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Alhaurín de la Torre y su historia: 2º Ciclo de Conferencias
Lunes 6 de octubre a las 20.00 horas. Hemeroteca Municipal.
Alhaurín de la Torre.

ALHAURÍN DE LA TORRE EN EL
 CATASTRO DEL MARQUÉS DE LA ENSENADA

Por José Manuel de Molina Bautista
 

SUMARIO

1.      Introducción

2.      Origen y fines

3.      Desarrollo

4.      Detalle

5.      Comparativa con otros catastros

6.      Evolución demográfica según los distintos censos que conocemos

7.      Glosario y Bibliografía

 

“En el lugar de Alhaurín de la Torre, en siete días del mes de agosto de mil setecientos cincuenta y un años, el Sr. D. Juan Ruiz de Mendoza, Juez Subdelegado del M. I. Sr. Marqués de Campoverde, para la averiguación de los bienes en que pueda fundarse una sola contribución” .  

1. Introducción

En primer lugar quiero dar las gracias al concejal de Cultura, Julián Sesmero Carrasco, por invitarme a participar en estas II Jornadas deseándole muchos éxitos en su interesante y yo diría hasta emocionante labor como concejal. Alhaurín de la Torre ha avanzado considerablemente en los últimos años en el campo cultural, pero aún tiene mucho por descubrir y desarrollar. Estoy seguro que su dedicación e interés le ayudarán en el empeño.

He sido invitado como investigador nacional y estudioso de la historia desde hace muchos años, centrándome en los últimos años en la historia de Alhaurín de la Torre.

Cuando empecé a investigar sobre Alhaurín de la Torre hace siete años, la historia local se sustentaba en muy pocas investigaciones.
Un libro editado, el de Alberto de Mersseman, con muy poco rigor y escasa investigación,  era casi el libro de cabecera de muchos aficionados locales, y sólo el empuje de investigadores interesados en ahondar en el pasado de las cofradías como Juan Benítez y Juan Moreau habían contribuido a hacer luz sobre nuestra historia.

Afortunadamente, en los últimos años se han publicado ya una serie de excelentes libros como el de José Baquero Luque, o el de Esteban Alcántara, y trabajos como los de Manuel López, Jesús Manuel Castillo y José Velasco que han cambiado totalmente las expectativas y los resultados de las siempre áridas y largas investigaciones históricas.

El documento del que voy a hablar, el Catastro del Marqués de la Ensenada, permanecía oculto a la luz pública hasta que lo encontré en el Archivo Histórico Provincial de Granada en 1998. Es una muestra de los incontables documentos históricos que versan sobre Alhaurín de la Torre y que no conocemos, simplemente porque no los hemos buscado. De hecho dos de las tres copias que se hicieron se conservan, una está en Granada como queda dicho, y otra en el Archivo General de Simancas, en Valladolid.

Es una prueba evidente contra la creencia popular, de que “todo se quemó en la guerra”. 

2. Origen y fines

El Catastro del Marqués de la Ensenada, con tal nombre ha pasado a la historia, se planeó dentro de las reformas borbónicas realizadas en el reinado de Fernando VI. Tenía una especial particularidad que le hará destacar sobre anteriores censos y repartos de impuestos. Suponía el intento para lograr un impuesto sobre la renta de todos los ciudadanos, con la especial novedad de incluir tanto a la nobleza como al clero, una verdadera revolución fiscal que debía ser aplicada sobre todos los ciudadanos con independencia de su clase y condición social, siendo gravados según su capacidad económica.

Este nuevo impuesto que se planteaba era paso esencial en el programa de reformas que llevaba a cabo Zenón de Somodevilla y Bengoechea, Marqués de la Ensenada, un super ministro que llevaba cuatro carteras, Hacienda, Guerra, Marina e Indias desde 1743.

Había nacido el 2 de junio de 1701 en una familia de modestos hidalgos de Alesanco, Logroño, y pronto hizo carrera formándose en administración naval y participando en la conquista de Orán (1732) y en la expedición a Nápoles (1733) siendo nombrado en 1736 marqués por el rey Carlos de Nápoles, futuro Carlos III de España, y por su hermanastro el rey Fernando VI como Secretario del Almirantazgo en 1737.

Uno de sus primeros objetivos será recomponer las finanzas muy maltrechas por más de cuarenta años de guerras casi ininterrumpidas que habían llevado al Estado a la bancarrota. Lograda la Paz de Aquisgrán de 1748 propone al rey una reforma de las finanzas para poder invertir en la construcción de buques de guerra que garantizaran la economía y la seguridad de la península y las posesiones americanas.

