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Carretera de la Muerte

Club Alpino Jarapalos. 20.02.09 

Mark Steven Woolley. Somos ultrafondistas. Nuestra esencia de ser significa, que recorremos grandes distancias a pie, corriendo todo lo que podamos y andando cuando no podemos correr más porque nuestros cuerpos ya han llegado al límite. Es la búsqueda de este límite lo que nos resulta tan atractivo, la búsqueda de la barrera que separa la bravura de la locura y es la búsqueda de la  aventura lo que nos hace sentir tan vivos. Nuestra vida moderna, en gran parte está ausente de aventura y si lo deseamos, nunca tenemos porque vivir incomodidades, no tenemos que pasar  hambre y nunca tenemos porque sentir miedo. Eso es precisamente lo que hace la mayor parte de la población, pero pienso que se equivocan. Para llegar a estos niveles de comodidad hay una historia, una historia muy triste, llena de hambre, sufrimiento, miedo y por último la muerte. Esta crónica es el relato de nuestra aventura en la carretera de la muerte, la N340 que separa las ciudades de Málaga y Almería. No solo buscamos un reto deportivo sino también intentamos comprender y vivir la historia que hay detrás de aquella huida tan desesperada de los refugiados en 1937.


En el 6 de febrero 1937 durante la guerra civil española, Málaga cayó bajo el dominio franquista, lo cual provocó una huida masiva de los ciudadanos hacia la ciudad de Almería por la carretera N340. Se estima que salieron huyendo de Málaga unas 150.000 personas. Se formó lo que se conoce como la desbandá. Fueron atacados por los barcos y aviones italianos e alemanes y solo unos 30 mil llegaron a Almería, recorriendo unos 200 Km. aproximadamente por la costa. El nivel de la masacre fue tan elevado que hasta los años 60, todavía era posible encontrar cadáveres y esqueletos a lo largo del recorrido.

Con la historia de la ‘desbandá’ en mente y el conocimiento de los conflictos armados recientes decidimos que teníamos que usar esta oportunidad para mejorar, en lo que podamos la situación de los refugiados de hoy. Si la historia nos sirve de algo, es para aprender de nuestros errores pero también podemos usar la memoria para mejorar nuestro mundo hoy. Por eso decidimos colaborar con Médicos Sin Fronteras e intentar recaudar fondos por ellos usando la idea de los refugiados de 1937 para los refugiados de hoy. Nuestras intenciones eran totalmente humanitarios, y totalmente ausentes de cualquier sentimiento político. Aun así, cuando publicamos nuestras intenciones algunas personas nos entendían mal y nos acusaban de levantar ampollas y de intentar fomentar el mal estar. Supongo que eso era inevitable, pero solo puedo decir a estas personas que se han equivocado con nuestras intenciones. En cualquier conflicto armado hay refugiados, pobres desgraciados que no tienen la culpa de nada pero se encuentran en circunstancias desesperadas. Intentamos  ayudar estas personas, nada más.

Mi relación con la carretera de la muerte empezó el año pasado cuando mi amigo Paco Eltziar intentó hacerlo en solitario en febrero de 2008. Llegó a Salobreña, unos 90 Km., pero la distancia, el mal tiempo y la soledad le venció aquel año. Cuando me propuso hacerlo en un pequeño grupo este año, no lo pensé ni un segundo. Era precisamente el tipo de aventura que me emociona y con la historia tan intensa y triste detrás, sabia que tenia que vivir la experiencia por mi mismo y meter mi cuerpo al límite e intentar comprender, en la medida de lo posible, como tuvo que haber sido para los pobres desgraciados en 1937. Así Paco Eltziar, Peri y yo nos encontramos entre familiares, amigos y Médicos Sin Fronteras justamente delante del ayuntamiento de Málaga el viernes 6 de Febrero 2009, a las 6 de la tarde, listos para enfrentarnos a los 210 Km. de la carretera de la muerte entre Málaga y Almería. Acompañándonos  nuestro equipo de apoyo formado por Javi, nuestro conductor, Carlos el copiloto y Quino, en su bicicleta. Aunque no le dí mucha importancia al comienzo de la carrera, estos hombres iban a significar la diferencia entre el fracaso y el éxito del proyecto.

