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NIÑO GLORIA. CANTAOR
Rafael Ramos Antúnez. Jerez de la Frontera (Cádiz) 1893, Sevilla 1954
Audio. Fandangos de Huelva

Perfiles Flamencos. 30.08.09 

Capítulo XXXIII. Vivió y murió pobre, desgarradamente pobre, hasta el punto que no dejó a su hijo más herencia que una pequeña caja de madera, con apenas media docena de paquetes de tabaco y otro tanto de chicles que vendía en la Alameda sevillana durante los últimos años de su vida, en los que ya había dejado de ser aquel famoso cantaor tan admirado y querido de toda la afición flamenca. Triste final el suyo, como el de tantos otros artistas que murieron en la pobreza más absoluta. Sin embargo, y para la historia del flamenco, dejó una fabulosa y brillante herencia: su arte.

   Gitano nacido en la acrisolada tierra de Jerez en la que tan buenos artistas se han fundido, Rafael era familia de dos ramas muy importantes del frondoso árbol flamenco jerezano: la de los Frijones y de los Cabezas, y se dio a conocer en su Jerez natal donde alternaba el cante con su trabajo en los cortijos de la zona. Pronto pasó a Sevilla, trabajando en los cafés cantantes de la capital hispalense alternando con las más destacadas figuras de la época.
     Hermano de dos cantaoras de prestigio, Luisa La Pompi y Manuela, apodada La Sorda, era corriente verlos a los tres cantando aunque fue con la primera con la que más frecuentemente coincidía, actuando en los más afamados tablaos de Madrid, Barcelona o Sevilla, así como en Jerez, donde ambos eran muy admirados cuando cantaban por soleá, seguiriyas o bulerías.
     Profundo conocedor y magnífico intérprete de todos los estilos básicos del flamenco, destacó sin embargo en sus famosos fandangos, de una jondura y originalidad poco comunes en este estilo de cante, que aún hoy son un desafío para todos aquellos que se atreven a cantarlos, aunque nunca son interpretados con la grandeza y valentía que les imprimía El Gloria. Durante los años 1933-1934 trabajó con La Argentinita en el espectáculo Las calles de Cádiz.
     Saetero singular, poseía unas cualidades excepcionales para este cante, que hacía maravillosamente bien gracias a sus grandes facultades. Era tanta su fama de saetero que todos los años era contratado en su Jerez natal para, desde un balcón de la Calle Larga, poner el broche de oro a la Semana Santa jerezana con sus hermosísimas saetas por seguiriyas.
     Considerado uno de los más grandes cantaores por bulerías, El Gloria dejó unos cantes por este estilo de incomparable belleza, sobre todo en los dedicados a la Navidad jerezana, creaciones antológicas que nunca dejan de cantarse en las fiestas celebradas en torno a la Navidad.
     Joaquín Romero Murube, poeta y gran aficionado, lo define con estas hermosas palabras: “Se congestionaba en el esfuerzo titánico por llegar a la altura de su sentimiento. Había tal entrega y sollozo, que se advertía claro cómo cada copla le rompía las cuerdas del grito. Lograba ese tono de cristales arañados, que es el duende supremo de los auténticos cantaores. La multitud se hacía un mar de silencio”
     Cantaor digno donde los haya, aunque pobre sabía renunciar a cualquier juerga y a la ganancia que esta podía reportarle cuando en ella había personas (tan frecuentes en aquellos tiempos) que se mostraran irrespetuosos o quisieran abusar desde su superior posición económica de los artistas que actuaban; conducta por la que merecía el respeto de los demás cantaores que admiraban en él no sólo sus grandes dotes flamencas, sino el orgullo indomable con que defendía su profesión.

NIÑO GLORIA                               
JOYERO DEL CANTE

Los cantes del acervo jerezano
quedaron, en la voz del Niño Gloria,
escritos en el libro de la Historia
como el acto de fe de un escribano.

Había en su fandango un aire ufano
que era, tal vez, su grito de victoria,
al dejarnos impreso en la memoria 
su estirpe de flamenco y de gitano.

Las coplas enjoyaban su garganta,  
cantara bulerías, por taranta,
saeta, seguiriya o soleares.    
   
Su pobreza, cruel como una sentencia,
no le impidió dejarnos como herencia
un valioso joyero de cantares.

Paco Acosta Roldán

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