Hasta entonces regían numerosos impuestos con poca capacidad recaudatoria y muy impopulares:  los  ingresos del tabaco y las aduanas estaban reducidos por la mala administración y la corrupción, el impuesto llamado de millones aplicado sobre el consumo, gravaba el vino, aceite, vinagre y carne, y  fue desde siempre mal recibido al encarecer artículos de primera necesidad, y la alcabala (1),que se aplicaba sobre toda transmisión de propiedades,   recolección, venta, contrato o crianza sí como tratos y oficios.

Estos impuestos debían ser abolidos y sustituidos por el impuesto único, el catastro, del que ya había precedentes pues se aplicaba en la Corona de Aragón tras el decreto de Nueva Planta que incluyó la reforma de Patiño que había establecido en 1716 un impuesto sobre la renta en Cataluña que gravaba el 10 % sobre las propiedades y el 8% sobre ingresos personales.

 

La reforma fiscal firmada por el monarca e1 19 de octubre de 1749, se proponía averiguar mediante la realización de un Catastro, la riqueza de las tierras y gentes de los reinos de la Corona de Castilla. Quedaron excluidas Canarias, los reinos de la Coronas de Aragón que ya tenían un impuesto parecido como he dicho, y Navarra y el País Vasco, que tenían hacienda foral propia.

Se dictaron instrucciones muy precisas para la realización del Catastro que incluía el procedimiento a seguir y las preguntas a realizar.  Se hizo una prueba en Guadalajara y tras ver los resultados positivos se continuó en todos los reinos castellanos.

Quedó completado en 1754, se hicieron las copias, se enviaron a Madrid, se comenzaron a hacer los nuevos cálculos tributarios, a determinar las cuotas y a preparar los decretos, y no ocurrió nada más.

La caída en desgracia del marqués de la Ensenada  por una conspiración urdida por los ingleses apoyándose en enemigos como el duque de Huéscar, propician su detención el 21 de julio de 1754 siendo desterrado a Granada.

Varias fueron las razones para su destitución, entre ellas su oposición al tratado que entregó una amplia región en Paraguay obligando a los jesuitas a abandonar sus misiones, una orden para expulsar a los ingleses de Honduras pues se habían establecido en lo que después sería Belice, orden que tomó al margen del Rey, y el temor de estos ingleses al poderoso rearme español que bajo las certeras instrucciones de Ensenada que había reformado los arsenales de Cádiz y creado los de Cartagena y el Ferrol, estaban logrando una poderosa marina de guerra, que hacía temer a los ingleses por su hegemonía, así que lograron apoyo en varios ambiciosos y descontentos nobles como el duque de Huéscar para que el rey nombrara a un irlandés, Ricardo Wall, como nuevo Secretario de Estado en sustitución del fallecido José de Carvajal, y lograran la destitución de Ensenada ese mismo año.

Con él se agota este moderno intento  fiscal, vendría después Carlos III y sus famosos ministros – condes como Aranda, Campomanes y Floridablanca, pero habría que esperar hasta las Cortes de Cádiz para resucitar el proyecto de la “única contribución” que no saldría adelante hasta bien entrado el siglo XIX. 

 

3. Desarrollo

El procedimiento para confeccionar el Catastro estaba muy bien fijado e incluía realizarlo por triplicado, una copia quedaba en el municipio, otra era enviada a las Rentas Reales, lo que hoy llamaríamos delegación de Hacienda, que por entonces estaba en Granada como capital del reino al que como saben pertenecíamos, y otra tercera copia era enviada a la Secretaría de Hacienda en Madrid, que hoy se conserva en el Archivo de Simancas.

La redacción, comenzaba con la comunicación a los justicias del pueblo de la fecha de llegada del intendente y la audiencia. Después se convocaba al cura, los alcaldes, los miembros del Ayuntamiento, al escribano y a varios vecinos elegidos por éstos como peritos.

La junta así formada respondía a un interrogatorio de 40 preguntas generales sobre el pueblo, sus producciones, precios de los productos, gastos de producción, etc.  Esto constituía las llamadas respuestas generales.

Mientras se ultimaban las respuestas generales se había publicado un bando ordenando a los vecinos, (los cabezas de familia en términos fiscales) que presentaran declaraciones por escrito y firmadas de todos sus bienes, derechos, rentas y cargas. Estas relaciones eran recogidas por los justicias y se sometían a comprobación por los peritos, constituyendo las llamadas Respuestas Particulares.