En la línea de salida estábamos tiritando de frío, acabando entrevistas y generalmente haciendo las últimas preparaciones cuando de repente aparecieron algunos de nuestros amigos del club Alpino Jarapalos. ¡Que agradable sorpresa! Enrique (Globetrotter), Miguel Ángel (Miguetri), Paco (Paco plato) y José Maria. José Maria es el jefe de la policía local de Málaga y a pesar de tener casi todo sus patrullas ocupadas con el paso del tornado solo un día antes, se organizó un escolta policial para ir cortando el tráfico mientras salimos de la ciudad. Además de los de Jarapalos nos acompañaron Charo, la pareja  de Peri, Paco el padre de Paco Eltziar y Juan de Torremolinos. Paco Senior(El abuelo), el padre de Eltziar tiene más de 70 años, es ultrafondista y es todo una leyenda en su propia vida.

Juntos empezamos a correr y en seguida estuve mirando el pulsometro. 115 pulsaciones por minuto estaban bien y muy dentro del límite que sabía que tenía que mantener si quería que el proyecto tuviera éxito. Controlar el ritmo ahora era mas importante que en otras ultra maratones en que hemos competido simplemente porque recientemente los 3 tuvimos infecciones en las vías respiratorios superiores. Personalmente tuve mi último día de fiebre hace solo un par de días y parecía que Paco seguía sufriendo todavía. Bajo otras circunstancias lo hubiéramos puesto en otro fin de semana pero esta carrera tenia que ser el 6 de febrero por sus razones históricas. Es más, tuvimos mucha gente pendientes de nosotros y no podíamos fallar. Sin embargo, el haber estado malos nos planteo la duda de  si realmente podríamos cubrir una distancia tan grande corriendo.

La salida de Málaga era divertida, charlando entre amigos con la policía cortando el tráfico para que pudiéramos pasar. Seguimos el paseo marítimo hacia Rincón de la Victoria y cuando llegamos al límite de Málaga capital nos despedimos del escolta y continuamos sin ellos. Pronto se nos unió  Paco García España en su bici, un viejo amigo de los 101 de Ronda y que me alegró mucho  verle por allí. A pesar de que hizo mucho frió y viento, tuvimos la suerte de tener el viento en la espalda y pusimos un ritmo constante de 9 Km. a la hora. Cuando llegamos al final de Rincón de la Victoria los demás corredores que nos acompañaron en la salida, menos Juan tuvieron que regresar. Solo quedaron 4 corredores y 2 ciclistas.

Paco García, al conocer la zona como la palma de su mano nos enseño la ruta de la antigua N340. La vieja carretera se metió dentro del campo y era poco más que un carril de tierra lleno de baches, que después de las tormentas de la semana pasada estaban llenos de agua. La ruta era preciosa y se podría apreciar algunas estructuras viejas de la carretera como un antiguo puente que con la luz de la luna parecía como sacado de una película de terror. De todas formas Juan se quedó atrás y tal como habíamos pactado anteriormente seguimos a nuestro ritmo sin el. El tenia su propia deuda con la carretera de la muerte y quería vivirla solo.

A esta altura de la carrera, unos 30 Km. de Málaga, Paco empezó a sentirse mal, con la fiebre subiendo y consumiendo su cuerpo. Estuve preocupado y aflojé mi ritmo para que Paco no se quedara atrás. La verdad es que a esta altura de la carrera, si Paco tenia problemas no sabía como podría acabar. Sin embargo, no le íbamos a abandonar y francamente no contamos con su gran fuerza de voluntad. Llegamos a Torre del Mar y nuestros amigos Javi y Carlos estaban esperando con la furgoneta y paramos para repostar y evaluar la situación. Correr 210 kilómetros con fiebre podría incluso ser muy peligroso. De los 3, Peri había tenido el resfriado antes y estaba  más recuperado, seguido por mí y por ultimo Paco. Pobre Paco, todavía estaba bastante malo.

