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EL PRÍNCIPE GITANO. CANTANTE.
Enrique Castellón Vargas. Ruzafa, Valencia, 1931
Audio: Los mimbrales 

Perfiles Flamencos. 06.12.09 

Capítulo XLVI. Aunque se le recuerde poco y la gente joven no sepa a quién nos referimos, El Príncipe Gitano fue, sin duda, una primerísima figura de la canción española y uno de los artistas más elegantes y que mejor paseaban los escenarios. Su apostura le abrió inmediatamente las puertas del cine, en el que protagonizó una decena de películas rodadas entre España y América, por el gran prestigio que gozaba en tierras de habla hispana; películas que como ocurre con frecuencia en esta clase de cine, no aportaron nada importante artísticamente hablando. Parece ser que su llegada al mundo de la canción fue casi accidental ya que su verdadera afición, alimentada desde niño, eran los toros. Una afición muy cara de mantener puesto que para participar en una novillada, los principiantes han de afrontar la pesada carga de los gastos y él, miembro de una familia de gitanos cuyo medio de vida era la venta ambulante y el trato de ganado, no podía costearse esos lujos.

     Pero tenía unas magníficas cualidades teatrales y un agradable metal de voz que encantaba a familiares y amigos cuando cantaba en esas maravillosas fiestas de las que los gitanos son tan amantes. Y siguiendo el acertado consejo de algún familiar, dejó los ruedos por los escenarios, aunque su afición por los toros nunca lo abandonaría.
     Y aquí parece que entra la proverbial  fantasía de Enrique Vargas: según él, cuando ganó algún dinero como cantante, tras torear 27 festejos con picadores y recibir tres cornadas, tomó la alternativa de manos de Antonio Bienvenida el Domingo de Resurrección de 1951 en la plaza de Cartagena. Pero, siempre según él, una vez terminada la corrida, en la que cortó dos orejas a su enemigo, y ante el estupor de su cuadrilla, se cortó la coleta: había cumplido su sueño de ser torero y se retiraba para siempre de los ruedos. Desde luego, ni en el “Cossío” ni en ningún otro medio hay noticias que nos permita tomar estas declaraciones como otra cosa que fruto de una mente bastante fantasiosa. Lo que no hay duda es que fue, como queda dicho, un gran y festejado intérprete de la canción aflamencada.
     Si bien empezó en la compañía de Carmen Morel y Pepe Blanco, en 1949, con 21 años, Enrique Vargas estrenó su primer espectáculo, “Coplas y Toros”, con canciones de Ochaíta, Valerio y Solano, entre ellas “Cortijo de los Mimbrales”, que supuso uno de sus más sonados éxitos. Desde entonces ha intervenido en cerca de sesenta espectáculos, casi todos encabezando cartel. Sus grabaciones discográficas se elevan a 1800 canciones, muchas de ellas de enorme éxito, que luego han grabado otros artistas famosos, pero que fueron creaciones suyas. Es el caso de “Sortija de oro”, que luego cantó y grabó Antoñita Moreno, o “Tengo miedo”, una zambra que tiempo después fue un gran éxito en las voces de Rocío Jurado y Marifé de Triana.
     Hay muchas canciones que llegan a ocupar primeros puestos en las listas discográficas, y que triunfan después que han sido grabadas por otro artista que no es su creador. Eso le pasó al Príncipe Gitano con el “Porompompero”. La cantaba él en su espectáculo, sin poderla grabar por estar en pleitos con su casa discográfica. Manolo Escobar, que iba contratado en la compañía del cantante valenciano, le pidió permiso a éste para grabar aquella canción. Enrique Vargas accedió a ello, y todos sabemos de sobra el enorme éxito que le ha reportado “El porompompero” a Manolo Escobar.
     Otras grandes creaciones suyas que gozaron largamente del favor del público fueron “La Tani”, “El Gurugú”, “¡Ay mi Dolores”, Obí, Obá y sobre todo, “Cariño de legionario” y “Cortijo de los Mimbrales”, que no faltaron nunca en el amplio repertorio de sus espectáculos.

EL PRÍNCIPE GITANO
ENTRE LA COPLA Y EL TORO

Semilla que en su tierra valenciana
soñó con germinar en el albero;
pero cambió sus sueños de torero
por la gloria de la canción hispana.

Sangre y raíz de estirpe soberana
y Príncipe Gitano verdadero,
su estilo personal creó un joyero
de coplas con la enjundia más gitana.

Artista pinturero, de cartel,
era la viva estampa de un clavel
meciéndose con garbo y señorío.

Las notas de su voz eran metales
flexibles como varas de mimbrales
que hacían delirar al graderío.

Paco Acosta Roldán

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