Tu diario. Libertad de expresion

Visite nuestro patrocinador                     Visite nuestro patrocinador

Telf. de interés Su opinión Clientes Normas de Alh.com Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca Todas las carpetas•9 usuarios en línea • Martes 26 de Septiembre de 2017
banner

Pregón al Cristo de la Vera Cruz y a la Virgen de la Soledad
Ver imágenes de Pepe Cano

Manuel Guerado Zorrila. 12.03.10 

En la luz de la mañana
yo quisiera ser poeta
para encontrar palabras
que expresen los sentimientos
que brotan dentro del alma.

Cuando contemplo a la Virgen,
cuando me acerco a besarla,
hasta el corazón me llega
el calor de Su mirada.

¿Cómo explicar el influjo
de su sonrisa y Su cara?
Eres consuelo y perdón
pues sin Ti, no queda nada.

 






En la lucha nos das fuerzas,
en la tempestad, la calma,
Virgen de la Soledad,
tus hijos todos te llaman.

No estas sola Madre mía,
ellos siempre te acompañan,
y es su orgullo pregonar
que eres Virgen venerada,
por eso vuelan gaviotas
y repican campanas.

Por eso pido a este pueblo
que seas Virgen Coronada,
para que Alhaurín de la Torre
¡¡¡te proclame Soberana!!!.

Recuerdo, que cuando era pequeño, en el colegio nos preguntaban como eran los ojos de la Virgen. Todos, nos aprestábamos a contestar que los ojos de la Virgen eran grandes o pequeños. Alargados o achinados. Marrones o Celestes. Alegres o llorosos.

“Vuelve a nosotros esos Tus ojos misericordiosos y muéstranos a Jesús, fruto bendito de Tu vientre”. Así son los ojos de la Virgen: misericordiosos.

Y esa misericordia, te pido hoy Madre y Señora de la Soledad, para que ilumines el camino de este humilde hijo tuyo, que ha venido a cantarle a la historia más grande jamás contada. Que ha venido a hablar de lo que muchas generaciones han hablado y hablarán. Que ha venido hoy aquí, a pregonar la salida procesional del Santísimo Cristo de la Vera Cruz y ¡ay!, de Su madre, mi Virgen de la Soledad.

Quiso Dios, que Su madre se llamara María, que el hombre la tuviera devoción, que fuese digna de alabanza, que fuese fuente de bondad y, dime Alhaurino ¿Cómo le puso de nombre? ¡¡¡Soledad!!!.

Reverendo Padre Párroco de la Iglesia de San Sebastián, Reverendo Padre Vicario Parroquial – Coadjutor de la Iglesia de San Sebastián, Excmo. Sr. Alcalde de Alhaurín de la Torre, miembros de la Corporación Municipal, autoridades civiles y militares, Hermanos Mayores honorarios de esta Corporación Nazarena, Hermanos Mayores de las Cofradías del Nazareno y la Virgen de los Dolores y de la Pollinica y la Virgen de la Esperanza.

Hermano Mayor y Junta de Gobierno de la Archicofradía del Santísimo Cristo de la Sangre y María Santísima de Consolación y Lágrimas, Junta de Gobierno de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Vera Cruz y Nuestra Señora de la Soledad y, permítanme que le deje para el final, como un saludo especial, querido Hermano Mayor de mi Cofradía de los Verdes, amigo José Antonio Haro,

Confieso que cuando empecé a escribir estas palabras, todo un mundo se me vino encima. Eran y son muchas las cosas que a un cofrade se le vienen a la cabeza cuando un día, te encargan algo tan importante en tu vida como pregonar la salida procesional de tu Cofradía.

Recuerdo, que ilusionado pero a la vez muy nervioso, empecé a encomendarme a todo ser viviente que pudiera guiarme en ese difícil arte de contar las cosas con palabras que pudieren sonar grandes o elocuentes. Confieso que tuve la tentación de parafrasear y hasta plagiar.

Confieso que una fría mañana de noviembre (no era laborable, Joaquín), entre tenues sonidos de Semana Santa, me senté ante un cuadro de mi Virgen de la Soledad y me dejé llevar por lo que mis sentimientos  le dictaban a mi corazón.

Gracias, amigo Manolo, pregonero de 2009, por esas palabras exageradas sin duda, que sobre mí has dicho. Gracias una vez más por habernos hecho disfrutar con tus vivencias, con tus sentimientos, con tu ser cofrade. Malagueño y perchelero. Casi ná. Que se dice pronto. Intentaré estar a la altura de ese listón alto, muy alto que me has dejado. Difícil reto. Pero a la Señora de la Soledad me encomiendo y que sea Ella, quien guíe mis palabras.

