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Teba: un lugar para el otro “Braveheart”
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Esteban Alcantara. 21.07.10 

Mel Gibson supo mostrar al mundo la figura valiente e irreductible del héroe escocés William Wallace, a través de su galardonada película “Braveheart” (1995), título basado en el sobrenombre que recibió en vida el arrojado guerrero nacido en la villa de Elderslie, alrededor de 1270. De origen humilde, Wallace encarnó desde su juventud la rebeldía contra los ingleses y la lucha por la independencia de Escocia, país que mostraba demasiadas disensiones internas como para poder hacer frente, con éxito, al poderoso ejército de Eduardo I de Inglaterra, apodado “Longshanks” (El Zanquilargo). Pero William Wallace lo consiguió, derrotando a las tropas enviadas para arrasar Escocia en la batalla del puente Stirlig, el 11 de septiembre de 1297. Otras fulgurantes victorias como la toma de las ciudades de Edimburgo y York, le llevaron a ser nombrado “Guardián de Escocia”. Pero la traición, siempre comprada con dinero y cargos, torció el destino, siendo Wallace abandonado por los nobles escoceses en la batalla de Falkirk, donde sus tropas fueron diezmadas. Pocos años después, fue engañado y vendido por John Mentieth, noble escocés colaborador de los ingleses, que sin piedad alguna lo condenaron a una muerte cruel en Smithfield (Londres), el 23 de agosto de 1305. 

El corazón sin paz de Robert Bruce

El noble Robert Bruce fue uno de los que no prestó apoyo a Wallace en la batalla de Flakirk. Originario de la alta nobleza escocesa que frecuentemente se alió Eduardo I de Inglaterra en busca de seguridades y prebendas, en la última década del siglo XIII (él y su padre habían jurado lealtad a “Longshanks” en 1296); Bruce mandó asesinar a su oponente en la lucha por la Corona del reino de Escocia, John Comyn (mucho más partidario del enfrentamiento con los ingleses), por cuyo crimen fue excomulgado. Finalmente, fue nombrado rey de Escocia, sufriendo a manos de los ingleses la derrota de Methven (1306),  y cayendo capturado en Tain. Se salvó de la pena de muerte al morir “Longshanks” y sucederle su débil hijo Eduardo II. En 1309, Robert Bruce celebró su primer Parlamento y, al año siguiente, la iglesia escocesa le reconoció como rey. Con la victoria conseguida en la batalla de Bannockburn (1314), logró  el sueño de hacer Escocia independiente. Dicen que en sus últimos años vivió torturado por la lepra y con el alma cargada de remordimientos por su traición a William Wallace y el asesinato de Comyn, dando la sensación como si una maldición se hubiera apoderado de él. Todo ello le llevó a recibir con frecuencia auxilios espirituales de los clérigos, que para calmar su estado de ansiedad le indicaron que, una vez muerto, su corazón embalsamado fuera llevado a una cruzada en la que se luchara contra los enemigos de la cristiandad, pues sólo así lograría el descanso eterno. Convencido de ello, Bruce encargó a su amigo el caballero James Douglas para que con un grupo de leales realizara una misión que, por su complicación y fondo, es difícil de entender en los tiempos actuales si no logramos situarnos en el contexto de la época.

Escoceses luchando en la Cruzada de Guadalteba.

La expedición mandada por James Douglas partió de Berwick con salvoconductos y cartas firmadas por el rey de Inglaterra, dirigidas al rey Alfonso XI de Castilla y el Gran Maestre de la Orden Hospitalaria. Hicieron su primera escala en Flandes, donde Douglas tuvo la oportunidad de conocer al embajador de Aragón, que buscaba apoyos en Europa para la guerra que los cristianos mantenían al sur de la Península contra el ejército del rey de Granada, Mohamed IV. No se trataba de una campaña más entre moros y cristianos pues tenía carácter de cruzada al intervenir contingentes de tropas de cuatro reinos: Castilla, Aragón, Navarra y Portugal. Viendo la oportunidad que se les presentaba de cumplir su misión, los escoceses viajaron por mar hasta el puerto de Sevilla, donde el Almirante de Castilla, en nombre del rey, les dio caballos, armas, víveres, pertrechos, soldados e indulgencias papales, para que se sumaran a la campaña que se estaba desarrollando en torno al territorio de Teba y  Ardales. Así, cuando James Douglas y sus caballeros llegaron a Teba, encontraron el castillo de la Estrella  defendido por los musulmanes y sitiado por tropas cristianas, formadas por castellanos, leoneses, aragoneses, navarros y portugueses: justo en el ambiente de cruzada que tanto habían deseado los escoceses para cumplimentar su misión.

Fatídica emboscada

Al igual que el resto de las fuerzas cristianas, durante tres semanas los hombres de Douglas participaron en los sucesivos asaltos al castillo con la ayuda de máquinas de guerra, hasta que tuvieron que interrumpirse las acciones en las murallas, debido a los ataques que, por sorpresa, hacían por la retaguardia de los distintos campamentos cristianos los jinetes nazaríes mandados por Ozmin-ben Abí-Ulá. Era éste un veterano y avezado guerrero musulmán que sabía la estrategia exacta que había que aplicar a los cristianos, plantando la base de sus operaciones en la fortaleza de Turón. Los nazaríes  hostigaban la retaguardia cristiana, incendiaban lo que podían y se retiraban, a espera de ser perseguidos para emboscar a los cristianos. Los castellanos y otras fuerzas de los reinos peninsulares, conocedoras de la estrategia secular empleada por los granadinos, se limitaban a rechazarlos y quedar en guardia. Pero los bravos corazones de los escoceses pedían más, y en uno de los ataques producido por el sector que guarnecían, el día 25 de agosto de 1330, Douglas y sus caballeros decidieron perseguir a los veloces nazaríes. No comprendieron los peligros que afrontarían si traspasaban la zona frondosa del río Almargen (en esta parte conocido como de la Venta), e iniciaban el ascenso por las polvorientas cuestas en dirección hacia la fortaleza de Turón, donde tendrían nulas posibilidades para escapar de una posible emboscada. Y a sí fue. Por sorpresa, diversas andanadas de flechas efectuadas por los nazaríes derribaron a jinetes y caballos, acometiendo a continuación contra ellos la caballería musulmana. Al darse cuenta del engaño, James Douglas retrocedió, pero al ver a sus compañeros como caían masacrados por un enemigo implacable, volvió sobre sus grupas para ayudar a los suyos.

