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Pregón de las Fiestas de la urbanización Retamar 2008
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Paco Acosta. 13.09.08 

Sr. Alcalde, D. Joaquín Villanova, Sra. Concejala de Fiestas, Dª. Isabel Fraile, Sres. Concejales y Concejalas de Gobierno y Oposición, Sr. Presidente de la Asociación de Vecinos de Retamar, D. Juan Doblas, miembros de la Junta Directiva, representantes de colectivos y asociaciones, vecinos y amigos todos:
En las pasadas fiestas de Retamar, cuando atentamente escuchaba el pregón dado por Luis Bravo, pensé lo difícil que lo tendría el siguiente pregonero debido a la brillantez con que Luis había desarrollado su interesante discurso. Y miren ustedes por donde nuestro buen amigo Juan Doblas, Presidente de la Asociación Vecinal de esta modélica y hermosa urbanización me da el sobresalto de elegirme para ser, queridos amigos y vecinos de Retamar, vuestro pregonero de este año. Y digo sobresalto no porque esta modesta colaboración mía para con vosotros no me satisfaga, bien al contrario, sino porque me acordé de aquel pensamiento que me vino entonces escuchando la magnífica intervención de Luis Bravo. Y sabía que lo iba a tener, hablando coloquialmente, bastante crudo.

En aquel momento creo que defraudé un poco a Juan Doblas al decirle que no podía comprometerme por cierta obligación contraída de antemano. Lo que pudo parecerle una vulgar excusa por mi parte, era absolutamente cierto: coincidiendo con estas fechas presentaba un libro en el Congreso Internacional de Flamenco, en Antequera, y cuando me ofreció la honrosa oportunidad de hablaros hoy y aquí, yo aún no sabía ni los días ni los compromisos que tendría que atender. Pero cuando me aclararon que la presentación del libro era inmediatamente antes de las fiestas de Retamar, llamé a Juan para aceptar y agradecerle su ofrecimiento, ofrecimiento que hace que me sienta honrado y orgulloso de poder participar como pregonero de vuestras fiestas, en las que tanto he disfrutado en años anteriores, y donde tantos y tan excelentes amigos tengo; negarme a ello hubiera sido no corresponder a la amistad y confianza, surgidas ambas del diario trato amistoso, de la convivencia y el entendimiento con muchos de vosotros.

Siempre procuro asistir a las ferias o fiestas que organiza cada barriada o pedanía de nuestro pueblo. Y me gustan estas verbenas populares, estas fiestas que se organizan entre vecinos y para los vecinos, pero a las que asisten gente de otros muchos lugares venidas con el convencimiento de pasar unas horas en agradable y festiva camaradería, ya que siempre son acogidos por los anfitriones de forma tan amistosa, tan cálida y generosamente abierta, que acaban por sentir esas lúdicas y esperadas celebraciones fiesteras como algo propio. Y me gustan porque ellas me traen a la memoria aquellas inolvidables fiestas vividas en los barrios donde pasé mi infancia, en aquella Málaga de las décadas cuarenta y cincuenta, cuando las penalidades económicas (y otras de índole social mucho más graves), no impedían que los vecinos de cada barrio, bajo la dirección de una competente Junta de Festejos, se unieran en un esfuerzo común para evadirse de muchos de los problemas cotidianos celebrando su feria particular, casi siempre bajo la tutela de algún santo local.

Y entonces, pese a las muchas carencias que se sufría, surgía el milagro: parte del barrio se encendía en una explosión de luces, mitad proveniente de las antiguas bombillas alimentadas por los apenas suficientes 125 vatios de la red de entonces, y mitad producida por la desbordante alegría de una gente que superaban cualquier dificultad con tal de escapar durante algunos días a las penurias de aquella época. Entre aquellas raquíticas bombillas y la enorme ilusión del vecindario, se creaba un potente caudal eléctrico que generaba luz suficiente para iluminar las calles, adornadas con cadenetas de papel teñido de colores, y llenar de brillante claridad los portales de aquellas viviendas colectivas, donde los vecinos reproducían en sus respectivas entradas estampas folclóricas, populares o costumbristas de una Andalucía cuyo viejo y verdadero tipismo dejó de existir hace muchos años. Cada antiguo corralón montaba en sus patios unos verdaderos retablos vivientes, animados por el propio vecindario y cuyos decorados, debidos al inagotable y genuino ingenio artístico de los vecinos, podían competir ventajosamente con los de cualquier obra teatral de prestigio. Celebraba cada barrio su feria veraniega con tan buen gusto y acierto que no desmerecían en absoluto de aquella otra feria, la oficial, que Málaga celebraba por aquellos años en el recinto de Martiricos.

