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JUAN TALEGA. CANTAOR
Juan Agustín Fernández Vargas. Dos Hermanas, (Sevilla), 1891-1971
Audio:  Verdiales

Perfiles Flamencos. 12.10.09 

Capítulo XXXIX. Este gitano, nacido en Dos Hermanas en la última década del siglo XIX, pertenecía a una familia entroncada profundamente al flamenco, originaria de Alcalá de Guadaira, conocida como los Gordos de Alcalá y, posteriormente, de los Paula-Talega, dinastía esta a la que habría que situar entre los primitivos pioneros del cante. Hijo de Agustín Talega, sobrino de Joaquín el de la Paula, y primo de Manolito el de María, Juan Talega era pues, heredero de un arte transmitido a través de varias generaciones por los miembros de esta familia gitana, pilares fundamentales de los cantes de esta tierra sevillana de Alcalá de Guadaira.

     Talega, tratante de ganado, frecuentaba, por su profesión, un ambiente harto propicio para desarrollar una afición con la que ya nacían todos los componentes de este amplio clan, y para la que él estaba naturalmente dotado en conocimientos y facultades: cantar. Y cantando en reuniones, surgidas la mayor parte de las veces al socaire de los tratos cerrados en tabernas y colmaos, al uso de la época, o en cualquier otra reunión en la que de cantar se tratara, Juan Talega era ampliamente conocido y admirado como un excelente cantaor aficionado, habitado por un duende que se le escapaba del pecho envuelto en un profundo quejío, sobre todo cuando hacía los cantes de Alcalá. Y entonces, de la garganta de aquel aficionado, se derramaba una fuente de flamencura jonda y antigua de la que podían beber, (y bebían), cantaores tenidos por grandes profesionales. Así cantaba Juan Talega, pero siempre en los restringidos límites del círculo de familiares y amigos.

     Casi septuagenario, en la última etapa de su vida, conoció a Antonio Mairena. Y de la mano de este maestro participó en algunos festivales y hizo sus primeras grabaciones. Pero Juan Talega no estaba acostumbrado a la agitación competitiva de los festivales, a la masificación de un público que no siempre sabe escuchar, y nunca se sintió a gusto en aquel ambiente. Ni su cante, sin ningún tipo de adulteración, era el que primaba en una época donde aún tenía muchos adeptos la llamada ópera flamenca, ni él hubiera sido capaz de adaptarse a una forma de cantar que estaba totalmente en contra de su propia naturaleza como cantaor de jondura flamenca.

     El escritor Antonio Gala lo describe de una manera genial: Juan Talega, con su “facies leonina” de leproso milenario, estaba allí, en escena, acorralado, falseado, limpiándose la esfinge reseca que tenía por cara con un pañuelo grande. Estaba allí y no estaba. ¿Cómo iba a estar, de verdad, un león en un teatro? Hay animales que no se reproducen en cautividad. Un león nacido en la jaula de un zoo tiene melenas, zarpas, cola batiente y ojos enojados. Pero, ¿es todo eso sólo lo que le hace león?

     Si su aportación al flamenco como cantaor puede ser considerada importantísima, no lo es menos en su calidad de mentor de Antonio Mairena. La amistad entre los dos cantaores, como el mismo Antonio reconoce, le permitió a éste escuchar de Juan Talega algunos estilos y sones olvidados o casi perdidos, pero vivos en la memoria del viejo gitano , y que gracias a él pudieron ser recuperados por Mairena.

     Su discografía no es, desgraciadamente y por motivos obvios, tan amplia como un artista de su clase merece. Pero lo que dejó grabado es un magisterio aprendido en los más arcanos rincones del acervo gitano, que es y seguirá siendo modelo a seguir en el cante flamenco.

JUAN TALEGA
JONDURA GITANA

Viejo bajel que hizo vibrar su quilla
en gloriosa y tardía singladura;
gitana majestad de voz madura
ante la cual el cante se arrodilla.

Del tronco del flamenco pura astilla
y pozo inagotable de jondura,
su cara reflejaba la tortura
que arrastra, en su dolor, la seguiriya.

De esfinge milenaria su apariencia,
era un crisol su natural herencia
donde el arte gitano se fundía.

Cual faraón en su ancestral misterio,
dominaba el antiguo magisterio
de una larga y flamenca dinastía.

Paco Acosta Roldán

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