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¿Nos pertenece el planeta azul?

Lina Arlandis. 13.06.08 

Llevamos largos días soportando imágenes con mucha desesperación y mucha violencia. La huelga de los transportistas ha hecho mucha mella y nos está afectando a todos. Transportistas, agricultores, pescadores… enfrentándose con las fuerzas de orden público. Agresiones, sangre, camiones incendiados con el conductor dentro…. ¡cuanta violencia y sinrazón! A muchos nos ha recordado una huelga que sufrimos en nuestra localidad y de esto no hace mucho. ¿Y los derechos de los demás a tener derechos? Esta claro que a todos nos está afectando la subida de los precios de los carburantes al igual que nos ha afectado la subida de los tipos de interés, de la leche, el pan…. En nuestras cuentas corrientes lo hemos notado. Eso está claro. Todos nos quejamos por la subida de los precios que no de los salarios y lo hacemos en los lugares más insospechados: las carnicerías, las peluquerías… pero pocos nos paramos a analizar los por qués.

Vivimos en un mundo tremendamente dependiente de las políticas de Washington, del precio del barril, de la bolsa y del neoliberalismo como ahora gustan llamarlo, de la globalización, en definitiva. Existe una larga y complicada cadena, como la del ADN, que va desde los productores a los consumidores pero pasando antes por infinidad de eslabones que van añadiendo costes al producto final. El agricultor vende sus naranjas por varios céntimos, los intermediarios las moverán de lugar y nos las suministrarán, pero nosotros, consumidores finales al final tendremos que pagar las naranjas a precio de oro. Puede que las naranjas se cultiven en el huerto de detrás de mi casa, pero irremediablemente tendrán que hacer un largo viaje hasta que yo, consumidor a la vez que vecino del huerto, las pueda comprar en una gran superficie. El transporte es imprescindible para que yo pueda comer naranjas y ese largo viaje añadirá muchos costes además de CO2 a la atmósfera que todos respiraremos. Habrá que correr con todos esos gastos. Ese es el alto precio del globalizado mundo en el que vivimos y estas son las reglas del juego; estamos obligados a sufrirlas que para eso vivimos y lo que es peor, nos lo creemos, en la Europa del bienestar.

 En los últimos años hemos asistido a una especulación atroz a todos los niveles. El precio de las viviendas, de los alimentos, de los carburantes… y muchos nos preguntamos ¿Quién se ha endosado las plusvalías? ¿Quién ha sacado tajada con las desgracias ajenas? Nosotros, los ciudadanos lejos de plantearnos la locura en la que estamos inmersos, la hemos retroalimentado consumiendo más y más como nuevos ricos presumiendo de un todoterreno y un chalet más grande que el del vecino aunque no lleguemos a fin de mes. El maldito sistema nos ha convertido en sus siervos y para mas inri, nos hemos hipotecado y casado con él de por vida y no tenemos escapatoria. Se han establecido unas relaciones de vasallaje que ni en la Edad Media, los grandes capitales son hoy en día los amos del mundo. Los grandes desequilibrios e injusticias en el mundo son debidos a que unos cuantos estamos expoliando en exclusividad los recursos y en general, el mundo, que es de todos.

Me salta a la memoria aquella viñeta en la que dos escuálidos africanos se preguntan como medio mundo se muere de hambre, mientras el otro medio paga por quitarse esos kilos de más. Esta realidad empezó a forjarse hace siglos, cuando los europeos y después los americanos nos lanzamos a conquistar y a robar el mundo. Destrucción, destrucción y más destrucción. Y así seguimos la estela dejada por los emperadores romanos, el imperio americano los ha sustituido aunque de una forma mucho más dañina; la ciencia y los técnicos puestos a su servicio que aunque no existan bombas en Iraq, las inventan, los medios de comunicación hacen parte del trabajo y a arrasar. Además nos prometieron que había que entrar en guerra porque el precio del petróleo bajaría, aún recuerdo aquella ministra con sus valiosos datos en la mano. Cuanto ha llovido desde entonces…

Hemos construido entre todos, un mundo bastante enrevesado y desaguisado… y lo vamos a dejar en herencia aún peor a este ritmo. Los más prácticos lo explicarán por aquello de los pecados capitales inherentes a la condición humana… probablemente… pero no es menos cierto que los grandes cambios en la historia de la humanidad los realizaron criaturas humanas que creían en la posibilidad de otras formas de organización. Según mi humilde opinión, el primer paso que tenemos que dar es un profundo cambio en la visión profundamente viciada que tenemos de la economía y de nuestro papel en este planeta azul que no nos corresponde.          

Lina Arlandis Mendoza.
Ciudadana y vecina de Alhaurín de la Torre.

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