Mucho han cambiado las cosas desde entonces; yo diría que casi todo ha cambiado, salvo ese espíritu que en muchos lugares vuelve a surgir entre los vecinos a la hora de unirse en la loable intención de olvidar, no sea que por unos días, problemas y rencillas, para hermanarse alrededor de un proyecto en el que todos, de una forma u otra, prestan su colaboración espontánea y desinteresada, estrechando lazos de amistad y camaradería.

Afortunadamente, vivimos en un pueblo en el que ese espíritu de convivencia, vigente en la mayoría de sus barrios y pedanías, ha sabido trasladarse a las nuevos núcleos y urbanizaciones, consiguiendo que sean pocos los lugares de nuestro municipio que no se distingan por la celebración de su fiesta o feria particular, además de otros diferentes eventos, para goce de propios y extraños.

La Urbanización Retamar es, seguramente, una de las que más se distingue por sus actividades, organización y logros, conseguidos a través de los pocos años transcurridos desde que naciera como tal. Limitando con la Avenida de la Democracia, esta hermosa travesía da entrada a la urbanización por la Avenida del Mar, centro neurálgico y comercial de la urbanización, y punto de encuentro y relax de muchos de sus vecinos; para entrar en ella es casi obligado pasar y admirar el arrogante barco que campea sobre la vistosa rotonda: barco eternamente varado sobre el firme suelo de rocalla, resistiendo tercamente los embates de las olas que lo rodean y que tratan, empujándolo unas y arrastrándolo otras, de que su airosa proa ponga rumbo hacia las cercanas playas malagueñas, como recordando que Alhaurín de la Torre, aunque enclavado entre la agresiva belleza de la sierra de Jabalcuza y la ubérrima vegetación de su hermoso valle, también se acerca a la cálida placidez del cercano litoral malagueño. Su precioso nombre, Retamar, evoca la verde y olorosa retama, tan abundante en nuestro municipio, y que tanto se usaba para calentar y perfumar los hornos de cocer pan que tan amplia y merecida fama dieron a los panaderos de Alhaurín de la Torre; el mismo nombre parece traer hasta nosotros el murmullo de las olas y hasta el aire salobre de las cercanas playas, de las que podemos disfrutar gracias a su proximidad con el pueblo.

Pero no es sólo el esplendido y orgulloso barco de su entrada lo que otorga ese aire marinero a esta preciosa urbanización, aunque su Patrona sea la Virgen de la Victoria y no la del Carmen. Porque a la Virgen, bien que siendo única, cada pueblo, cada asociación o entidad, e incluso cada persona, se la apropia para su particular devoción, la viste con un manto distinto y la venera con un nombre diferente para ser, al final, todos devotos de la misma imagen y dirigir a Ella sus ruegos y peticiones. Por todo ello pasear por las calles de Retamar es como entrar en una ciudad con sabor mediterráneo, con algo de onírico mar abierto a todas las singladuras, en cuyo puerto puedes embarcar, si te sientes deportista, en un soberbio Yate, en un elegante Balandro o una rápida Yola; si lo que prefieres es emular a los pescadores malagueños, puedes hacerlo en una sólida Barca pesquera, en una Traiña de altura o un Sardinal de nuestras costas; y si eres capaz de manejar con destreza el Timón, virando a Babor o Estribor y siguiendo la Rosa de los Vientos, puedes poner rumbo a lugares tan lejanos como Ciudad del Cabo, Port Elizabeth o Durbán, seguro de que con tu Eslora puedes echar el Ancla en cualquiera de estos exóticos puertos, siempre que te guíe el brazo lumínico de algún Faro. O puedes soñar con dar la vuelta al mundo en un blanco Velero, como hiciera el Navegante Isidoro. Queridos amigos, quien puso nombre a las calles de Retamar, bien merecía pilotar el orgulloso barco de su rotonda, con la seguridad de que lo llevaba a buen puerto. Ni El Palo, la barriada más marinera de Málaga, tiene tantas referencias con sabor marinero como ésta urbanización retamera.