Las Respuestas Particulares de Alhaurín de la Torre no se han conservado, por lo que perdemos una preciosa información sobre la población del pueblo y donde vivían, la descripción exacta de calles y número, clase y tamaño de casas, poder conocer con detalle los nombres de los cabezas de familia y la renta que se les estimaba por sus propiedades, pero al menos conocemos a los que eran propietarios de molinos, ganado y colmenas, artesanos y otros oficios que aparecen en las preguntas generales.  

 

4. Detalle

“En el lugar de Alhaurín de la Torre, en siete días del mes de agosto de mil setecientos cincuenta y un años, el Sr. D. Juan Ruiz de Mendoza, Juez Subdelegado del M. I. Sr. Marqués de Campoverde, (Intendente General del Reino), para la averiguación de los bienes en que pueda fundarse una sola contribución” .

Ruiz de Mendoza ordena fijar el edicto en la plaza pública para que los vecinos se den por enterados de lo que se manda y procedan a su cumplimiento.

Están presentes el Alcalde Cristóbal de la Cruz Bravo, el Alguacil Mayor Juan Coronado y el escribano público que da fe, Marcos José Domínguez.

El día 8 de agosto el Cabildo reunido, decide cuáles son los vecinos más apropiados para el efecto de completar el cuestionario y así se nombra a Francisco de los Reyes Montesinos, que no sabe firmar, y a Andrés Navarro.
Les acompañarán para reconocer casas y edificios el único maestro de albañilería del pueblo, llamado Fernando de Palma.

Se incorpora también para colaborar el cura de la parroquia llamado Pedro Colombo.

En los días sucesivos Ruiz de Mendoza va conociendo las propiedades del lugar y ordena recibir más detalles, así mientras los peritos van completando el interrogatorio (las 40 preguntas generales), él va pidiendo datos del molino de aceite del Convento de la Fuensanta, al que va a reconocer, y es informado que las alcabalas (1) pertenecen al Sr. Conde de Puertollano por lo que solicita al administrador del conde, D. Pedro Loria que aporte el título que le ampare (15-8-1751).

Así Ruiz de Mendoza va conociendo, que hay un patronato fundado por Alberto Rodríguez y entonces en manos de la Santa Iglesia Catedral, conoce propiedades vinculadas al convento de religiosas de San Bernardo, al convento del Ángel, al de Santa Clara, y al de las Agustinas, todos de Málaga, y a los conventos de religiosos de Ntra. Sra. De la Merced, el de la Victoria y el de Padres Clérigos Menores o Mínimos, este último el único convento en el lugar.

Comienza la tarea de completar las preguntas generales, pasar a limpio todas las anotaciones, realizar esquemas resumen y publicarlos para su general aprobación antes de dar por terminado definitivamente el Catastro.

Finaliza el proceso el 18 de octubre de 1751, poco más de dos meses después.


Para mí lo más interesante del Catastro es conocer con nombres y apellidos a muchos de los vecinos de Alhaurín de la Torre hace doscientos cincuenta y dos años, adivinar su parentesco con los actuales alhaurinos, saber sus profesiones y propiedades, comparar el medio rural de entonces con el urbano de ahora, sonreírme al conocer que sólo había un albañil y tres peones que ganaban muy poco porque decían textualmente, “según el poco trabajo que hay”, o conocer que ya entonces las canteras eran importantes pues empleaban a dos maestros y un oficial.

Otros datos son preocupantes como que había 178 jornaleros (más 261 pecheros), o que se consideraban 19 pobres de solemnidad, una cifra  similar a la de otros municipios vecinos.

El pueblo como tal estaba en crecimiento pero no era floreciente, no había tierras comunales para disfrutar en pastoreo o leña, no había casa consistorial y la mitad de las 340 casas habitables eran simples chozas.

Las principales riquezas estaban controladas por la nobleza y el clero.
El Conde de Puertollano, un noble descendiente de los Lasso de la Vega que recibieron grandes propiedades en Alhaurín de la Torre en los Repartimentos de Málaga, además de los ingresos por las alcabalas citados, poseía numerosas casas, el único mesón, tres de los seis molinos harineros y un molino de aceite, y por supuesto que estos molinos eran los más productivos. Así cada uno de sus tres molinos de aceite producían un valor de 2.920 reales cada uno, otro de las hermanas De la Torre 1.825 reales, otro del convento del Ángel 1.460 y por último el del Hospital de San Juan de Dios 1.091 reales.