De todas formas, Paco García es médico y después de una inspección decidió que la fiebre no era importante y con la toma de paracetamol se podría seguir. Nos despedimos de Paco García y seguimos andando para que Paco pudiera recuperar. Es increíble pero tras media hora Paco había encontrado su fuerza de nuevo y empezamos a correr otra vez, en la oscuridad de la noche, en la carretera de la muerte en dirección a Almería. Al poco tiempo llegamos a Nerja a la medianoche y cual es nuestra sorpresa al ver un motorista loco pasarnos pitando. Era Elías (Sky runner). Elías dejó su moto y se incorporó con nosotros sacando un sinfín de fotos y videos mientras  corríamos. Creo que aquí fue cuando empecé  a notar algo de cansancio en las piernas, algo raro para mí después de solo 50 Km., supongo que el resfriado me ha dejado bastante mermado. En cambio, Paco parecía haber encontrado una fuerza interior, a pesar de su malestar e iba como una moto. Peri iba como siempre, fluido, sólido, constante y sin parar de hablar ni un segundo.

Salimos de Nerja y empezamos a correr en la zona de toboganes entre Nerja y Salobreña. Aunque no se sube mucho, la carretera es un sin fin de mini subidas seguidos por mini bajadas. Cuando llegamos a la frontera provincial entre Málaga y Granada sobre las 2 de la mañana nos estaba esperando una sorpresa muy agradable. Rodo, de Almuñecar, uno de los cientouneros originales ya me había comentado que iba a correr un poco con nosotros pero lo que no me ha había dicho era que iba a traer a todo su club de atletismo con él. Han salido de Almuñecar en minibús y estaban esperándonos para poder incorporarse en la carrera. Los atletas del club Sexitano de Almuñecar se incorporaron con nosotros en un ambiente inmejorable de chistes y de alegría. Sin embargo, vino con su precio y aunque no nos dimos cuenta hemos aumentado nuestra velocidad por encima de lo planificado, lo cual iba a pasar factura más adelante.

Pasando un túnel, uno de los corredores empezó a contar su historia familiar personal. El 6 de febrero de 1937, su propia madre tenía solo cuatro años cuando huyo de Málaga con su abuela. Nuestro amigo de Almuñecar era uno de los auténticos supervivientes de la carretera de la muerte y estaba agradecido que homenajeáramos a los refugiados de esta manera. Cuando nos comentaba eso, se me ponían los pelos de punta.

Y para colmo, cuando llegamos a Almuñecar sobre las 4 de la mañana, Rodo había preparado un avituallamiento en su casa con café y dulces. ¡Gracias Rodo, eres único!

Después de Almuñecar y el rato con los Sexitanos, la carrera se empezó a endurecer y nos empezamos a sentir cansados. Eso es típico de correr por la noche, cuando todos tus sentidos dicen que deberías estar en la cama durmiendo. Sin embargo, esta noche no dormimos, simplemente intentamos mantener un ritmo de carrera suave sin pasarnos pero sin aflojar, y así llegamos a Salobreña.
Como Elías tenia que volver a trabajar, se subió la furgoneta de apoyo y le llevaron a Motril para que pudiera coger el autobús de regreso. Nos despedimos de Elías y seguimos nuestro paso en la oscuridad de la noche.

La llegada a Salobreña era especialmente importante para Paco Eltziar. Fue precisamente aquí, donde el año pasado Paco no podía más, vencido por la soledad y el mal tiempo donde tuvo que abandonar. Este año era muy diferente. Se sentía muy bien y con muy buenas perspectivas a pesar de mis temores cuando le vi con fiebre en el  Kilómetro 30.