Hay mucho que destacar de Retamar como urbanización relativamente joven con respecto a otras más antiguas y más grandes: desde sus excelentes instalaciones deportivas hasta sus numerosos y agradables jardines; desde sus colegios para asegurar la enseñanza de su población infantil, hasta su bien atendido centro comercial, suficiente para que sus habitantes puedan atender sus necesidades más inmediatas con lo que los vecinos pueden gozar de una cierta y no desdeñable autonomía. Tiene Retamar un lugar privilegiado, señalado con el nombre más hermoso y el que mejor define el carácter amigable y generoso de los vecinos de esta emblemática urbanización: es, ya lo habréis adivinado, el Parque de La Concordia. Ese lugar y ese nombre, si no hubiera otras muchas más cosas que destacar, serían suficientes para enamorarse de Retamar.

Retamar está presente de forma activa en los eventos más importantes y representativos de nuestro pueblo: Cabalgata de Reyes, Romería y Feria de San Juan o Fiestas de San Sebastián, entre otros; está presente colaborando con otras asociaciones y colectivos, o testimoniándose con su presencia en actos públicos ya sean de índole político, social o cultural, lo cual es muy importante por cuanto que demuestra que Retamar no está encerrada en sí misma, sino que se abre al pueblo y, a su vez, se funde a él como parte indisoluble del devenir cotidiano de Alhaurín de la Torre.     

Retamar se distingue igualmente por los muchos eventos en los que los propios vecinos son los organizadores: campeonatos de fútbol, talleres de pintura y manualidades, la celebración de la Navidad con la instalación del Belén, así como los concursos de postales para los pequeños, entre otras muchas actividades. Son igualmente los fieles organizadores de los diversos actos con que celebran el Día de Andalucía, en los que no faltan bailes, concursos, degustaciones, etc. A partir de ahora, con la reciente inauguración del nuevo, amplio y polivalente Centro Social Retamar Capellanía, se abren nuevas y múltiples posibilidades para las inquietudes creativas de los vecinos de esta urbanización cuyas instalaciones han de convertirse, tiempo al tiempo, en la más completa, acogedora y multicultural Sede que puede soñar y sueña cualquier comunidad dentro y fuera de nuestro pueblo.          

Pero en lo que verdaderamente destaca Retamar  es en su familiar y bien avenido vecindario: ellos hacen que nos sintamos como en la propia casa cada vez que venimos a disfrutar de su deferente y amistosa cordialidad; por ello, admiro a todos los vecinos en general, y en particular a ese nutrido grupo de personas, hombres y mujeres, que han dedicado y dedican no sólo su tiempo libre sino el que roban a sus obligaciones para velar por la afable relación y convivencia vecinal, tratando de mejorar día a día la buena marcha de la urbanización. Han sido y son muchos los que han contribuido y siguen contribuyendo a ello; pero permitidme que no cite nombres por temor a olvidar inadvertidamente a alguien, o dar más protagonismo a unos que a otros: vosotros os conocéis todos y sabéis los que han sido y los que son. Desgraciadamente, hay algunos que sólo están presentes en nuestro cariñoso recuerdo; otros que, por desgracia, están imposibilitados para seguir trabajando en la mejora de este hábitat compartido; y están aquellos otros que cumplieron con su labor en la junta vecinal, y se retiraron dejando paso a nuevas y dinámicas voluntades en este loable y desinteresado propósito. Y seguirán viniendo nuevos vecinos dispuestos a seguir la labor emprendida hace años para que Retamar siga siendo el modelo en que se miran otras muchas urbanizaciones. Y todos y cada uno de ellos seguirán aportando nuevas ideas y prestando su desinteresado esfuerzo para hacer cada vez más brillante esta feria que hoy celebramos. Y ninguno olvidará, como cada año, invitar a propios y extraños a esa suculenta paella que el próximo domingo degustaremos, y que ya está constituida como una tradición tan inamovible como esperada en la celebración de vuestra feria, y que es la ocasión, para vecinos y foráneos, de intimar juntos en agradable convivencia.

Por último, quiero daros las gracias por la atención con que me habéis escuchado. Aunque no sé si he conseguido despertar vuestro interés, si quiero deciros que he puesto el corazón para suplir otras carencias. Y os aseguro que estas palabras, que espero no hayan sido para vosotros ni largas ni pesadas, para mí han supuesto una agradable experiencia porque me han dado la oportunidad de conocer mejor vuestro entorno, de hablaros de tú a tú directamente, y me han ayudado a mejor comprender la realidad de vuestra querida y admirable Retamar.

Muchas gracias y felices fiestas.

Paco Acosta Roldán. Retamar, 12 de septiembre de 2009

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