No sería justo, comenzar este acto sin hacer público reconocimiento a la persona que ha hecho posible, la realidad que están viendo. A la persona que con laboriosidad, paciencia y porque no decirlo, fe y devoción a nuestra Sagrada Titular, ha bordado el frontal del Palio de la Señora de la Soledad. Brindo desde aquí por el magnífico trabajo realizado por los talleres de Dña. Felicitación Gaviero.

Se llama Pedro Albín Morcillo. Es malagueño y, cofrade hasta la médula. De sus manos, han salido óleos imponentes como el Paño de la Santa Mujer Verónica de la Cofradía de la Salutación, o páginas del libro Ruta Cofrade o del Cristo de la Humildad. Hoy, la noche, la luna, el Veracruz, la Soledad y el verde, se refunden para ser la anunciación de nuestra próxima salida procesional. Una conjunción de colores para un Viernes Santo.

Llamo a este escenario, al Hermano Mayor de nuestra Cofradía, D. José Antonio Haro y al pintor D. Pedro Albín, para descubrir esta magnífica obra.

Me presento ante ustedes, como Cristiano y Cofrade. Lo uno, no puede ser sin lo otro.  Vivo en mi la Semana Santa, como una fuente de fe y devoción a Jesús, como desorbitado cariño hacia Su Santa Madre, la Virgen María. Lo vivo, como creyente, porque ¿Quién puede ser tan necio que no identifique al Cofrade con un creyente?. ¿Has visto a Dios caminar, Alhaurino? Dime, ¿Lo has visto?. Yo lo veo caminar sentado a los lomos de un pollino, con la Cruz sobre el hombro subiendo las empinadas cuestas de este Jerusalén malacitano, Crucificado sobre un monte de rojos claveles o vencedor de la muerte en Su gloriosa Resurrección.

Yo he visto a Dios caminar, Alhaurino, a hombros de jóvenes y mayores que conjugan esfuerzo, cansancio y sudor, con la más firme devoción a un hombre, que ya sea sentado en un pollino, con la Cruz sobre el hombro, Crucificado, Yacente o Resucitado, tiene un solo nombre: Jesús.

Y yo he visto caminar a Su Madre. Llena de Esperanza, cargada de Dolor o rota en Su Soledad. Y esa Madre, con sonrisa en los labios, lágrimas en su mejilla o rostro desencajado, se llama María… Y es la Madre de Dios.

Me dirijo a ti. Solamente a ti y nada mas que a ti. Alhaurino. Y le pregunto, a lo más profundo de tu corazón, ¿crees que hay alguna diferencia entre el Jesús subido en el pollino, el Jesús que lleva la Cruz sobre sus hombros, el Jesús clavado en la Cruz, el Jesús que yace muerto o el Jesús que triunfalmente ha vencido a la muerte y resucita? No. No hay diferencia alguna. Los cuatro son el mismo hombre.

Jesús, no tiene más nombre que Jesús. Y es igual para todos. A todos nos mira por igual, no hace diferencias con sus hijos, a todos nos exige lo mismo y a todos nos hace cargar día a día con la cruz. Seguirle no es tan fácil como hincar el hombro debajo del varal, o vestirse de nazareno, o andar descalzo detrás de Su trono, o hacer vigilias. No. Seguirle, no es solo rememorar año a año el recuerdo de una tragedia, la más grande de la historia, acaecida hace más de veinte siglos.


Seguirle ha de significar que fijemos nuestra atención en evitar la repetición día a día de esa misma tragedia, en la que Jesús, presente ante todos los desfavorecidos, sigue padeciendo y muriendo en las cruces que se alzan a miles por el mundo.

Y esa reflexión, debe llevarnos a la conclusión de que todo el año es Semana Santa, y que Jesús sigue sufriendo, padeciendo y muriendo. Pero existe una gran diferencia: la de que nada pudimos hacer hace ya veintiún siglos para aliviar el dolor del crucificado, porque no existíamos;


ahora si existimos y podemos arrebatar la cruz de los hombros doloridos de muchos de nuestros hermanos. La misma cruz que sigue llevando Jesús.

Cuenta la leyenda que un día San Pedro huyó de Roma asustado por la persecución a la que eran sometidos los Cristianos.