Llegamos a la altura de Motril y con la salida del sol nos empezamos a encontrar mucho más espabilados. Después de un buen desayuno cortesía de Javi y Carlos (Nuestros Ángeles de la guardia), nos sentimos llenos de energía y emprendemos el viaje hacia Almería. El papel de Javi y Carlos era cada vez más importante y nos encontramos pensando en la próxima vez que íbamos a verles, siempre sonrientes y de buen humor y con comida y bebida.

Unos 10 Km. más y las zonas llanas de Motril cambiaron bruscamente al entrar en una zona montañosa. Era precioso y cuando llegamos arriba de los acantilados se sumaba unas vistas impresionantes del mar. Había momentos que  teníamos acantilados por encima de nosotros y también por debajo. Se aprecia que aquí también el mar tiene mucha profundidad. Para nosotros esta parte del recorrido es la más bella e impresionante pero esconde una verdad terrible. Fue precisamente en esta zona donde tuvo lugar uno de las masacres más grandes de la huida en 1937. Los refugiados, atrapados por los acantilados fueron bombardeados sin merced desde los barcos que podrían acercarse a la costa debido a la profundidad de los aguas. El nivel de la masacre fue tan grande, y combinado con la dificultad del terreno, era posible encontrar esqueletos humanos por aquí hasta en los años 60. Mientras nos deslizamos por la carretera, pensamos en esta gente, atrapados y enfrentándose a la muerte. Me pasó por el cuerpo más de un escalofrío.

A la altura del kilómetro 140, sobre las 2 de la tarde llegó la familia de Paco y Charo. El padre de Paco, con sus más de 70 años de edad empezó a correr con nosotros pero yo personalmente estaba empezando a sentirme bastante agotado, con mareos y sin poder comer. Conozco la sensación muy bien y sabía que era el precursor a un reventón. Corremos unos 10 Km. más y vi el muro acercándose  cada vez a más  velocidad. Sólo 6 semanas atrás, en las 24 horas de Barcelona me sentí igual y sabía que no me quedaba mucho antes de reventar. Propuse al grupo caminar y supongo que estaban igualmente agotados, porque nadie se puso en contra. Es mas, parecieron agradecidos de  que no tener que pedir ellos mismos al grupo que aflojara el ritmo y andar.

Así empezamos a caminar, manteniendo una buena marcha y olvidándonos de cualquier intención de correr. Pasamos los 160 Kilómetros antes de las 24 horas, a la altura de Adra y seguimos la N340 hacia El Ejido. Entramos en la segunda noche sin dormir y teníamos auténticas dificultades de mantenernos concentrados en la ruta. Parecía que Paco sufrió lo mismo que yo, pero Peri estaba tan despierto como siempre y seguía hablando con cualquier persona dispuesta a escucharle, principalmente Charo. No entendía como podía estar tan despierto cuando yo solo quería dormir. Cuando nos unimos otra vez con el equipo de apoyo, subimos a la furgoneta y dejamos instrucciones de despertarnos en 10 minutos.

Los 10 minutos pasaron muy rápido pero me sentía mucho mejor después y parece que  Paco se sentía igual que yo. En cambio, a Peri la parada no le iba bien y al comenzar a caminar otra vez, el pobre, casi no podía andar y tardó unos 15 minutos hasta que  sus piernas respondieron otra vez. Seguimos y seguimos en la oscuridad de la segunda noche, acompañado por Paco senior, Charo y Quino ahora empujando su bici porque nuestro ritmo era demasiado lento.

Pasando por El Ejido, nos estaba esperando otra sorpresa. Izquierda Unida con el partido comunista estaban en la calle esperándonos. Nos saludaron y nos agradecieron nuestro homenaje. Nosotros no somos nada políticos, de hecho todo lo contrario, pero apreciamos su gesto ya que fueron muy amables con nosotros y nos animaron.

Empiezo a tener un hambre terrible y empiezo a tener fantasías sobre un bocadillo de bacón caliente. Al final nos unimos con Javi y Carlos y comí todo lo que podía meter en la boca. Aunque no tomé mi bocadillo de bacón, me sentía renovado por la comida y salimos del El Ejido sobre las 11 de la noche de sábado. Solo nos quedaban unos 30 Km. para llegar a Almería.

