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Séptimo Arte. Doctor Zhivago

Esteban Alcantara. 10.06.09 

Antes de comenzar mi primer artículo de “Séptimo Arte”, deseo expresar brevemente mi agradecimiento a la dirección de Alhaurín.com por permitirme ejercer a través de este medio una de mis aficiones preferidas: escribir sobre cine, enfocado en el caso de esta serie a tratar películas que marcaron hitos en el mundo del celuloide y, por qué no reconocerlo, en nuestras propias vidas; exponiendo la vinculación del film con la Literatura e Historia, la creatividad de los directores, la interpretación de sus actores, su música, las vicisitudes de su rodaje y el impacto que logró en los espectadores. En definitiva, una página que hace bueno el conocido slogan de “Quien ama la vida, ama al cine”.

Pasternak: un poeta frente a todas las rusias

Dentro de pocos años se cumplirá un siglo de uno de los hechos que más decisivamente marcó la historia de Europa a lo largo del siglo XX. En 1917, cuando la I Guerra Mundial alcanzaba su máxima intensidad en el frente este del viejo continente, la derrota frente Alemania, el abandonismo y el hambre hicieron mella en el pueblo ruso, abocado sin remedio a una revolución de grandes proporciones que alcanzó su punto álgido en el llamado “Octubre Rojo”, cuando en la noche del día 24 se produjo el asalto del Palacio de Invierno de San Petersburgo por parte de obreros y soldados dirigidos por los bolcheviques, que no pudo impedir el llamado “Batallón de la Muerte” integrado por 139 mujeres. Se iniciaba así una terrible guerra civil que convertiría el antiguo imperio ruso en la Unión Soviética. 
Aquella radical transformación que, posteriormente, tendría repercusión en países de los cinco continentes, grabó para siempre en la historia los nombres de sus  principales protagonistas, como el de Lenín, el gran teórico de la revolución; Nicolás II, el último zar; Kerensky, el hombre de la transición imposible; o Stalin, que durante un cuarto de siglo estableció en la Unión Soviética un régimen de terror que causó la muerte de millones de personas.
Compartiendo tres décadas: años que precedieron a la caída del zar, la propia revolución y la feroz dictadura de estaliniana; un notable poeta ruso llamado Boris Pasternak (1890-1960) escribió una extensa novela titulada “Doctor Zhivago”.
Hijo del gran pintor judio Leonid Pasternak y de la famosa concertista de piano Rosa Kaufman, el joven Boris se acostumbró a ver en su casa paterna a grandes figuras del arte, como León Toltói, Serguéi Rajmáninov o Rainer Rilke. Estudió filosofía en las universidades de Moscú y Marburg, pero no ejerció la carrera como profesión, ya que su gran vocación era la poesía lírica.
Durante la I Guerra Mundial tuvo que trabajar en una fábrica en los Urales, siendo muy posible que en aquel espacio geográfico experimentara sentimientos muy parecidos al protagonista de su gran novela, pues no hay que olvidar que “Doctor Zhivago” tiene muchas claves autobiográficas.
Pasternak era un poeta consagrado antes de que estallara la II Guerra Mundial pero, a la vez, detestado y reprimido por las autoridades rusas. Su manera de soñar e imaginar,  amar y buscar entre lo imposible la belleza, contrastó con el durísimo ambiente cotidiano que vivía y respiraba, sometido al totalitarismo, represión, tortura, deportación y muerte. Él mismo sufrió las purgas del régimen y, aunque no fue deportado a los gulags, fue obligado a mantenerse en silencio, ya que su librepensamiento era considerado peligroso para el poder, siendo esa la causa principal para que “Doctor Zhivago” no se publicara en Rusia, ni siquiera con la política de “deshielo” de Nikita Jruschov, tiempo en el que no se aceptaba todavía ni la más mínima crítica a la revolución.
Algunos estudios recientes revelan que los servicios secretos norteamericanos se implicaron de forma rocambolesca para copiar un manuscrito de la novela que, retocada convenientemente a la forma de las ediciones rusas, terminó en la Academia Sueca, mientras que, paralelamente, era traducida y editada en Italia, en 1957, dándose a conocer rápidamente por Europa. Ambas acciones tuvieron consecuencias inmediatas y contradictorias: Pasternak recibió el Premio Nobel en 1958, pero en su país levantó mayores odios hacia su persona gracias a una campaña orquestada por las autoridades y la prensa del régimen para oponerle la repulsa de los estudiantes y excluirlo de la sociedad. Muy amenazado con ser expulsado de la Unión Soviética, el poeta se vio obligado a rechazar el Nobel, publicando una carta de arrepentimiento en el diario oficialista “Pravda”.
Vigilado de cerca por la KGB, mal visto por sus compatriotas y admirado por la Europa libre, murió en 1960. Tuvieron que pasar veintiocho años para que su mejor novela fuera publicada en la Unión Soviética.
 
