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GRACIA MONTES. CANTAORA.
Gracia Cabrera. Lora del Río,(Sevilla) 1932

Perfiles Flamencos. 20.06.10 

Capítulo LXXIV. Con ocho años ya cantaba en Lora del Río, su pueblo natal, en cuantas bodas, bautizos o fiestas particulares era requerida; a esa edad ganó un concurso de sevillanas que no hizo más que acrecentar la afición que la niña tenía por el cante. Pero tropezó, como tantas y tantas artistas de la época, con la férrea oposición de su padre a que hiciera lo que para ella era ya la única meta de su vida. No obstante, y forzado por los ruegos y lágrimas de Gracia, el Sr. Cabrera consintió que su hija se desplazara a Sevilla para seguir los cursos en la academia de una conocida profesora, Angelita Domingo, con la que aprendió todo lo básico del oficio: el resto ya lo llevaba aquella promesa de la canción en la propia sangre.


      Corría el año 1950, Gracia Montes tenía 18 años, y ya había actuado con bastante fortuna en Sevilla en un espectáculo titulado “Galas juveniles”, donde cosechó sus primeros aplausos, y donde gustó las primeras mieles del triunfo de la mano del locutor Bobby Deglané, en el popular espacio radiofónico “Cabalgata Fin de Semana”, en el que Gracia Montes se dio a conocer con las canciones “Será una rosa, será un clavel”, y “Palito de ron”, que tan popular la hicieron.
     Pero la primera gran oportunidad de su vida se la ofreció el cantaor Pepe Pinto al contratarla para su espectáculo “La copla puso bandera”. El padre de Gracia se negó rotundamente a que su hija saliera de Sevilla, ni siquiera atendiendo la propuesta del empresario Brageli, que se había dado cuenta de las cualidades de Gracia para la copla y el cante.
     Y de nuevo fueron las lágrimas y hasta varios días de desesperada huelga de hambre que mantuvo la futura artista lo que decidió  al padre a dar su consentimiento aunque, eso sí, en la forzada compañía de una tía de la joven, ya que ésta era menor de edad. Era el año 1953 y, con su incorporación al espectáculo de Pepe Pinto, su carrera artística había comenzado de forma  imparable. 
     Llegamos a 1957, y Gracia Montes se presenta en el Teatro Cervantes, de Sevilla, ya con  un espectáculo propio, “Rosa de Andalucía”, al que seguiría, pocos meses después, otro titulado “Coplas al viento”, estrenado también en el Cervantes sevillano, en el que cantaba dos de sus más grandes éxitos: “Cariá la Sanluqueña” y  “Maruja Limón”.
     Inexplicablemente, y cuando había conseguido el éxito por el que tanto había luchado, Gracia Montes, al contraer matrimonio, desapareció de los escenarios y de cuanto se relacionaba con el teatro y la copla; un lapsus que duró casi ocho años, hasta 1965, en que reapareció con “La rosa de las marismas” en un momento en que la canción española estaba en sus horas bajas, pero que  supuso otro éxito para Gracia Montes, a quien su público no había olvidado.
     Las canciones cantadas por Gracia Montes han sido escritas y compuestas por los mejores autores y músicos de este género; esto, y la voz tan peculiar como privilegiada de la cantante, fueron dos de los factores determinantes para que cada una de las  canciones interpretadas por ella constituyera un rotundo éxito, siempre avalado por un público que la situó desde el principio en los puestos más altos del palmarés de la canción española. Su amplia discografía deja constancia de la calidad de esas canciones.
     Pese a su gran popularidad y al éxito de sus espectáculos y canciones, Gracia Montes solamente interpretó dos películas que curiosamente nada tenían que ver con el género folklórico: “Historias de la radio” y “Muerte de un ciclista”, consideradas hoy  obras antológicas del cine español.

GRACIA MONTES                                           
LA VOZ DE CRISTAL
                                                                           
Deslumbra con sus trinos sensuales
el timbre de su voz; y cuando canta,
el mismo ruiseñor se desencanta
al no alcanzar sus notas musicales.

De su pecho, brotándole a raudales,
su voz, estremecida, se agiganta;
y ardiendo en el crisol de su garganta
se funde en un concierto de cristales. 

El lenguaje racial de sus canciones  
habla de amor, de odios, de pasiones,
celos, dolor, de penas o alegría.

Tiene su voz tal duende y señorío,
que el día que nació, Lora del Río
parió la mejor voz de Andalucía.

Paco Acosta Roldán

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