Cuando corría despavorido por las cloacas y caminos que conducían a las afueras de la después ciudad Eterna, se encontró a Jesús que caminaba con una cruz sobre el hombro en dirección contraria a la de San Pedro. El Apóstol le preguntó: ¿A dónde vas?. Jesús contestó: Voy a Roma y llevo esta cruz para que vuelvan a crucificarme. Los que yo esperaba que lucharan por mi, me abandonan, no son capaces de aguantar el dolor y el sufrimiento que yo sentí por todos vosotros.

San Pedro volvió a Roma. Había aprendido la lección. Luchó y murió por Jesús. En Roma encontró la vida eterna.

Todos llevamos nuestra Cruz. Seamos capaces de llevarla. No la queramos cambiar, ocultar o tirar. Siempre vendrá con nosotros.

Es una Cruz pesada, como la que lleva el Santísimo Cristo de la Vera Cruz, cuando atraviesa el dintel de la Iglesia de San Sebastián y todo un pueblo se rinde a Sus pies. La misma Cruz que roza las paredes de la estrecha calle Ermita. La Cruz que ilumina con sus hachones ese mar de romero que es la calle Real.

Esa Cruz que abraza a miles de personas que Le esperan en su regreso en la Plaza de San Sebastián.

Esa Cruz, que tiembla ante el dolor de un hombre que ha pasado de la agonía a la muerte y que vuelve a su Templo para que ante la Magdalena llorosa y la Soledad de una Madre, sea depositado en la tumba. Esa Cruz, que ha quedado vacía y manchada con la sangre de un inocente.

¡¡¡Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y muéstranos Señora, el camino que debemos seguir!!!.

Y ahora, les voy a contar una historia. Yo tengo tres amores en mi vida. Aunque me contradiga, les diré que aunque todas tengan el mismo nombre de pila, son diferentes entre sí.

Una se llama Gracia y Esperanza, la otra Victoria y la otra… la otra por obra y gracia de Dios, se llama ¡Soledad!.  Sí, he dicho bien, por obra y gracia de Dios. Verán, desde pequeñito, he estado vinculado por tradición familiar a la Pontificia y Real Congregación del Santísimo Cristo de la Buena Muerte. Más conocida por Mena. Una Congregación, que al igual que nuestra Cofradía tiene a la Legión como Hermanos Mayores Honorarios. Y ellos al Cristo de la Buena Muerte, como su Sagrado Protector.

Yo siempre había sentido atracción por esa Cofradía. Y mi padre, orgulloso de ello. Sin embargo, no era Él el que me atraía. Sino alguien que iba detrás. Con Sus manos entrelazadas, una tenue sonrisa mezclada con dolor, una cara de niña que quita el sentío. Y quiso Dios, que esa Madre, tuviera por advocación el nombre de Soledad.

Un día, hace ya once años, un compañero del Ayuntamiento me llevaba a la Iglesia de San Sebastián. Entramos y me acercó al altar donde estaba el Santísimo Cristo de la Vera Cruz. Pero por alguna razón que aún hoy me pregunto, mi primera mirada no fue para El.

Yo me quedé prendado de aquella mujer, que me miraba fijamente a los ojos. Pretendidamente me cambiaba de posición, y me fijaba en que Su mirada me seguía. Aquellos segundos, se volvieron eternos y una sensación de paz interior, de sosiego, de tranquilidad, recorrió todo mi ser. No pude dejar de mirarla.

No pasaron muchos días, cuando el aroma a incienso inundó las calles de Alhaurín. Y aquel Viernes Santo yo, La seguí.

Me confundí entre las gentes que la miraban y vitoreaban. Me refugié en las esquinas y me escondía para descubrir algo nuevo cada vez que pasaba. Al final, ya no pude aguantar más y me presenté ante Ella. ¿Qué quieres de mí, Madre mía?.

Yo quiero rezarte, Virgen de la Soledad. Y pedirte que no sientas soledad antes tus hijos perdidos. Que no pierdas la mirada ante aquellos que no saben ver la llamada de Tu hijo. Que ayudes a los que huyen y no plantan cara a la adversidad. Que hagas oír al que no quiere oír y ver al que no quiere ver.  

Yo quiero rezarte Virgen de la Soledad. Como cuando lo hacía escondido por las esquinas al verte salir triunfante de la Iglesia de San Sebastián. Allí, confundido entre uno más de tus hijos, miraba tu cara bendita y soñaba con sentir la misma sensación que cuando me encuentro contigo a solas cualquier tarde del año, entre las frías paredes de tu capilla y, al fijar la mirada sobre Ti, noto como me hablas.

