John estaba de espaldas a ella, sentado en la mesa del comedor, con los periódicos esparcidos caprichosamente frente a él. Su aspecto era terrible, aun cuando su cuerpo traspasaba los límites de la silla parecía empequeñecido. Su cara redonda se perdía entre sus brazos, dejando al descubierto únicamente unos pelos negros de rizos pequeños. Susan se puso frente a él, suavemente le apartó las manos de un rostro que parecía perdido en algún lugar lejano.
Él levantó la vista con mirada cristalina; Susan enseguida descubrió el mal que le acechaba al fijarse en el artículo que había frente a él: “Herederos del Klan”.
Vio la terrible mirada de un niño que apenas medía medio metro. El pequeño estaba agarrado a uno de los troncos de un árbol y se inclinaba hacia atrás con una mirada que escupía odio y un semblante orgulloso, malévolo, celoso de su trofeo. Un pequeño muñeco negro colgado de lo alto de una de las ramas. Detrás de él se veían decenas de cruces cargadas por una multitud de encapuchados.
‘John cariño, pasó hace mucho tiempo’.
John empezó a temblar ‘los estoy viendo ahora, estoy viendo como esos niños blancos se acercaron a mí. Ni siquiera pude escaparme, me quede paralizado viendo el odio en sus ojos bajo las capuchas blancas. Solo tenía diez y nadie hizo nada mientras me golpeaban con palos’.
Franki entró al salón, su padre apenas pudo secarse las lágrimas cuando su cuerpo regordete avanzó rápidamente hasta ellos, su pelo se confundió con el de su padre cuando este le levantó para sentarlo en su regazo. Franki no pudo evitar fijarse en aquel niño del periódico que se agarraba a un Árbol. ‘Mira papi ¿los niños también salen en los periódicos? Es muy raro ese niño, creo que está muy enfadado ¿con quién está enfadado? papi, papi mira ¿Qué le está haciendo a ese muñeco? lo va a estropear. Creo que ese niño necesita un fuerte abrazo, como el que tú me das cuando estoy enfadado. ¡Aaasí!’. El abrazo recompuso la cara de John nuevamente. La puerta del salón se volvió a abrir con la aparición del pequeño Samuel.
‘Te he encontrado, vamos Franki, tu te la quedas’. Dijo apartando el flequillo rubio de su pálida carita mientras se acercaba a Franki. Los niños se alejaron cogidos de la mano riendo mientras corrían.
Lydia. |