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¡Viva la República!  ¡Viva el Rey!

Antonio Barba. 10.08.10 

Para mi estimada Encarna Ruiz a la que contesto personalmente y sin ningún criterio partidista, y a aquellos a los que respeto aunque se mofen tratándome de “iluminado pro-monárquico”  basando su argumento defensivo de la república en libros catalogados en  apartados de humor gráfico, escrito por un doctor en Psicología y periodismo, expresando su “tópica” opinión el autor, pero sin ser ningún erudito en derecho constitucional ni en historia política. A aquellos que dicen que quieren argumentos porque tenemos una monarquía franquista y a aquellos que se alegran cuando un parlamento autonómico, representativo, prohíbe una costumbre arraigada culturalmente sin someterla a referéndum. A todos ellos decirles que no soy pro-monárquico, sino un demócrata feliz con el tiempo que la sociedad actual española nos hemos otorgado para convivir.

Lean, tengan criterio objetivo y luego vuelvan a criticarme. Pero olvídense de darme clases de retórica republicana añeja, que yo también soñé en mi adolescencia. Todos sabemos que la II República Española fue abolida por un golpe de Estado con una guerra incivil que dividió a familias enteras, pero que no por eso, hoy en día para volver a instaurar la justicia de ese aberramiento, tengamos que volver a solicitar la república basándonos en periodos pasados abolidos de forma inconstitucional… el pasado es pasado y no siempre tiempos pasados fueron mejores… vamos camino de entrar en el mayor periodo de paz que ha tenido la historia española, (exceptuando los crímenes etarras) no lo estropeemos con reivindicaciones de imagen y tinte progresista, podemos cambiar lo que tenemos, pero sin extremismo ni radicalismo, sino siempre basándonos en nuestra constitución refrendada por sufragio universal que permite su modificación de forma democrática y con estilo republicano.
Os dejo con el artículo que se publicó hace más de cuatro años y que sigue teniendo una abrupta actualidad:

El rey de una república federal
J. A. GONZÁLEZ CASANOVA
EL PAÍS - 04-01-2006
A las juventudes de ERC debieran darles sus dirigentes más lecciones de derecho constitucional para que sepan contra qué se manifiestan cuando rompen ejemplares de la Constitución española y exigen al Rey que condene el franquismo, como si creyeran que la ley fundamental de 1978 prolonga la anterior dictadura y que Juan Carlos I sigue siendo el heredero de Franco. Rechazan tanto el texto constituyente que ni siquiera lo han leído, o no lo entienden, pues hacen una lectura del Estado, de sus instituciones y de los conceptos clásicos de soberanía, pueblo, monarquía o república que ha perdido todo su sentido original. Por si alguno de estos jóvenes, o sus mentores, me lee, quiero aclararles, sin sombra de paternalismo ni de desdén por su coyuntural ignorancia, que el verdadero régimen establecido por nuestra Constitución no es el monárquico-franquista, antidemocrático y unitario-centralista, del pasado, sino precisamente la democracia republicana a la que dicen aspirar y a la que sólo le falta un senado diferente para ser una auténtica república federal. Si alguna autoridad técnica creo tener es la de haber redactado, por encargo del PSC y con el total apoyo del PSOE, los artículos constitucionales que tratan de las facultades del rey y del actual sistema estatal de comunidades autónomas.