Yo quiero rezarte, Virgen de la Soledad. Como cuando te veo solita caminando despacio por la calle Cantarranas, o cuando avanzas por la calle Málaga entre un mar de romero, o cuando saludas a todo un pueblo que te espera ansioso en la Plaza de San Sebastián, o como cuando las esquinas de tu palio casi rozan las paredes de la calle Ermita. Y ahí, la calle se hizo capilla, y hasta las paredes quieren tocarte, rozar tu manto divino.

Y el hombre de trono sufre, y el mayordomo mira, y las velas de tu trono inundan con su claridad la penumbra de la calle. Y los segundos se vuelven eternos. Yo te pido alhaurino, que busques a la Soledad. No la veas solo en la Plaza, o en la puerta de Su iglesia. Síguela. Vívela. Búscala. Mírala pasar por la calle Ermita, escóndete tras una esquina y descúbrela. Mírala subir por la calle Real, confúndete con las gentes que esperan todo un año para enjugar las lágrimas de una Madre.

Yo te descubrí, Señora!!. Y sentado en uno de esos duros bancos de tu capilla, lloré desconsolado una fría tarde de enero, cuando la sinrazón, la injusticia y la incomprensión, se unieron en uno solo. Y allí, mirándote a tu carita, te hablaba como a una madre. Te contaba, te decía, te lloraba. Y el hombre se hacía niño. Y tu, Soledad, me hablaste. Y sentí como me inundabas y mirándote fijamente a los labios, ellos se movían. Y susurraban.

Diez años llevo en esta tierra. Que tu Soledad, decidiste que aquí yo no naciera. Y cuando pasan los años y el tiempo se destierra, mil gracias doy a Dios porque a ti te conociera. Y después de este sentimiento divino, ¡¡dime, Alhaurino!!, ¡¡dímelo!!. ¿¿Soy o no soy de esta tierra??.

Yo soy verde, Alhaurino. Verde como el tallo de los claveles que forman Su trono. Verde como la Sierra de donde sale Su romero. Verde como el uniforme de las mujeres y hombres que honores le rinden. Verde como los hachones que le iluminan. Verde como el cordón de Su medalla. Yo soy verde, Alhaurino, Y ante el Cristo de la Veracruz me arrodillo y de El quedo prendado.

 El Veracruz cuando pasa
no pasa, siempre se queda,
porque está en los corazones
de todo aquel que le reza,
de todo aquel que le mira,
de esas mujeres con velas
que lo siguen cada año
para cumplir su promesa.
 
Y Él está con los que sufren,
con los que tienen tristeza,
con los que están agobiados
y también con los que enferman,
y en todo el que le acompaña
bajo Su trono o con vela.
 
Que el Veracruz nunca pasa
no pasa, siempre se queda,
y hay en sus ojos dulzura,
y hay en su rostro pureza
y hay un amor infinito
de los pies a su cabeza
¡y hay una expresión divina
que borra el mal y lo aleja!
 
Pasan la vida y los hombres
pero el Veracruz se queda
igual que se queda el aire
que acaricia las veletas.
   
Pasan las horas, los días,
los meses, las primaveras,
y Él seguirá en Su capilla
con sangre en las sienes,
con la boca ya reseca,
con sus manos doloridas
y con su frente sangrienta,
llevando clavada en la Cruz
nuestros pecados a cuestas.  

Aunque el mundo esté en su mano
siempre el Veracruz se queda,
y siendo Dios fue humillado
a pesar de su grandeza,
pero Él con su pisada
siempre avanza aunque no pueda.  

Veracruz del universo,
del sol y de las tormentas,
de lo bueno y de lo malo,
del día y de las tinieblas,
de la vida y de la muerte,
de los cielos y la Tierra.

  Veracruz por los dinteles,
Veracruz que nos esperas,
Veracruz en la mañana
y bajo la luna llena;

Veracruz que nos escuchas,
que nos perdona y consuela;
Veracruz de mis anhelos,
obra completa y perfecta,
Veracruz, Verdad del mundo,
Veracruz de nuestra Iglesia,
Veracruz, Luz y Camino
¡Nuestro Cristo en esta tierra!
 
Pasarán siglos enteros,
y siempre aquí su presencia
entre el trono y el esparto,
y cera color tiniebla
entre un silencio que rompe
la campana cuando suena.
 
