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JESÚS JIMÉNEZ. CANTAOR
Jesús Jiménez Gaspar.  Alhaurín  Torre, Málaga, 1958

Perfiles Flamencos. 27.06.10 

Hay artistas de todo género que con sobrados merecimientos  y reconocidos méritos para ocupar un puesto relevante en la carrera artística que han elegido, no llegar a cruzar esa sutil línea que separa la popularidad de la fama, permaneciendo en una segunda fila siempre a la espera de que esa dama voluble y caprichosa llamada suerte no se muestre tan remisa a la hora de ungirlos con la gracia de su varita mágica haciéndoles pasar a la nómina de los elegidos. Pero esa suerte tarda mucho en manifestarse o, lo que es peor aún, nunca llega a fijarse en quienes tanto interés ponen en buscarla y que siguen, fieles a su inamovible afición, esperando recibir un día el premio a su constancia y trabajo alcanzando ese reconocimiento tan deseado y, sobre todo, tan merecido.

Jesús Jiménez no cuenta con ningún miembro en la familia con antecedentes por los que se pudiera vincularlo a ninguna actividad artística; sin embargo, ya desde pequeño se familiarizó con el cante flamenco escuchando en la casa familiar las grabaciones de los cantaores de la época por los que su padre, gran aficionado al flamenco, sentía una gran admiración; la música era otra de sus grandes aficiones hasta el punto de haber adquirido, de forma autóctona, una más que notable maestría para tocar el laúd, la bandurria y la guitarra por lo que, sin dejar su labor en el campo, era con frecuencia requerido en actos y celebraciones particulares, considerado buen profesional y retribuido como tal. Sus celebradas dotes para el cante y la música fueron heredadas por sus hijos, los cuales aprovecharon ventajosamente las enseñanzas paternas: todos ellos son más que buenos aficionados, si bien Jesús y Ángel son los que más han destacado, este último como guitarrista, que acompaña con frecuencia a Jesús a la hora de cantar.
      No era raro pues que con siete u ocho años solamente, y a petición de familiares y amigos reunidos en aquellas celebraciones, Jesús se arrancara por los cantes aprendidos en las escuchas caseras, demostrando unas aptitudes que eran aplaudidas y admiradas por propios y extraños; no hace falta más para despertar una profunda afición en un niño de su edad, y Jesús vive momentos de verdadera gloria infantil hasta la edad de 15 años.
     Pero en esta crítica edad la juventud es bastante permeable a nuevos gustos y  aficiones; y bajo la influencia de otros jóvenes de su edad, su afición gira hacia otro tipo de música y se hace un gran adepto al rock, cuyas canciones interpreta con la misma facilidad y gusto con que cantaba algunos palos del flamenco.
     Pero aquí se cumple aquello de que aquel que se deja morder por el flamenco no puede sustraerse a su influjo; unos años después, Jesús vuelve a sus primeros amores, comienza a frecuentar peñas, y, sobre todo, escucha y aprende todos aquellos cantes que antes no frecuentaba, y de nuevo empieza a ser elemento imprescindible y centro de atención en cuantas fiestas y celebraciones ocurren en el entorno familiar o amistoso, sin dudar en acompañarse él mismo a la guitarra si la ocasión se presenta, o cantar algunos cantes de los que él mismo compone las letras.
     Y llega su primera actuación en público: aconsejado por los que tan bien conocen sus dotes para cantar, se presenta a su primer concurso de cante y se lleva el primer premio. A partir de esa fecha son muchos los concursos en los que Jesús Jiménez participa y muchos los premios que consigue. Y desde entonces, alternando esas participaciones  con actuaciones en peñas y festivales, va dando suelta a lo que desde niño es su verdadera pasión: el cante flamenco.


JESÚS JIMÉNEZ
EL SUEÑO HECHO CANTE

Es su afición igual que una bandera
llevada siempre en alto y ondeante,
como una enseña noble y arrogante
ante la cual el cante se rindiera.

Su pecho se consume en una hoguera
avivada por un viento inflamante,
implacable y voraz, que en cada cante
en ardientes cenizas lo incinera.

Mas su sueño es cantar; y cuando canta,
un Duende se despierta en su garganta
que lo arrastra en pos de su pasión.

Y en el lírico fuego en que se quema,
se convierte su voz en un poema
cuyas letras compone el corazón.

Paco Acosta Roldán

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