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Los padres que robaban a sus hijos

Francisco Javier García Mata. 09.12.09 

Existe un orden natural de la vida en el cual los padres desean lo mejor para sus hijos, y según ese orden los padres se esfuerzan para educarles y guiarles por el mejor camino posible. En España, este orden natural ha sido quebrantado en los últimos años por nuevos comportamientos que han surgido a raíz de una época de mal llamada “bonanza”, y como consecuencia de estos comportamientos, una generación, la más joven, ha sufrido una atroz esquilmación de bienestar y derechos presentes y futuros. Así, por primera vez desde la guerra civil, estamos experimentando un penoso fenómeno: una generación va a ser más pobre que la generación de sus propios padres.

Este fenómeno tendría lógica en el caso de empobrecimiento general, catástrofe, guerra, pero no es el caso, no. España no ha sufrido una guerra en 70 años, nos hemos integrado en Europa, la tecnología avanza una barbaridad, tenemos Internet, la genética, nuevos medios de transporte, etc. El mundo, en general, y España en particular han avanzado tecnológicamente en 50 años probablemente más que en el resto de la historia de la humanidad. Sería lógico por tanto que las nuevas generaciones experimentaran paralelamente mayor bienestar. Sin embargo, no es así. 

¿Cuál es el problema?. Pues que ha habido una generación, o para ser justo, una parte de ella, que sin serlo ni valerlo, ha querido ser millonaria a toda costa. Y como dice el anuncio “por que yo lo valgo”, ha creado una ficticia riqueza para sí a costa de la generación de sus hijos. Sin pasos intermedios, han querido pasar de niños de la posguerra a hombres potentados, de los de mercedes y chalet en la playa. Como no eran capaces de hacerlo con el fruto de su trabajo, han optado por abandonar el orden natural de las cosas, hipotecando el futuro del país, arruinando el de sus hijos. Vía deuda les han robado a sus hijos los recursos y bienestar futuros, los que les corresponderían por el orden natural, y se los han pulido en ladrillo y coches. ¿Y qué les queda a sus hijos como herencia?. Pagar las deudas de la fiesta de sus padres, por supuesto de propina pagarles también las pensiones, y finalmente, malvivir con lo que les quede, si les queda algo. 

Que bien les ha salido bien la jugarreta. Amparados en leyes escritas con tal fin, ubicados en los puestos de decisión, lo han conseguido. Partieron de una situación supuestamente humilde, pero que permitía, con un sueldo, dar de comer a una familia y pagar una vivienda. Más quisieran los jóvenes de hoy en día aspirar a eso.  Después, en connivencia con la casta dirigente de parásitos inútiles que tenemos, pasaron al ataque con unos dogmas y tópicos que os sonarán:  

“Jóvenes, vosotros estudiad una carrera, aprended idiomas, informática, economía, preparaos bien para el futuro. Por supuesto que os eduquen en el cole, pero a nosotros dejadnos en paz que estamos muy cansados. Trabajad por un salario basura, comprad, sí, comprad vivienda lo antes posible, endeudaos de por vida para pagar un zulo infecto que te vendo a precio de oro y por supuesto no contéis con los derechos sociales de los que nosotros hemos disfrutado. Tened en cuenta que nos tenéis que pagar unas pensiones del copón, las mejores en la historia de España. Claro que ya veremos si vosotros tendréis pensiones o no. Por supuesto, a trabajar los dos, parejita, y pensaos bien eso de tener hijos, que la vida está muy mal. Por cierto, ¿os gusta mi nuevo todoterreno?.” 

Pero eso no es todo, encima la generación joven tiene que aguantar por parte de la generación mayor la “dialéctica del fanfarrón”, por la cual ridiculizan y menosprecian a la generación más joven. Se jactan de su éxito, presumiendo de su patrimonio, de que “lo que tengo me lo he ganado con mi trabajo”, poniéndose de ejemplo de lo que ellos fueron capaces de conseguir y los jóvenes no (sirva como ejemplo el escrito de José Manuel García Hernández del 6 de Junio del presente año, en respuesta a mi artículo “La hora de las rebajas”). Por supuesto, si les tocara empezar de nuevo, otro gallo cantaría, se iban a enterar de lo que cunden los sueldos que se pagan hoy en día.  

En conclusión, lo que hemos vivido en los últimos años es un juego de suma cero, pues para que una generación (o una parte de ella) haya podido cantar victoria, hay otra generación, la de sus hijos, que van a pasarlo muy mal durante mucho tiempo. La realidad es que la sociedad ha salido perdiendo en su conjunto, pues como efecto colateral se han perdido otras cosas además de bienestar y dinero. Y todo por la avaricia, que les ha cegado y les ha hecho robarle el futuro a sus propios hijos. 

fjgarcia@alhaurin.com

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