Pero eran unos de los 30 Km. más pesados de mi vida. A pesar de ser llanos, eran eternos y con la fatiga acumulada de dos noches sin dormir y la distancia previa de 180 Km. fuimos muy lentos. Toda mi visión era a través de una nube borrosa y la única sensación que tuve radicaba de la planta de mi pie con las ampollas. Nunca pensaba que iba a agradecer las ampollas pero esta vez el dolor me servía para acordarme del porqué estaba aquí. Los refugiados no tenían el lujo de parar o abandonar si querían y aunque nosotros no estábamos huyendo por nuestras vidas, el dolor y el agotamiento nos sirvió para  acercarnos a su sufrimiento. Era nuestra manera de revivir la historia y hacerles homenaje.

Sobre las 3 de la madrugada del domingo llegamos a Aguadulce y nos encontramos otra vez en la costa. Solo nos quedan unos 10 Km.¡¡ y la carretera se metió otra vez por una zona de acantilados, pasando por algunos túneles. La marcha era lenta, nos dolía todo y nos costó mucho no quedarnos dormidos pero a las 5 de la mañana llegamos a Almería. Yo, por mi parte hubiera terminado aquí pero mis dos amigos Paco y Peri querían llegar al ayuntamiento. Hemos venido desde tan lejos que pensaba, que más da si metemos un par de kilómetros más y a las 6 menos 20 llegamos a la puerta del ayuntamiento de Almería. No había nadie, toda la ciudad estaba durmiendo menos nosotros, Paco, Peri, Quino, Paco Senior, Charo, Javi, Carlos y yo.

Reflexiones.

En total hemos cubierto los 210 kilómetros y con 1936 M de desnivel acumulado positivo entre los ayuntamientos de Málaga y Almería por la antigua N340 que separa ambos ciudades. Tardamos un total de 35:44 horas. Paco y Peri son dos amigos muy fuertes en todos los sentidos y dignos de mi admiración. Ambos sufrieron, sobre todo Paco con su resfriado pero en ningún momento perdieron la sonrisa de sus caras. Sé que podría alcanzar cualquier meta con ellos, solo tendría que plantearlo. Nuestro equipo de apoyo, o mejor dicho, nuestros Ángeles de la guardia, Javi y Carlos eran simplemente perfectos. Siempre disponibles, siempre de buen humor y siempre pendientes de nosotros. Gracias chicos, sois la leche pero la verdad es que no sé como dar las gracias, nunca podría decirlo con palabras suficientemente fuertes. Quino en su bici también era la leche, siempre quedando con el último, procurando que nadie se quedaba atrás. Charo y Paco senior nos acompañaron durante unos 80 Km., una distancia considerable y nos ayudaron sobretodo a mantenernos en pie durante los últimos kilómetros. El club Sexitano de Almuñecar se quedará siempre en mi mente como uno de las sorpresas más agradables de mi vida y el calor humano expresado por Elías, quien dejó de dormir una noche para poder acompañarnos también se apreciaba. Y de nuestro amigo Juan, que quedaba atrás, llegó a Almuñecar antes de abandonar, pero feliz con su intento.

Para el año que viene, lo más probable es que repetiremos. No sé si como corredores o como apoyo a otros corredores que quieran asomarse al reto. Lo que si es seguro es que hemos empezado algo nuevo e importante en el mundo del ultrafondo que no se quedará con nosotros. Quiero destacar que la carretera de la muerte siempre debe de ser en homenaje, sin competición y que cada persona busque su propia paz con el pasado. No debemos olvidar nunca que nuestras vidas están construidas sobre las vidas del pasado. A lo mejor suena raro, un inglés hablando así pero España, Andalucía es mi país adoptado y mi homenaje no solo ha sido para los refugiados, sino también ha sido una expresión de mi admiración para este maravilloso país, su cultura y su historia. Para mi ha sido una de las experiencias más acogedoras de mi vida.

Mark Steven Woolley

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