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NIÑA DE LOS PEINES. CANTAORA
Pastora María Pavón Cruz. Sevilla, 1890-1969
Audio:    Malagueñas

Perfiles Flamencos. 07.06.09 

Capítulo XXII. Mucho se ha hablado, con razón y justicia, de aquellas cantaoras que, por una razón u otra, han aportado al flamenco sustancias por las que han merecido ocupar un lugar destacado en la historia del mismo. Unas han sido por la jondura y rajo de su voz; otras, por la fuerza arrolladora de su temperamento o su personalidad artística. Otras veces ha sido la forma de decir o recrear un determinado palo o estilo del flamenco lo que les ha ganado el favor y reconocimiento de un público entendido y de una crítica imparcial y exigente. Las páginas del libro del flamenco están repletas de nombres de mujeres que han contribuido a engrandecer este arte nuestro viejo ya de siglos.

     Sin embargo, hay una que está considerada la mujer más importante, por lo completa en su oficio y por sus especiales características como cantaora, de esas páginas gloriosas en las que tantas artistas se han inscrito: la Niña de los Peines. Hermana de Arturo y Tomás Pavón, desde muy niña, con sólo ocho o nueve años, ya cantaba en público demostrando unas cualidades que, a juicio de los que la escucharon a esa edad, adelantaba lo que más tarde sería en el flamenco. En efecto, pocos años después había alcanzado un merecido primer puesto en el entonces nutrido palmarés de cantaores y cantaoras, y que no abandonaría mientras estuvo en activo en los escenarios del cante. De ella dijo Aurelio Sellés que tan bien la conoció: “Pronto hizo desaparecer a los cantaores de su época y quedó sola, repartiéndose los triunfos nada más y nada menos que con Chacón y con Torre. Caso igual de mujer, no se ha conocido”. García Lorca escribió de ella, sobre su temperamento y flamencura el más hermoso y poético retrato que se le pudiera dedicar a un artista, tratándola de “Sombrío genio hispánico, equivalente en capacidad de fantasía a Goya y Rafael el Gallo”
     Cantaora completa, la Niña de los Peines cantó todo los estilos y destacó en casi todos ellos: la seguiriya, por la que era tan admirada; en los tangos, a los que imprimía toda la jondura de su sangre gitana y en los que fue insuperable; intérprete genial de la soleá de la Serneta; flamenquísima por bulerías; extraordinaria como saetera y por tantos otros estilos a los que aún hacía más grandes por su forma de interpretarlos. De la petenera hizo una obra magna y personalísima que ningún cantaor ha podido superar. Fue ella quien, tomando como base unas coplas del folklore andaluz que nada tenían de flamencas la que, con su extraordinaria genialidad, las aflamencó creando así la bambera, cante que tuvo y sigue teniendo bastante eco entre los cantaores.
     Casada en 1931 con el también cantaor Pepe Pinto, formaron una pareja muy bien avenida dentro y fuera de los escenarios siendo innumerables los espectáculos en los que trabajaron juntos. Retirada de los avatares del cante durante varias temporadas, en 1949 reapareció junto a su esposo con la obra titulada “España y su cantaora”, y que fue su despedida oficial de un público entregado a ella por entero. A partir de ese momento, las pocas actuaciones que se permitió fueron para un público compuesto esencialmente de familiares y amigos íntimos.
     El 26 de noviembre de 1969, y presa de una dolorosa enfermedad, nos dejaba Pastora Pavón, la Niña de los Peines, de la que Manolo Caracol dijo que era “ voz y alma de Andalucía”. Habían pasado tan solo cincuenta y dos días desde la muerte de su esposo, Pepe Pinto. Un matrimonio en el que cada uno sentía un gran cariño por su pareja, que se respetaban y admiraban mutuamente, y que no sufrieron la pena de la separación ya que ninguno se dio cuenta de la muerte del otro.

NIÑA DE LOS PEINES
PILAR DEL CANTE

Fue llama de un candil de luz arcana
y de todos los duendes heredera;
el cante la eligió su pregonera
nombrándola su musa más gitana.

Hembra cabal, ninguna filigrana
adulteró su cante de solera,
brotado de una vasta sementera
con estirpe flamenca y sevillana.

Nadie cantó jamás con más pureza;
su estilo obtuvo cartas de nobleza
que ella llevó consigo hasta la Gloria.

Y Dios le dijo así: para que reines,
el nombre de la Niña de los Peines
será el pilar del cante y de su Historia.

Paco Acosta Roldán

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