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A los mis ojos ... ¿Y a los tuyos?
De la génesis de un Cuento

Cuentos y relatos globales. 15.08.10 

Krishnamurti Góes dos Anjos. goesk@odebrecht.com . En una fotografía en blanco y negro, un poco amarillentas por el tiempo, veo a una mujer. Está sentada en un escenario que parece una terraza. En la butaca donde está, con las piernas cruzadas (posición que tal vez le haya permitido apoyo mejor para el libro que lleva en sus manos), llama la atención el pie que está suspendido en el aire. Colgado descuidadamente, una pantufla de tela. Detrás de sí, una ventana, con un florero en el parapecho, deja pasar una luz oscura, que sugiere que está amaneciendo o atardeciendo de un día cualquier. El primer impulso que esta imagen de mujer me causa es de querer llamarla, acenarle, señalar que también soy de aquella “religión” de lectores. Ella, cuya cara olvidé, cuyas ropas apenas me di cuenta, exactamente que edad tenía, no sé decir, si acerca de mí, por el mero acto de la lectura. Pero ¿ qué estaría leyendo? ¿ Se puede adivinar la naturaleza de su libro? ¿ Un romance  de capa y espada con páginas rellenadas de amores, señoras perseguidas a desmayar en los bosques sombrios, disturbios del corazón, juramentos, sollozos, lágrimas?

Y se descubriéramos que, en verdad, el libro era Madame Bovary, aquél romance escandaloso de Flaubert? O, en la misma línea estuviera  deleitándose con las peripecias del personaje Luisa de El Primo Basilio. O todavía, ¿quién sabe? ¿Imaginando los “ojos de resaca” de Capitu de Machado de Assis? No. La foto no es tan antigua así... Tal vez tenga entre las manos el Mrs. Dalloway, de Virginia Woolf, o, aún más sorprendente, recibiendo en ese momento del flash de la cámara, el impacto de la estrofa de Floberla Espanca: “Me gustaría encontrar la parte pura del verso, / El verso altivo y fuerte, extraño y duro, / ¿ Qué dijera a llorar esto que siento!”?     
 Nada! Pienso incluso que era una colección “de los años 80”. ¿Sería?...Pero, ¡oh Dios mio! No se puede saber cuál habría sido el libro…Una última mirada a la foto, percibo que…Sí. Es esto. 

Ella interrumpe la lectura por un momento, mira a otro punto del libro donde está insertada un correo que hace poco le ha sido entregado y que no tenía ganas de leer. Desvía despacio la mirada para más allá, porque en este momento un rayo de sol se introdujo por la hendidura encristalada de la ventana y fue incidir exactamente en su pie suspendido. El calor templado de la luz del sol  de ese fin de tarde – es fin de tarde, ahora imaginamos -, incidiendo en la zapatilla de satén rosa, le hizo un reflejo nervioso que la hizo encoger los dedos de los pies. Y, al final, la zapatilla se escabulló en el curso cierto del suelo del balcón.