Una gran historia de amor

“Doctor Zhivago” es ante todo una gran historia de amor que, en medio de las penalidades generadas por la revolución rusa, vive el médico-poeta Yuri Zhivago con su corazón dividido entre la fidelidad y admiración hacia su esposa Tonya, y el amor pleno y apasionado hacia una bellísima mujer llamada Lara, marcada por una vida de sufrimientos de relaciones anteriores. Zhivago es un hombre honesto y generoso, cargado de valores, pero sobre todo emotivo y sensible; frágil bagaje para hacer frente a su terrible rival Victor Komarovky, ambicioso, egoísta y altanero, y sin escrúpulos para conseguir cualquiera de sus objetivos. Ante esas “cualidades”, el bien de la sensibilidad es débil, pero aún sabiéndolo, siempre ha habido hombres en el mundo que la han llevado en su espíritu como una insignia, tal como lo hizo el poeta Antonio Machado: “Amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles, como pompas de jabón…” ¿Existe algo más vulnerable a una pompa de jabón…?  ¿Algo que ofrezca menos resistencia ante su destrucción? Sin embargo, el tesoro de la sensibilidad hace ver y llegar más lejos a las personas que lo poseen, que las que carecen de ella, y tal como le ocurrió a Yuri Zhivago, disfrutan en todos los extremos cuando aman, desbordando sus fuentes que parecen inagotables, y siempre, por muy adversas que sean las circunstancias, mantienen una búsqueda constante de los valores en general, y del arte y la belleza en particular.

La película de David Lean

En 1965, David Lean terminó de dirigir su película “Doctor Zhivago”, realizada gran parte de ella en España (Madrid y Soria, principalmente). Es increíble con Lean logró dotar de tanta plasticidad y belleza el amor vivido entre Zhivago y Lara que, en la gran pantalla, hace sutil y hermoso lo farragoso, tórrido y escabroso de la novela; y es que, en este caso, el tópico tan usado (incluso en círculos intelectuales) de “el libro es mejor que la película”, no se cumple: la novela de Pasternak es muy buena, pero la película de Lean está a su altura, e incluso, en mi particular opinión, la mejora en varios episodios gracias a la adaptación del guión de Robert Bolt y a la exquisita sensibilidad del  director. Escenas logradísimas, como cuando Yuri y Lara se vuelven a encontrar en la estepa rusa en medio de columnas de desertores, o se despiden sin nada que reprocharse en el hospital de sangre, o simplemente la ilusión que produce la visión de la luna en los ojos de Zhivago a través de un estrecho ventanuco de un vagón de mercancías atestado de pasajeros, que realiza un interminable hacia los Urales; mantienen la huella del excelente gusto de Lean. No digamos ya los pasajes en la hacienda de Varikino o el tratamiento de deseo contenido (y a la vez irrefrenable) de Yuri para buscar a Lara en Yuriatin. Otros episodios están cargados del drama de la guerra con una extraordinaria intensidad y fuerza. Recuerden el del veloz tren con banderolas desplegadas en la máquina, que en el momento de pasar como una exhalación entre varios grupos de personas, alguien masculla el terrible nombre de su cruel viajero: “Streinicov”, sucediéndole de un inmediato un primer plano del rostro del mismo, que deja sorprendido al espectador al conocer su identidad. Todo esto ha hecho que la película de Lean, mantenga hoy la misma frescura y belleza que cuando se estrenó, justificándo plenamente los seis Oscar que ganó.
 Julie Christie, como Lara, y Omar Shariff, como doctor Zhivago, se convirtieron gracias a la película en cotizadas estrellas, y Alec Guinness (Yevgraf), Rod Steiger (Victor Komarovky), Geraldine Chaplin (Tonya), Ralph Richardson (Alexander), Tom Courtenay (Pasha Antipov), Klaus Kinski (Kostoyed) y Siobhan McKenna (Anna) formaron un inolvidable plantel de actores secundarios que engrandecieron la película, al igual que la romántica música de Maurice Jarre.
Fue una producción de Carlo Ponti para Metro-Goldwyn-Mayer.

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