A quienes alegan que la institución del rey es incompatible con la democracia al no haber sido éste elegido por los ciudadanos, o que la presente monarquía ha sido impuesta por no haberse plebiscitado en 1977, les informo de que las Cortes constituyentes, surgidas de las urnas ciudadanas, votaron la continuidad del rey sucesor de Franco, pero suprimieron todos los poderes recibidos del dictador y le encargaron el ejercicio de unas funciones muy precisas y tasadas en la jefatura del Estado. Dejó así de ser un monarca soberano, como lo fue Franco sin ser rey, y se tornó mero funcionario estatal, radicalmente distinto del rey franquista pese a ser la misma persona física. A sugerencia mía, el PSOE defendió en solitario la república para provocar una votación favorable a la monarquía parlamentaria que resultó mayoritaria (incluidos los comunistas). De ese modo, el rey Juan Carlos obtuvo su legitimidad democrática como rey constitucional, y se convirtió, como en las demás monarquías europeas de gobierno parlamentario, en el jefe de estado de una república coronada, de una monarquía republicana. ¿Por qué? Porque la república no es siempre sinónimo de democracia (Hitler, Stalin o Pinochet fueron dictadores, monarcas soberanos de unas repúblicas) y, desde que desaparecieron las monarquías absolutistas o simplemente moderadas en España (de Fernando VII a Alfonso XIII, el abuelo del actual rey) la democracia hace, al ser parlamentaria que se realice una república presidida por un rey sin poderes, ya que la responsabilidad de gobernar corresponde a los poderes democráticos, representantes de la ciudadanía, única soberana. Y ese rey es perfectamente compatible con un Estado formado por 17 comunidades autónomas, que son aún más repúblicas si cabe, pues sus presidentes, elegidos por parlamentos populares, sí dirigen, bajo su responsabilidad parlamentaria, el Gobierno político autónomo. Tales comunidades son Estados, en cuanto partes de un Estado común. Son ya una federación de estados que tan sólo necesita un senado que culmine el sistema federal mediante la reforma constitucional promovida por Rodríguez Zapatero y a la que sólo se niega el PP.

En estos 27 años, el Rey ha cumplido con pulcritud sus funciones sin extralimitarse. Incluso cuando puso firmes a los generales el 23-F de 1981 en nombre de la Constitución, lo hizo a las órdenes del Consejo de Subsecretarios que substituyó al Gobierno, secuestrado por el coronel Tejero en el Congreso. La llamada "función moderadora" la ejerce discretamente y sin tomar partido en pro o en contra de las diversas políticas públicas, aunque en casos graves, como en la guerra de Irak, hizo saber con sutileza inequívoca su personal oposición, nunca perdonada por su promotor. O su reciente discurso pidiendo fin a la crispación provocada por cierto partido en contra de las reglas democráticas más elementales. Es significativo que los socialistas hayan respetado y promovido siempre el papel constitucional del Rey mientras que el aznarismo le ha ninguneado, y que se sienta más cómodo con los gobernantes de izquierda que con una derecha, escorada al neofranquismo, soñadora de una república, no parlamentaria, sino presidencialista y plebiscitaria, con un solo partido hegemónico. ¿Qué le contaría Aznar a Bush para que el hermano de éste tuviera en una entrevista el lapsus de confundir al líder del PP con el presidente de la República Española?

Parece paradójico, pero son los demócratas y las izquierdas republicanas las que apoyan la república coronada porque es la forma de nuestra democracia federal. En cambio, son las derechas las partidarias de una monarquía personal autoritaria bajo la forma de una república controlada por un nuevo Movimiento Nacional neofascista. Al fin y al cabo la antigua Falange era republicana en esa línea. Los coqueteos republicanos de Aznar eran tan bien conocidos por La Zarzuela como fue ironizada en palacio su megalomanía monarcoide de celebrar bodas familiares junto a las tumbas regias de El Escorial. Que no se engañen, pues, los jóvenes republicanos catalanes. Que en este y en otros temas políticos, como el Estatuto, no le hagan el juego al republicanismo monarquizante del otro extremo. Que valoren como una conquista democrática la república federal que ya tenemos de hecho. Que luchen por conservarla y culminarla, no con ideas tópicas y anticuadas, sino con un correcto conocimiento, al servicio de la sincera y noble voluntad democratizadora que, sin ninguna duda, les mueve.

J. A. González Casanova es catedrático de Derecho Constitucional.   

Aleccionador ¿verdad?, pues sigan solicitando la república, pero háganlo por convicción histórica, por aquellos que lucharon y murieron por ella para que nunca los olvidemos, pero no se justifiquen por el odio a la monarquía y por un derecho que se hereda, porque si me argumentan que todos los españoles somos iguales excepto el príncipe, es mentira porque el hijo de los millonarios, los políticos corruptos y de los pelotas vendidos también heredan por la cara lo que no se merecen por no habérselo currado y al menos el príncipe no creo que haya tenido la infancia que yo he disfrutado, seguro que él ha tenido menos tiempo para el ocio y la amistad y seguro que además condicionada y vigilada.
Seguid disfrutando…. ¡¡VIVA LA REPUBLICA!!  ¡¡VIVA EL REY!!
 

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