En cuanto a molinos de aceite el conde de Puertollano tenía el único que molía con agua, producía por valor de 1.500 reales, seguido del molino del convento de los frailes mínimos de Ntra. Sra. De la Fuensanta que producía por valor de 500 reales, el de María de Barrionuevo 400, el de los herederos de D. Alfonso de La Borda 300 y el del Conde de Mollina 800 reales.

Es decir los nobles y el clero controlaban el 86 % de la producción de los molinos harineros y el 80 % de los de aceite.

Continuando con las Respuestas Generales y repasando las más importantes destaco que había una taberna propiedad de un vecino, un mesón arrendado por el Conde de Puertollano a un particular, cinco tiendas de panadería y 60 panaderos que surtían e pan a Málaga, una carnicería en una casa propiedad del ayuntamiento que pagaba un censo al Conde de Puertollano valorado en tres gallinas al año, cuatro tiendas de especería “de muy corta consideración puesto que el tráfico de ellas se reduce a un poco de especería fina, algunas cintas y seda de coser, con algunas frutas verdes, secas y semillas y que uno de ellos tiene el estanco de tabacos. “ 

Además hay tres cirujanos llamados D. Juan Rubio, D. José de la Chica y D. Mateo López. Dos escribanos, uno de cabildo y rentas y otro de hechos llamados D. Marcos José Domínguez y D. José de la Chica.

Diez cosarios de carretas, y cita sus nombres: - Manuel Ruiz, Juan Quintano, Juan de la Cruz, Francisco Barrionuevo, Francisco Barrionuevo el menor, Bartolomé Pinto, Sebastián Cabrera, Mateo Barrionuevo, Andrés de Reyes y Francisco Montoya.

Entre las profesiones mecánicos figuran Fernando de Palma, el perito antes citado que era maestro de albañilería, y tres peones. Dos maestros de canteros y un oficial que son Pedro Marín, Pascual Martín y Manuel Mirallas. Un maestro de herrador, Francisco Ortega, un maestro de herrero, Sebastián Tosino, un maestro de carpintero, Francisco Godoy, un oficial de carpintero, Sebastián Serrano, tres maestros de zapateros, a saber, Manuel Pérez, Juan de Illescas y Salvador Moreno, más dos aprendices de zapateros, dos maestros de sastre, dos barberos y un aprendiz, todos estos sin especificar sus nombres.

Es cura D. Pedro Colombo y sacristán D. José de la Baquera.

No hay nobles o hidalgos avecindados pues los nobles que tienen propiedades en el pueblo no son residentes. En los pueblos cercanos sí aparecen nobles, donde más hay es en Cártama, donde residen cuatro, tres en Coín y uno en Álora. En Alhaurín el Grande tampoco había ninguno. (En la ciudad de Málaga figuran 109).

Por su tratamiento y fortuna entre las personas más importantes del lugar están D. Juana Bravo, Don Juan Pedro López D. Gonzalo Rando el menor, Dª Constanza de la Cruz, y Dª Juana de la Torre, únicos vecinos que aparecen con el tratamiento de Don o Doña aparte del cura,  los cirujanos, los escribanos y el administrador del conde. Es curioso que el principal propietario de ganados, Tomás Roca, que posee 900 ovejas , 137 vacas y 140 cerdas entre otros animales, no es tratado como don. 

 

Entre los agricultores y ganaderos los mayores propietarios eran:

nombre

vacuno

Caballar yeguar

asnal

cerda

lanar

cabrio

colmenas

Tomás Roca el Mayor

137

40

12

140

900

 

9

 

D. Juana Bravo

80

16

6

70

300

 

29

 

Francisco del Peral el mayor

36

19

6

50

 

 

0

 

Francisco Peral el menor

20

7

2

24

 

 

0

 

Mateo Moreno

19

0

2

2

 

 

0

 

Andrés Navarro

25

1

3

36

 

 

0

 

Fernando Pérez

30

6

3

50

 

 

 

 

Rodrigo Navarro

20

6

2

40

 

 

 

 

D. Gonzalo Rando el menor

30

7

 

 

 

 

 

 

Agustín Piña

46

12

4

50

 

 

 

 

Conde de Villalcázar

50

16

 

 

 

 

20

 

Marqués de Chinchilla

30

8

3

150

 

 

 

 