Ven conmigo, alhaurino
que hoy otra vez es Cuaresma;
Dios me ha dicho que le siga
cumpliendo una penitencia.
 
Toma el ruán y el rosario
persigue esa tez morena,
tal como lo vio tu madre,
como le rezó tu abuela.

Todo se pare ante Él,
que la noche se detenga
y rezando le aliviemos
los clavos de Su madera.
 
¡Venid conmigo, venid!
que su zancada nos lleva
a un paraíso y a un Reino
donde no existen fronteras.
 
Que el Veracruz nunca pasa
su palabra es verdadera
que en su rostro hay un mensaje
de ternura y fortaleza.
 
Para hacerse alhaurino
bajó Dios hasta esta Tierra,
y por eso permanece
donde los vencejos vuelan
donde hasta el aire es distinto
y la sierra se eleva.
 
Que el Veracruz nunca pasa
nunca pasará, navega
andando sobre las aguas
y aquí en Alhaurín se queda.

Yo soy verde, Alhaurino. Y aunque el verde es esperanza, yo me quedé prendado de una carita divina envuelta en Soledad. Con su mirada dulce, triste por el dolor, el sufrimiento y la pronta muerte de Su hijo. Yo me enamoré de ti, Señora.

Yo se lo que es hablarte, sentirte y oírte. Yo he sentido lo mismo que aquella mujer que en una fría y lluviosa tarde de invierno, perdiendo su vista, daba puntadas de fe y devoción sobre Tu manto divino. Te hablaba y rezaba como si Tu, allí estuvieras. Y lo estabas, ¡claro que lo estabas!.

Ella lo sentía y cada puntada de aquel hilo negro y dorado, era una voz que te clamaba ayuda en su soledad.

Yo te he seguido, Señora. Y en mi clavaste Tu divina mirada. Yo Te he visto caminar y en unos días al templo iré a disfrutar del momento sublime de Tu salida en procesión. Allí estaré, como desde hace once años y mis ojos se humedecerán ante Ti, y rezaré para que Tu estancia en las calles de Alhaurín se prolongue en las horas, para poder disfrutar de Tu belleza sin igual.

Un año más en San Sebastián
Entre bordados y cera
Como un niño ilusionado
Iré a verte de cerca
Conociendo de antemano
Que en Tu infinita grandeza
Me quedaré estremecido
Por Tu serena belleza

En el carro de la vida
Se va un año y otro llega
Se van amor y recuerdos
Pero Tu siempre te quedas
Y Soledad es la palabra
Que el Viernes Santo resuena.

Y pregunto sin saber
¿Cómo esta la flor más bella?
¿Con fajín de general o
Con ropaje de hebrea?
¿Con la brillante corona
O la sencilla diadema?
¿En soledad, en la Capilla,
O en la Iglesia llena?

Y seguiré sin saberlo
¿Cómo está la flor más bella?
¿Cuando la veo en Su altar
O en Su trono en primavera?
¿Cuándo entonces Te soñara,
O de cerca, hoy, te viera?
¿A los pies de Su capilla
O en Su trono en la Iglesia?

Con el oro de Sus joyas
Con el brillo de Sus perlas
Que la gente de Alhaurín
Donara y así luciera
Sobre la reina del cielo
Sobre la reina en la tierra.

Y el amor de Tu pueblo
Coronará en tu cabeza
Y se volverá loco el pueblo
Cuando Tu cara contempla.

Y así seguiré diciendo
Lo que ya otros dijeran
Siempre serás flor hermosa
De esta o aquella manera.

Eres manantial de amores
Consuelo de toda pena,
La que sabe de alegría
Y conoce la tristeza.
La de mirada más dulce
La Alhaurina primera
¿Cómo cara tan bonita
Sobrelleva tanta pena?

Soledad, no encuentro la respuesta
¡¡perdóname mi locura,
Pero Tu de Alhaurín,
Eres la Reina!!.

Ya falta poco, Alhaurino. Ya mismo sale la Reina. Con palio bordado en oro, con manto desde Su cabeza. Con un mar de velas en Su rostro para disfrutarla de cerca. Que la plata de Su trono, se hace mar en las callejas y navega por las aguas de esta tierra que está ciega ante sublime belleza.

