Querida Ana:
Cuando te conocí ya estabas enferma, pocas palabras salían de tus labios casi enmudecidos, pero tu mirada hablaba… Aún recuerdo con cariño aquella tarde viendo un viejo álbum de fotos, me conmoviste porque a pesar de que no pudieses hablar me transmitiste todo el amor que sentías por tu familia, tus lágrimas me contagiaron y en mi imaginación te soñé en un día cualquiera ocupándote te tus hijos, serena y feliz, mientras preparabas la mesa a la espera de que tu marido llegase a casa, esa misma familia que ahora te cuidaba y te daba todo el cariño y ternura que tú necesitabas.
|
En una ocasión me preguntaste por la salud de mi madre y era yo entonces la que se quedaba sin palabras, o como cuando te visitaba con mis hijos y advertías que le pusieran algo de tomar…
Como poeta quiero confesarte que para mí, tú eras poesía, tu vida fue poesía… poesía lírica, llena de grandes sentimientos, amor y amistad, una vida que alguien debería escribir para enseñarnos a todos y recordarnos el significado de las palabras humildad, constancia y coraje de vivir. Y curiosamente elegiste un 23 de Septiembre para tu partida, el mismo día que eligió el gran poeta Pablo Neruda, el mismo día que el verano se despide una vez más…en definitiva poesía siempre.
Querida Ana, desde donde estés envíales fuerzas a tu marido e hijos y sólo espero que descanses en paz. Nota. La foto corresponde a la elección de Ana Cabrera como reina de las fiestas de Retamar en el año 2003. Federico Ortega |