 “Aquél día yo me aburrí tanto como él… Estábamos los dos en una silla en la habitación del hotel. Él me atrajo en su dirección y me puso sentada en su regazo. Me quedé malhumorada fingiendo no dar atención a sus explicaciones. Estuve mirando fijamente para mis pies suspendidos, fingiendo jugar de equilibrar la zapatilla de satén que se sostenía sólo en los dedos de mi pie desnudo. En aquella época, ¡como yo era tonta! No sabía que podría controlar la situación. Podría incluso haber dado las normas, armar la escena, distribuir los papeles. Sería, si quisiera haber sido su amante, ya que él era casado. Sería la diabólica y no la santa. ¿ Porque no? Por lo menos lo tendría para mi. Pero no, Él se negó a amarme de verdad... ¿ Por que será que lo ame tanto? ¿Por que ese sentimiento? El llegó e yo no sabía de donde venía, o como explicarlo…En aquella época y incluso ahora… No encuentro explicaciones. No hay necesidad de explicaciones. Ah, aquella primera tarde que estuvimos juntos… Deseo poder revivirla de nuevo… El deleite húmedo de aquella tarde. Las palabras dulces que él me decía al oído, los besos en mi oreja me mareaban, el deseo que tenía de estar con él estaba muy profunda  y aquel desasosiego sexual fijándose en mí… Al principio yo no permitía, pero dejé que creera que quería… La ternura de su barba áspera en mi cuello estaba me volviendo loco y él no paraba de mordisquearme el cuello… Acostándose sobre mí cuerpo. Ah. Un huracán de deseos me arrojó a sensaciones que ni siquiera yo sabía que existían. Un extraño escalofrío me hizo abrir los muslos amablemente, quería sentirlo dentro de mi para que saboreara todo el placer que mis entrañas podrían darle, una fricción tan sabrosa resbalándose dentro de mí, e yo sentía una voluntad casi irresistible de gritar. Gritar y pedir más... y pedir más... La intensa alegría de estar viva en aquel instante. Un orgasmo perfecto como nunca más sentí en toda mí vida. Nunca más, incluso cuando, años después, me casé. Una boda de pura conveniencia financiera... Me volví a la puta de un solo hombre. La alimentación y la caza hace milenios... Pues. Todo ha llevado a crear a mí alrededor un escudo inatacable. Juré no amar nadie. Tuve que sublimar a hierro y a fuego aquella cosa que en mí ardía por él.  Cuántas y cuántas noches gasté sin dormir, pensando en las palabras que él me había dicho… No. De aquella manera yo no lograría tenerlo. Jure y logré que él jamás me tocaría de nuevo. Nunca más. Me prive y no dejé, que ironía, de pasar por las abyecciones de una boda de conveniencia; tareas del hogar, trajes del marido para cuidar, golosinas para hacer y mis sueños lejanos… Las promesas de mi juventud, las expectativas caídas en el lodo como pájaros heridos. Y por qué? ¿Para qué? Para hoy estar sentada aquí con una cuenta bancaria extremamente gorda, y, además, viuda, sin hijos, sin nadie. Y él, pobre, permaneció casado, no tuvo hijos, y fue a vivir en Rio Grande do Sul…Si no fuera por Ernesto que, por casualidad, en un de sus viajes, no lo hubiera encontrado, yo no sabería ni siquiera si está vivo o no… ¿ Qué será que Ernesto me cuenta en esta carta?

 Querida amiga,
 Te escribo una vez más para darte noticias de nuestro amigo. Desafortunadamente, él no ha presentado muchos progresos con la parálisis. Sin embargo, la salud general es buena. Me esfuerzo como puedo para que no se den cuenta de dónde vienen las donaciones al asilo de ancianos donde él está. Gracias a tu dinero, mí amiga, me convertí en un buen samaritano.
 Pero ¿lo que no haría por ti?
Un beso de este su siervo,
    Ernesto.
P.D. Anexos van los comprobantes bancarios de las últimas donaciones que hicimos. Va también anexa la factura de una silla de ruedas que hice con que llegara a él. Se quedó muy feliz. Después te digo los detalles. A mis ojos parece que he hecho bien. ¿ Y a los tuyos?

Y luego, mi personaje Anita – es este finalmente su nombre -, que por el momento sólo a mí pertenece, descruzó las piernas en búsqueda del calor de la vieja zapatilla de satén rosa.

Krishnamurti Góes dos Anjos. (1960) Nació en Brasil - Bahia. Libros publicados -  El Crimen de la Nueva Vía – Novela – 1999, Gato del Techo – Cuentos  2000, Um Nuevo Siglo - Cuentos 2002 e  Embrague Intelecto y otros cuentos 2005. Ha participado de 22 colecciones y antologías, resultantes de algunos premios literarios. Trabaja como Responsable por los Programas de Planificación en la la Industria de la Construcción en Panamá.

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