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Tras la estela de Torrijos en Tortosa

Esteban Alcantara. 06.08.10 

Son las seis de la tarde de un día primaveral de abril. Nos encontramos en una apacible terraza del llamado Paseo del Ebro, en Tortosa, situado sobre el mismo margen oeste del caudaloso río. Mientras tomamos tranquilamente un refrigerio, fijo mi atención en algunos lugares de la ciudad transitados por José María Torrijos en 1810 que se ven en la otra orilla. Bien iluminados por la luz del atardecer, las piedras y sillares de los edificios medievales y de la edad moderna adquieren un tono especial. Estamos entre el denominado Puente del Estado y el único pilar que existe como testimonio visible del viejo puente privado de la Cinta (Nuestra Señora de la Cinta), volado en plena Guerra Civil en 1938. Precisamente, hacia esa zona situada a nuestra izquierda es donde dirigimos nuestras miradas mientras conversamos, pues fue el espacio por donde Torrijos atravesó el Ebro con su columna el día 3 de agosto del ya mencionado 1810, antes de caer prisionero de los franceses. No lo hizo por el mencionado puente de la Cinta, sino por uno de madera sobre barcas, hoy desaparecido, cuya existencia se relata a continuación.

Los dibujos descriptivos de Anton Van der Wyngaerde

Feliz hora, cercana a 1561, en la que Felipe II encargó al flamenco Anton Van der Wyngaerde, dibujante paisajista, que realizara un largo viaje por España con el fin de realizar una colección de detalladas vistas de ciudades y pueblos, prestando especial atención a las fortificaciones de castillos y murallas. Una de estas localidades fue Tortosa, a la que el artista dibujó desde una situación muy próxima  a la cabeza de puente, enlazada directamente con una de las puertas principales de Tortosa por el citado puente de barcas. La existencia del mismo en la lejanía del tiempo también se encuentra reflejada en el plano de la ciudad de 1642. Más de un siglo y medio después, y con múltiples reparaciones de mantenimiento derivadas de la fuerza y crecidas del río (con más de cinco metros de profundidad en la zona), sirvió activamente para las salidas de los defensores de Tortosa en el cerco sufrido durante la Guerra de la Independencia. Sólo queda añadir, que gracias a la llegada de la fotografía y a la notable antigüedad de alguna de ellas, hoy podemos contemplar como era la fisonomía de aquel antiguo puente de barcas.     

La cabeza de puente, epicentro de las salidas de los defensores de Tortosa.
                                                                                                                     
A pocos metros de donde nos encontramos, reposan bajo la superficie los restos de la antigua fortificación de la cabeza de puente, de la que no quedan restos visibles. Sin embargo, conocemos en qué lugar de la misma se encontraba Torrijos al amanecer del día 12 julio de 1810, así como el tenso momento vivido por él y sus hombres en aquellas difíciles horas.
La estancia en Tortosa ha sido beneficiosa y bien aprovechada en cuanto a conocer las vicisitudes personales de Torrijos durante el cerco del ejército napoleónico a la ciudad. Una labor en que se ha interrelacionado la información escrita con el trabajo de campo, intentando superar circunstancias como la presencia del amplio caserío moderno de Tortosa en la orilla oeste del Ebro. Al no existir ya la famosa Torre del Temple, que tanto protagonismo tuvo en el sitio, recurrimos a colocar nuestro  observatorio con planos y los imprescindibles medios topográficos, en esa formidable atalaya que es el castillo de La Zuda, que hoy acoge un bonito parador turístico que recomendamos.
Hemos intentado basar el trabajo en datos objetivos, como los tiempos de marcha y la distancia existente entre la cabeza de puente de Tortosa al objetivo asignado el 3 de agosto de 1810.También los itinerarios de los antiguos caminos y la progresión de la columna-Torrijos, para poder evaluar la operación realizada por el joven comandante del Regimiento Soria nº 8. Igualmente se ha dedicado tiempo a estudiar si hubo opción ante la táctica diseñada por el mando superior de la plaza en cuanto al propio cometido de la columna-Torrijos, que contó con apoyo en su izquierda, pero que marchó con su parte derecha descubierta, “confiada” a la orilla del Ebro. También, ha sido muy interesante estudiar el camino que abrieron las tropas francesas del general Suchet entre Tortosa y Mora, pues ese fue el primer itinerario que realizó Torrijos en calidad de prisionero. Finalmente, citar lo reconfortante que ha sido saber los personajes históricos que Torrijos conoció y trató en Tortosa, que fueron decisivos para la proyección de su propia vida castrense. Estos estudios, así como todos los que llevamos realizando desde 2006, van a quedar plasmados en una amplia obra que recogerá las vicisitudes del joven Torrijos durante la Guerra de la Independencia.  

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