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Volviendo a Consuegra

Esteban Alcantara. 31.08.09 

Hace pocos años, un estudioso caballero de la Orden de Malta que ya había iniciado la correspondiente investigación, me convenció para colaborar como dibujante en una amplia obra con la que se deseaba rescatar la historia de cinco siglos de la Orden de San Juan. Aquel compromiso me sumergió de nuevo en una de mis actividades más queridas: el dibujo del cómic histórico. Con pluma y tinta desempolvé los juveniles recuerdos de las Cruzadas y de los conflictos en el Mediterráneo oriental desde los siglos XII al XVI, en una época en la que las religiones imponían las relaciones de los hombres. Espuelas, cotas de malla, armaduras, cascos, embarcaciones, fortalezas y ciudades se fueron abriendo paso en las viñetas de negro sobre blanco, rematadas con los aguados. El libro vio la luz en el año 2005 con el título de “La Soberana Orden de Malta...la historia”, teniendo muy buena acogida por parte de los integrantes de la Orden y por aquellas personas seguidoras de la historia de la misma, tal como amablemente me significó el Gran Maestre, conde de Orgaz, en carta personal.

 La Orden de San Juan se transformó en la de Malta cuando el emperador Carlos V les encomendó a los caballeros la defensa de aquella estratégica isla. Antes habían sido los caballeros de San Juan del Hospital de Jerusalén, también denominados hospitalarios. Fueron tan capaces en su ejercicio sanitario y cuidado de los enfermos como en la defensa de los peregrinos que marchaban de Europa a los Santos Lugares. Se convirtieron en fuerza de elite, junto a los templarios, en las campañas contra los árabes, y pagaron un alto precio en la decisiva batalla de Hattin (1187), que supuso de hecho la pérdida de Jerusalén en manos de las huestes de Saladino.     
            Tras la épica defensa de San Juan de Acre y su caída, los caballeros de San Juan lograron tomar Rodas y establecerse allí con grandes dificultades y en enfrentamientos casi constantes con el imperio turco.
            Hoy Rodas, a los ojos de los visitantes, continúa con el sello de la arquitectura sobria hospitalaria en las construcciones de sus grandes edificios, calles, bastiones y murallas, sin faltarle siquiera a la ciudad unas significativas construcciones unidas intrínsicamente a la Orden, y dejadas por los caballeros tras la evacuación de la isla en 1523: los molinos.  
 
