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Estilos del cante: La malagueña
Audio: Malagueña.  Suenan palmas al compás. Rocío Jurado 

Perfiles Flamencos. 30.05.10 


Capítulo LXXI. Málaga es como un hermoso y verde paraíso en el que los más viejos duendes del flamenco, en Dios sabe que mágica noche de juerga, debieron mezclar en un dorado crisol las azules transparencias de las aguas que la bañan, la cálida brillantez del sol que la ilumina y la suave templanza del aire que la acaricia. Fundido que hubieron todos estos elementos con los que la Naturaleza distinguió estos pagos, el  contenido de aquel crisol fue vertido sobre sus sierras, agrestes y bravías; por entre las umbrías frondosidades de sus valles, por sus campiñas verdes y feraces, y entre sus pueblos, acogedores y blancos como palomas. Luego, como un río de lava cruzando de parte a parte una tierra tan solidaria como generosa, el magma resultante fue desplazándose hasta cubrir la rubia arena de sus playas donde, cristalizándose al frío beso de las olas mediterráneas, quedó formado el molde del que brotaron los cantes malagueñeros para, desde allí, crecer y extenderse por toda la comarca. Así debió de ser el origen de los fandangos abandolaos de Vélez-Málaga los cuales, recreados en la voz de Juan Breva, fueron derivando hacia la malagueña tal como hoy se conoce y se canta.

     Influenciados seguramente por el estilo del cantaor veleño, otros cantaores, nacidos o no en Málaga hicieron su creación personal del cante, que a su vez pudieron influir en nuevos cantaores que, con ligeras variantes, fueron configurando el amplio plantel de intérpretes creadores de la gran riqueza del cante por malagueña.
      Varios han sido los cantaores y cantaoras que crearon y personalizaron con su nombre una o varias malagueñas. Entre las de la tierra cabe destacar, entre otras, las de El Canario, cantaor nacido en Álora, localidad de gran influencia en el cante que nos ocupa, y que quizá sea la más pujante y de más brillante musicalidad; la de la antequerana Trinidad Navarro, La Trini, una de las más dificultosas a la hora de interpretarla; la del también aloreño Diego El Perote; las de los malagueños Baldomero Pacheco y El Maestro Ojana, o la del Niño de Vélez, de cierta influencia chaconiana esta última. Respecto a otras malagueñas cuyos creadores no nacieron en Málaga,  hay que citar la de Concha La Peñaranda, nacida en Cartagena, como una de las más originales; la del gaditano Enrique El Mellizo, de acusada solemnidad y claramente diferenciada de otros estilos y, por supuesto, a don Antonio Chacón, jerezano a quien se le reconoce creador de varias malagueñas, todas de gran belleza y dificultad interpretativa, y que ha quedado como el gran intérprete y recreador no sólo de este cante, sino de otros muchos estilos a los que él dio carta de identidad.
        El toque, ejecutado al libitum, con que se acompaña este cante encuadrado entre los llamados libres, es de una extraordinaria riqueza musical que se presta al lucimiento del tocaor por la gran variedad y belleza de sus arpegios y trémolos. Las coplas,  generalmente compuestas de cinco versos octosílabos que se convierten en seis por la repetición del primero, tienen en sus letras una amplísima temática girando en torno a desilusiones y desengaños amorosos; a la vida como una carga difícil de soportar; a la muerte, a veces deseada, o alusivas al amor materno; muchas de ellas son fervorosas súplicas a Dios como último recurso para remediar las penas o los males.

Para que tú me olvidaras  
tu madre a Dios le pedía;  
pero Dios no la escuchaba  
porque lo que ella quería  
entre sus manos no estaba.   

Despierto yo no te aguanto
ni soñar quiero contigo;
porque te aborrezco tanto
que despierto te maldigo
y te maldigo soñando.

Mi madre se me moría
de una enfermedad mu mala;
y aunque en Dios yo no creía
por ver si Él me la curaba
le rezaba to los días.

LA MALAGUEÑA
PIROPO DEL SUR

Quizá fuera un lamento que salía
de un corazón de amores malherido;
un llanto largamente reprimido
que aquí rompió su grito de agonía.

O un ruiseñor que alegre volaría 
en busca de lugar donde hacer nido,
y por tanta belleza seducido
en las tierras del Sur se quedaría.

O fue un coral, que sobre la costeña
arena fue arrastrado y se varó
sobre una blanca playa caletera.  .

Así debió nacer la Malagueña.  
Y al escucharla, el pueblo la adoptó 
haciéndola su cante y su bandera.

Paco Acosta Roldán

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