Cuento los días que quedan para ese triunfal Viernes Santo. Cuento los días que quedan para sentirte ante mis ojos . Cuento los días que faltan para que el milagro se vuelva a producir: confieso, que año tras año y ya van once, un nudo se me sube a la garganta cuando la veo salir de la Iglesia de San Sebastián y, lloro de emoción y alegría, emoción contenida durante todo un año y que dejo explotar en ese instante sublime en que sus bambalinas rozan el dintel de San Sebastián. Confieso que no me gusta moverme de delante de Su trono para vivir el inconfesable momento de vivirla en todas las calles y esquinas de mi pueblo, si, he dicho bien, mi pueblo, confieso que la emoción se hace aún más fuerte y siento envidia de los hombres de trono, cuando la veo entrar triunfal en la Plaza, confieso que ya poco me importa la procesión cuando Ella entra en la calle Málaga camino de Su encierro, confieso que me da exactamente igual que me vean llorar y rezar ante la imagen de mi Virgen cuando ya todo ha acabado y las últimas velas se consumen en Su trono.

Confieso y lo repito, que soy alhaurino de adopción, cofrade y por si fuera poco, de los verdes.

Ya termino alhaurino. No pude vencer a la tentación. Pero está hecho para Ella. Se llama Esperanza y también es Reina de muchos corazones. Verde que te quiero verde. Y ese verde, del Jueves Santo de allí y el Viernes Santo de aquí, se entremezcla para que a Ti, Soledad, te diga como despedida:

Pero como Tu, ninguna,
Estrella de la Mañana
De Morena de Juncal,
Y de Gracia Alhaurina.
Pero como Tu, ninguna,
porque Tu eres la torre
en repique de alegría
por los caminos del alba
y también sierra divina
entre espumas recamada,
y Alhaurin de encajes
con orilla de esmeraldas,
porque en sus cauces navegue
Tu Pena de Sal Amarga.
Pero como Tu ninguna,
Porque Tu eres la Bandera
Del Candor y la Ternura,
Rincón de amor y ventura
y eres su Calle de Cielo
y eres su Plaza escondida,
y eres Cristal de sus fuentes,
y eres Luz de sus esquinas
y eres Flor de sus jardines,
y eres Venda de su herida
y eres su Escudo de Gloria,
y eres Sangre de su vida
y eres Arbol de su sombra,
y eres Rosa de su espina
y eres Ala de su vuelo
y eres Campana en su arista
y eres Perfume en su ambiente,
y eres Color de sus días,
y eres Copla en sus sentires
y eres Faro y su Guía.

Por eso a Ti, Soledad
Talla en jardín de brisas
Con las Gubias Celestiales
Del Dolor y la Sonrisa,
Hay que  hacerte la Soberana,
de la tierra Alhaurina.
Y que te coronen de estrellas
Y que te proclamen Bendita
Y que bajen los Angeles
Para dejarte en la mita.
Como el sol o como la luna

Por eso Reinas habrá
Pero como tu ninguna.
Esta es mi Cofradía. La de los verdes. Así la vivo y así la viviré hasta que el Veracruz y la Virgen de la Soledad así lo quieran.
Así la hemos construido, así la hemos hecho, así la queremos; y vendrán generaciones que la harán todavía más grande, que la sentirán, que la querrán, que la pondrán en lugar más alto si cabe, porque el amor que todo un pueblo profesa a Jesús, clavado en la Cruz y a María, llena de Soledad, es algo que nunca nadie podrá cambiar.
Y ahora sí. Ahora voy a parafrasear, porque una frase, una sola frase lo resume todo: ¡Señoras y señores! ¡Viva el Cristo de la Veracruz y viva su Madre, mi Virgen de la Soledad!.
He dicho.

Manuel Guerado Zorrila
Centro Cultural Vicente Aleixandre
Alhaurín de la torre, 12 de marzo de 2010

Esta noticia ha recibido 3591 visitas       Enviar esta noticia



<-Volver

Artículos de opinión y colaboraciones:
Animamos a los alhaurinos a expresar sus opiniones en este periódico digital. Alhaurin.com no se responsabiliza del contenido o datos de dichas colaboraciones. Todo escrito debe traer necesariamente, incluso si quien escribe es un colectivo: Nombre, apellidos y un teléfono de contacto del autor. Envíe su artículo o carta a: redaccion@alhaurin.com
Alhaurin.com Periódico Independiente · Alhaurín de la Torre · Málaga. Dep. Legal: MA-1.023-2000. Andalucía Comunidad Cultural S.L. Servidor de Internet. Director: Alejandro Ortega. Delegado: Federico Ortega. 952 410 658 · 678 813 376
Webs que alojamos:
contador
visitas desde nov. 1998