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El nuevo flamenco o flamenco fusión

Perfiles Flamencos. 09.05.10 

Capítulo LXVIII. Vaya por delante, y ante todo, la nula pretensión de enjuiciar, y mucho menos criticar a toda una pléyade de artistas de ambos sexos, casi todos de envidiable juventud, que irrumpen con regularidad en el panorama artístico con creaciones híbridas, algunas de ellas de innegable calidad, con la pretensión de acercarse a la puerta del flamenco pero que no pasan de sus umbrales; y que si bien evidencian sin lugar a dudas que hay un público más o menos amplio que gusta de este tipo de música, no dejarán en su mayoría, seguramente, su nombre escrito en los anales del flamenco. Nada que objetar a que cada cual entienda o interprete el arte, que indudablemente lo hay en muchas de esas composiciones, de la forma que mejor le parezca; otra cosa es que quieran vender su producto, aun siendo este de calidad, con la a todas luces pretenciosa etiqueta de  “flamenco fusión”, o desprestigiándolo con el de nombre de “flamenquito”

El flamenco tuvo que esperar, durante mucho tiempo, hasta conseguir liberarse del férreo yugo a que lo tenía sometido gran parte de una sociedad regida por una pretendida moralidad de doble rasero, una sociedad que lo utilizaba alegremente en fiestas pródigas en vino fácil y licenciosas costumbres, celebradas en lugares exclusivos y tolerados, protegidos sus excesos por la complaciente complicidad de la noche, pero que lo execraba despiadadamente cuando la delatora claridad del día ponía de manifiesto su hipócrita y defectuosa conducta; así mismo, hasta erradicar el concepto peyorativo en el que desde sus principios y durante tanto tiempo se le ha tenido, el flamenco ha luchado denodadamente para derribar unas barreras que no le permitían mostrarse con el título de fenómeno cultural a que tenía derecho, título que al fin se le ha otorgado y que  ha llevado a que la propia Unesco, reconociendo la evidencia de su proyección cultural, brinde su influencia y apoyo económico para el estudio y difusión del flamenco tanto en España como en el extranjero. Este reconocimiento se debe a que, desde los profundos veneros en los que empezó a manar el cante jondo llevando su esencia hasta las fuentes de las que han bebido tantos excelentes intérpretes, y desde que el pueblo plantara en su generosa tierra la poderosa raíz del tronco del flamenco, los grandes maestros han defendido y defienden la pureza de los cantes, protegiéndolos de cualquier tipo de mistificación o adulterio que mermen los valores antropológicos de una herencia destinada a toda la humanidad.
      Hoy parecen cortados por un mismo patrón la casi totalidad de estos nuevos intérpretes musicales que, cuando no es con aires rumberos, no sabemos por donde van a salir; hoy, casi todos los nuevos cantantes abusan de un mimetismo exasperante, pretendidos imitadores de una voz inimitable por sus rasgos flamencos y gitanos; hoy, en fin, pretenden, con escandalosas mistificaciones, deformar estilos de cante que han quedado, inamovibles en el tiempo, como la gran herencia de los grandes creadores que fueron, son y serán, los artífices de que el flamenco sea considerado cultura universal.
     Es pues, gran despropósito querer comparar este mal llamado “nuevo flamenco”, desprovisto del más mínimo rasgo de jondura, con las profundas y milenarias raíces del cante jondo; y es a todas luces injusto colocar al mismo nivel a tantos grandes cantaores, intérpretes y conservadores a ultranza del flamenco más puro y ortodoxo, con los intérpretes de esta nueva corriente, innovadores no se sabe bien de qué, con su “flamenco fusión” que, si bien puede ser en alguna ocasión agradable de escuchar, la mayoría hacen una efímera carrera, sin apenas dejar huella en el espíritu, ya que están muy lejos de hacer sentir ese “pellizco”, ese algo, misterioso e intangible, que araña las venas y subleva la sangre, que es lo que ocurre escuchando al verdadero cantaor cuando, habitado este por los más arcanos duendes se transforma en pozo de jondura, y de la mano nos lleva a beber a la fuente del verdadero y ancestral flamenco.

EL FLAMENCO FUSIÓN
LA VERDAD DEL CANTE

Dos siglos ha que de tu sementera,
irguiéndose orgulloso y con firmeza,
brotó un árbol de tronco y de corteza
imbatibles a golpe o ventolera.

Dos siglos que tu escudo y tu bandera  
grabaste con un cuño de grandeza,   
para que del flamenco, la pureza,  
nada la adulterara o corrompiera.

Hoy quieren eclipsar tu vieja gloria
con un cante, por nuevo, sin historia,
al que falta jondura y corazón.

Hoy pretenden negar tu gran verdad:
que para mantener tu identidad
jamás necesitaste de fusión.

Paco Acosta Roldán

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