La leyenda de sir James Douglas

La leyenda dice que, al verlo todo perdido, Douglas se arrancó el relicario que pendía de su cuello con el corazón embalsamado de Bruce,  y arrojándolo por delante de su caballo, gritó: “Ahora ve delante de nosotros como tú hubieras deseado. Yo te seguiré y moriré”. De esta forma encontraron la muerte Douglas y gran parte de los escoceses que le acompañaron para cumplir la promesa hecha a su rey. Pocos días después, el castillo de Teba cayó en poder de los cristianos, y los escasos supervivientes escoceses bajo el mando de William Keith, que no participó en el combate por estar herido, regresaron a Escocia con los restos de Douglas y el relicario con el corazón de su rey, ambos rescatados de donde tuvo lugar la lucha. Fueron depositados con solemnidad en el condado de Douglas y en la abadía de Melrose.

“Ahí fuera hay unos escoceses que traen una piedra antigua”.

Una persona muy vinculada con el mundo de la cultura en Teba, a la que tengo estima, me comentó: “Un día me dijeron: ““Ahí fuera hay unos escoceses que traen una piedra antigua””. Pensé que era algo que querían donar a nuestro museo municipal, pero me llevé una sorpresa extraordinaria”. Efectivamente, desde Escocia, un grupo de personas procedentes del pueblo de Melrose, descendientes de Douglas y comprometidos con su historia, habían llevado una pesada y granítica piedra grabada, que recogía la gesta de su antepasado con el siguiente texto: “Camino de la Cruzada falleció sir James Douglas, luchando contra moros al lado del rey Alfonso XI. Cayó cerca del castillo de la Estrella, de Teba, el 25 de agosto de 1330. Caballero lealísimo del rey Roberto I de Escocia y adalid óptimo en las guerras de independencia, sir James el Bueno peregrinaba a tierra Santa bajo juramento de consagrar el corazón real del libertador de Escocia en el altar de la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén”. Hoy está colocada en una plaza de la villa.

Teba: un pueblo que ha acertado plenamente con la prioridad de su personaje histórico en su oferta turística-cultural.

El pasado romano de Teba, los ochos siglos musulmanes con la impresionante arquitectura del castillo de la Estrella, o el poder ejercido por la familia Portocarrero de la que una de sus descendientes directas fue Eugenia de Montijo, emperatriz de los franceses; no han distraído ni han hecho dudar a los responsable de cultura de Teba para decidir que el Centro de Interpretación Histórico ubicado en la torre de homenaje del castillo tenía que estar reservado a la figura de James Douglas y a la Cruzada de Guadalteba. Lo que quizás en cualquier otra localidad hubieran sido obstáculos, travas de incompatibilidades y demoras, esgrimiendo tal vez que Douglas fue un extranjero no muy conocido y sin raíces en Teba, o que solamente había permanecido en la zona unas semanas; ha tenido una reacción totalmente contraria y positiva en Teba, cuyo logro ya está ahí de forma irrefutable, tanto para satisfacción de los vecinos como de los visitantes. En septiembre de 2009 ya han celebrado la quinta edición de lo que culturalmente han institucionalizado como “Jornadas de Sir James Douglas”. Es para tomar nota: en julio del citado año, antes de llegar a las citadas V Jornadas, se inauguró el Centro de Interpretación Histórico. Por otra parte, Teba se ha hermanado con Melrose y los clanes escoceses visitan el pueblo en las Jornadas con sus tradicionales vestimentas y banderas. Por tanto, Teba es noticia cada año en Escocia y eso significa bien para el turismo cultural extranjero.    
Hablando con una de las personas que guían los grupos en el interior del Centro de Interpretación Histórico, ésta me informó que, a pesar del poco tiempo que lleva en marcha, están recibiendo más de 1.200 visitas mensuales, cifra estimable si se tiene en cuenta la situación de tierra adentro de Teba y las características rurales que todavía conserva la comarca de Guadalteba y, sobre todo, el difícil acceso final (el que lleva hasta la alcazaba), que para personas de cierta edad tiene ese ascenso al castillo de la Estrella.
No puedo evitar el preguntarme, sobre la importancia que la incidencia de la extraordinaria película de Mel Gibson sobre un héroe escocés coetáneo a James Douglas ha podido tener en todo esto; ni tampoco, cuanto tiempo llevaría ya reconstruida en su lugar histórico la Alquería de Mollina (Alhaurín de la Torre) con su centro de interpretación en su interior, simplemente si Antonio Banderas hubiera decidido hacer una película sobre Torrijos en el año 1995. Creo que la misma hubiera motivado en mucho su reconstrucción, quizás por ese blasón tan utilizado de “lo que cuenta la película ocurrió aquí”. Como comprenderán, esto último no es Historia, pero hubiera dado muchas cosas por haberlo podido comprobar.

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