No es muy conocido, pero en plena llanura de la Mancha, tenemos la Rodas española: Consuegra (Toledo). De orígenes muy antiguos, fueron los escritores romanos los que le dieron nombradía  (denominada entonces Consabura), sufriendo las consecuencias de las guerras civiles, sobre todo en el asedio que la sometió Sertorio. Todavía hoy, las minas que se excavaron en aquel cerco permanecen debajo de la población (especialmente en la zona del Matadero). Pero lo singular de Consuegra es donde se levanta su castillo, una crestería llamada el cerro de Calderico que sobre la llanura manchega emerge como un navío de gran tonelaje. Alrededor de esta distinguida fortaleza, trece blancos molinos de viento nos indican la historia que escribieron allí los caballeros hospitalarios.
            Consuegra comienza el auge en su etapa mediaval en el siglo XII, justamente cuando el rey Alfonso VIII de Castilla (1155-1214) la cedió a los caballeros de San Juan en 1183. Esta donación la confirmó el Papa, Lucio III, constituyéndose Consuegra en la cabeza del Gran Priorato de San Juan, del que dependían poblaciones como Madridejos, Camuñas, Herencia, Villafranca de los Caballeros, Alcázar de San Juan, Argamasilla de Alba, Villarta de San Juan, Manzaneque, Turleque y Tembleque; los castillos de Cervera, Guadalerza y Peñarroya, y las aldeas de Puerto Lápice, Ruidera y las Labores, entre otras posesiones.
            El castillo de la Muela en Consuegra es una excelente fortaleza con una visión extraordinaria. Parte de su planta es romana, pero el diseño que nos muestra en la actualidad es hispano-musulmán. Un bastión al que los hospitalarios supieron dotar de tres recintos defensivos para, en caso de necesidad, extremar la resistencia en el último reducto, incluso contando con pocos hombres. El castillo está formado por cuatro grandes torreones, murallas, antemuros, traveses, aposentos, archivo de escritura de la Cámara prioral y Encomiendas.
            Después de visitarla en mi juventud en varias ocasiones, por mis idas y venidas de Toledo en las que siempre procuré hacer un alto por la paz que me aportaba la relajante vista desde las alturas de la crestería de Calderico, he vuelto a Consuegra. Sobre la fortaleza continúa la restauración que se inició hace algunos años, en la que han invertido los ministerios de Obras Públicas y Cultura, así como el propio Ayuntamiento. Hay que destacar también la gran labor que en el castillo de Consuegra ha realizado la Escuela-Taller “Alarife”. Tal como están las cosas, las escuelas-talleres son fundamentales en las tareas de reconstrucciones y restauraciones, pues son el centro de inquietud para muchos jóvenes motivados por la historia y el patrimonio monumental. Hemos visto las ganas de los alumnos de la escuela de Cañete la Real en el castillo musulmán y también su sorprendente resultado, como sabemos de lo conseguido por el taller de Comares en la recuperación de la historia musulmana de sus calles.
La reivindicación del patrimonio es importante, pero más necesaria es la recuperación “metidos en harina” con piedra y argamasa, y trabajo a pie de obra, porque significa que por encima de eso ya se ha producido la decisión, inversión y protección: decisión de autoridades, e inversión y protección institucional, pues entra en el terreno de las obligaciones y dirección que deben ejercer los cargos públicos. Recuerden: escuelas-talleres bien estructuradas y con medios para fomentar el amor por la historia de nuestros jóvenes. Son muy necesarias.
 Notable recreación de la batalla contra los almorávides
             Convencido de realzar su principal hecho histórico, desde 1997 el Ayuntamiento de Consuegra está invirtiendo de lleno en un ambicioso proyecto turístico que, ilusionando a toda localidad, ha atraído en el presente 2009  más de veinte mil visitantes que han copado todas las plazas hoteleras.
 Entre los días 14 al 16 de agosto, Consuegra ha vivido de pleno, por decimotercera vez, la durísima batalla que en el año 1097 tuvo lugar entre castellanos y almorávides. La población sólo tiene diez mil habitantes, pero más de quinientos de ellos se enfundan los ropajes medievales, y forman en las filas cristianas y musulmanas para recrear la batalla y el asedio al castillo de la Muela, entre las fuerzas del rey castellano Alfonso VI y el ejército almorávide mandado por Mohammed Ben al Hach.
Tras la terrible derrota de Sagrajas (Badajoz), los almorávides invadieron el territorio de la actual provincia de Toledo, decidiendo Alfonso VI  frenarlos en Consuegra. No contando el monarca con fuerzas suficientes se vio obligado a pedir refuerzos al Cid, mandando el Campeador a una aguerrida tropa a cargo de su único hijo varón y heredero de su linaje, Diego Rodríguez, que logró llegar sin novedad a Consuegra. No le ocurrió lo mismo a la caballería que traía desde Valencia el lugarteniente del Cid, Alvar Fáñez, cuya tropa sufrió un duro descalabro al caer en una emboscada de los almorávides cerca de Cuenca. Álvar sólo pudo llegar a Consuegra con unos pocos jinetes. Por entonces, Alfonso IV ya había colocado su puesto de mando en el castillo de la Muela, concretamente en la torre albarrana, de donde dominaba la extensa llanura manchega.
Fortificadas las murallas de la población y conociéndose ya la proximidad de los almorávides, el ejército cristiano quedó desplegado en el campo inmediato de la siguiente manera: Álvar Fáñez y Pedro Ansúrez formaron una primera línea con tropas de elite de infantería y caballería; tras ellas, quedó el bien armado contingente valenciano, al mando del joven Diego, que contaba con el apoyo de la caballería mandada por el conde García Ordóñez.

Con decisión, los dos núcleos de la infantería cristiana se dirigieron contra los almorávides, apoyados cada contingente por la caballería que llevaban agregada. En un primer envite, las tropas de Alfonso VI consiguieron romper las filas de la infantería africana; pero las alas musulmnas, formadas por ligeros jinetes, envolvieron a los cristianos poniéndolos en una situación crítica. Entonces el rey ordenó la retirada, replegándose el flanco izquierdo con  cierto orden, gracias a la labor de Ansúrez y Álvar Fáñez. Sin embargo, en el derecho, García Ordóñez sólo pensó en escapar sin ayudar a los infantes de Diego Rodríguez, que rodeado con sus hombres por un enemigo muy superior combatió hasta  que cayó mortalmente herido.
En un principio, Alfonso VI se refugió dentro de la ciudad, pero ésta no tardó en caer, buscando el monarca y sus escasas tropas refugio tras los muros inexpugnables de castillo. Pero ni la altura del cerro, ni la fuerte consistencia de los bastiones de la Muela intimidaron a los almorávides, que durante ocho intensos días de sitio realizaron sucesivos asaltos, repelidos todos ellos por los defensores, que resistieron sin apenas agua ni comida, y bajo las órdenes directas del propio rey, hasta que los musulmanes diezmados en su número, sofocados por el calor y conocedores de la proximidad de tropas cristianas de socorro, decidieron emprender la retirada por donde habían venido.
El actual alcalde de Consuegra, Benigno Casas, es un hombre muy comprometido con el proyecto, teniendo muy claro todo lo que esto va a significar para el futuro del pueblo. En cuanto a este año, “Consuegra Mediaval” ha destacado por la propia recreación de la batalla, la vida cotidiana en el castillo de la Muela en el siglo XI; el Concierto de las Tres Culturas con cantos judíos sefardíes, danzas populares musulmanas, cántigas y romances cristianos. A todo esto se añadió el desfile de las tropas, el zoco, la ceremonia ritual mozárabe, la arenga a las tropas y otras representaciones teatrales. A destacar la ya tradicional ceremonia fúnebre por el hijo del Cid.
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