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NIÑO RICARDO. GUITARRISTA
Manuel Serrapí Sánchez. Sevilla, 1904 - 1972
Fandango de las marismas de Huelva

Perfiles Flamencos. 16.05.09 

Para hablar del principio de la profunda y verdadera evolución de la guitarra flamenca hay que citar al Niño Ricardo, un guitarrista que fue, quizá, el principal artífice de esa gran evolución citada en el acompañamiento en el cante. Guitarrista genial, le tocó vivir la época más brillante pero a la vez más controvertida del flamenco. Acompañó a todos los grandes del cante y del baile del siglo pasado, desde la Niña de los Peines, hasta Antonio Mairena, pasando por El Pinto, el Niño Gloria, Manuel Vallejo y tantos otros, para los que era un verdadero privilegio cantar acompañado por una guitarra que siempre tenía la medida justa para cada cante. Ricardo poseía una rara intuición para lograr la perfecta compenetración y armonía entre él y el cantaor; a cada uno lo acompañaba como este deseaba que lo hiciera, sin mediar palabras entre ellos, y por diferentes que fueran los estilos y la forma de cantar de cada artista.

    Ricardo tuvo muy buenos maestros. Los mejores. Según su biógrafo,  Humberto J. Wuilques, “Niño Ricardo asimiló no sólo lo mejor de Montoya, sino también lo de Javier Molina y Manolo de Huelva. Aprendió de ellos como maestros que eran y, como maestro, los superó. Se quedó con lo que podía enriquecerle, y le imprimió su estampa, su estilo personal. Cuando Niño Ricardo integró las dualidades del triángulo, pudo liberarse y despegar, crear su propio estilo. Tenía por entonces cuarenta años, poseía una base muy sólida y estaba interiormente maduro. De Javier Molina aprendió mucho para el acompañamiento. De Ramón Montoya sus armonías, arpegios y dulzura, pero luego dio más relieve a sus falsetas. De Manolo de Huelva tomó el ritmo, la gracia y ese aire tan especial, sobre todo, por bulerías.”
     Luego, de su fuente, han bebido, en mayor o menor medida, todos los guitarristas actuales, incluso los mejores. Paco de Lucía lo reconoce con estas palabras: “Ricardo fue el maestro de nuestra generación, de Sanlúcar, de Serranito, de todos nosotros. Era el guitarrista que en esa época representaba el no va más, el Papa (...) Entonces todos los jóvenes nos mirábamos en él y tratábamos de aprender y de copiarlo.”
     Quizás a uno de los cantaores que más acompañara, y durante mucho tiempo,  fue a Juanito Valderrama. Amigo personal del cantaor de Torre del Campo, con su apellido de Serrapí, Ricardo compuso o ayudó a componer la música de las canciones aflamencadas de más éxito de Valderrama: El emigrante, De polizón, Su primera comunión, El inclusero etc.     
     Aunque haya prevalecido su faceta como acompañante del cante, Niño Ricardo fue un concertista magistral. Cuanto tocaba en solitario, la guitarra le crecía entre las manos, desprendiéndose de ella una prodigiosa mezcla de sensibilidad y arrolladora riqueza expresiva. Su legado musical, tanto de solista como acompañante, es de una extraordinaria belleza difícil de mejorar.
     Cuando en tantas otras cosas parece que la muerte empuja la memoria hacia el olvido; cuando en el horizonte flamenco no dejan de aparecer numerosos y jóvenes guitarristas dotados de indudable calidad artística, hay muchos entendidos que consideran a Ricardo el mejor acompañante de todos los tiempos, que todavía despierta una admiración que no hace sino crecer con el paso de los años.

NIÑO RICARDO
GUITARRA PARA EL CIELO

La guitarra, blasón de Andalucía,
quedó rota al morirse su cimiente,
y un profundo dolor quedó latente
en el mundo de la flamenquería.

La caña, soleá, la bulería...,
todo el cante lloró por el ausente,
convirtiendo su llanto en una fuente
que tras de su recuerdo discurría.

Hoy al cante le sirve de consuelo
que Ricardo compone desde el cielo
una oración flamenca que desgarra.

Y es porque Dios, cuando lo ve dormido,
a su lado se acerca y sin ruido,
le templa con sus manos la guitarra.

Paco Acosta Roldán

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