpetu de sismo anticipado, pareciera tener ganas atroces de caerse por necesidad. La voracidad del olvido y de la desidia, poco a poco, la carcome por dentro y por fuera dejando sólo de ella desmemorias intactas de un principio y de un fin.

Vencida por la negligencia y la indolencia humana, la casa cerrada de la esquina, perdido su encanto y su esplendor, detenta para sí toda la ruina y el infortunio de su presente; es aquella una ruina perfectamente regulada y metódica, amontonada a la vista y que hace tarde ya salvar de algún modo en su mustio jardín: dos trinitarias, tres tiestos de begonia y algunos amarillentos helechos que, en sus macetas, agónicos, aún quedan...y como doliéndose de su propia inclemencia remotos espìritus parecen habitarla enclaustrando allí sus frustraciones, sus impaciencias y derrotas luego de haber perdido no sólo incontables bienes y caudales sino también su estirpe su alcurnia y linaje... Un grito descolorido transmite la pintura plomiza de sus paredes avejentadas y descascarándose en pedazos y, su patio, su patio, caído el portón, deja ver en su interior un basurero de "deslumbrantes desperdicios" del pasado. Es ésta una casa de tristes despedidas  y no de alegres bienvenidas...

Alguien, de paso por allí, como para dejarse oír por mi, en actitud de desafuero verbal y con voz de siglos de conformidad, atragantado por una infame satisfacción rencorosa, dijo: "Así terminan las fortunas que dá el diablo"... Y sin el más leve remordimiento, volvió a decir: "Se acabaron los baúles de la grandeza"...

Del  último habitante que de la casa cerrada de la esquina una mañana salió, se cuenta que el día en que lo hizo, repudiando afinidades, se fue con cara de triste cirineo errante y que pasó por la calle principal del pueblo sin levantar la vista, sin saludar a nadie y creyendo que no le veían; pero lo delataban, a la distancia,  las finas y vistosas botas de charol que de su decadente riqueza le quedaban. Era casi igual al abuelo rico pues de aquél, heredó  no solamente su parecido físico sino también la facultad de olvidar con facilidad las cosas, tanto así que al cerrar la puerta principal de la vieja y señorial vivienda, lo hizo porque el seguro candado que usaba para eso estaba abierto y sin embargo lo puso a sabiendas de no recordar en qué lugar dejó las llaves que le abrían...Este es el recuerdo más antiguo que se tiene de quienes allí vivieran llevándose consigo, y por distintos rumbos, la nostalgia empañada de los tiempos de bonanza.

Cierto forastero, a lo mejor conocido de las personas que en la casa cerrada de la esquina habitaran, creyendo que éstos se encontraban allí aún, un día de octubre, tocó y tocó con insistencia a su puerta hasta que una vecina saliera a verle y así, a voz en cuello, le dijera:

"¡ No insista! ¡Unos duermen y otros sueñan!"...El hombre, como si lo que le dijeran fuera una orden, paró el fragor de su golpeadera de cobro y cayendo en el apremio del tiempo, mirando su reloj de leontina, a quien a su espalda le hablara, sin volver la cara, a voces, contestó: 

"¡ Dígale, por favor, al primero que se despierte que, Renzo, el de Juan de Acosta, vino por la plata del caballo !"..., y sintiéndose como si no hubiese ido a ninguna parte, pero al mismo tiempo habiendo ido, se dio media vuelta y en el prodigio de la tarde se dispersó.

-"Es un gitano vendedor de caballos tristes"- dijo la vecina que saliera a verle, confirmando así, una vez más, que la soledad miserable de las casas cerradas no tiene puertas abiertas para las viejas deudas y que en ellas, cuando tocamos con afán, no se encuentra ni el olvido...

Walter E. Pimienta Jiménez. walter53pimienta@hotmail.com.

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