Tomás Fernández

 

 

 

 

 

590

 

 

Pedro Barrientos

 

 

 

 

 

300

 

 

Juan Cortés Mata

 

 

 

 

 

200

 

 

Cristóbal Osorio

 

 

 

 

 

200

 

 

Francisco Gomez

 

 

 

 

 

 

35

 

Dª Constanza de la Cruz

 

 

 

 

 

 

6

 

Convento de la Fuensanta

 

 

 

 

 

 

6

 

Conde de Mollina

 

 

 

 

 

 

54

 

                   

Otras personas que aparecen listados tiene apellidos bien presentes en el pueblo como son Cordero, Pacheco, García, Benítez, Herrera, Pérez, Illanes, que entonces aparece como “de Llanes”, Palomo, Sánchez, Coronado, Negrete, Vela, Cantero, Serrano, Garcés, Cabrera, Becerra, de la Fuente, Villalba, Guillén, González, de Luque, Morales, Cortés, Maldonado, Medina, Mejías, Carpio,  Guillén, Collado, de la Peña, Pinto, Gómez, Ramírez, Alonso, de Luna, Barrionuevo, Gando, Rodríguez, Ruiz, Piña, Millán, Osorio, la Cueva, Martínez, Lorenzo, Donaire, Quintana y Zambrana.           

 

5. Comparativa con otros catastros

 

He revisado los resúmenes publicados por el INE de  los catastros realizados en los pueblos vecinos de la  comarca para poder compararlos con los de Alhaurín de la Torre y obtener conclusiones.

Empezaré con la población, reflejando también los datos conocidos por los censos de Campoflorido,de 1712, y de Floridablanca, de 1787.

Localidad                             Campoflorido          Ensenada      Floridablanca

Alhaurín de la Torre           164 v   650 h              484 v 1900 h              2.105 h

Alhaurín del Grande          261 v                          620 v                          3.415 h

Coín                                       603 v                          1454 v                        6.694 h

Cártama                                201 v                          476 v                         1.551 h

Álora                                     308 v                          615 v                          3.560 h.

Es decir, Alhaurín de la Torre triplica su población entre 1712 y 1752.
Su crecimiento es mayor que la media de los pueblos del Valle que no llegan al 250 %., y ha superado a la vecina Cártama. Sólo otro pueblo cercano, Benalmádena, también triplica su población en este periodo.

 

En cuanto a jornaleros, los referidos 178 vecinos de Alhaurín de la Torre suponen casi el 41 % de la población rural activa. Datos superiores a los de Alhaurín el Grande, 223 jornaleros sobre 620 vecinos, menos del 38 %, Álora, también el 38%, pero menores que en Cártama, donde el 52 % de la población activa son jornaleros, Pizarra, también el 52%, y muy lejos de la cifra de Coín, donde hay más jornaleros, 993, que vecinos útiles, 790, y por lo tanto se  supera el 56%, cifra alta pero aún lejos del 75 % de media en los reinos de Sevilla, Jaén y Córdoba, clara consecuencia de los latifundismos, pues en Andalucía,  563 grandes propietarios, el 0,17% de la población, era propietaria del 13´5% de la tierra.  

 

Si nos fijamos en los datos ganaderos encontramos que Alhaurín de la Torre tenía la mayor cabaña de ganado caprino de los pueblos del Guadalhorce,                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                1.890 cabezas, la mayor de caballar,  167, y la segunda, tras Coín, en ganado porcino. En bovino, ovino, asnal y pies de colmena, era superado ampliamente por Coín y Alhaurín el Grande.

En definitiva, el Catastro del Marqués de la Ensenada sobre Alhaurín de la Torre es una magnífica instantánea del pueblo y sus gentes a mediados del siglo XVIII.

Espero que el Ayuntamiento inicie un programa sistemático para lograr copias en papel y microfilm de cuantos documentos versen sobre Alhaurín de la Torre, no sólo del Catastro aquí comentado, sino de los numerosos censos que existen en el Archivo de Simancas, de los protocolos notariales en el Archivo Histórico Provincial de Málaga, los pleitos conservados en la Chancillería de Granada, capellanías y mayorazgos que constan en el Archivo Diocesano de la Catedral de Málaga, los alhaurinos que formaron parte de la expedición de Gálvez a Luisiana que están en el Archivo de Indias, los mapas del Servicio Geográfico de Madrid, etc.

En definitiva se encargue de recopilar toda la información posible para facilitar el estudio y la investigación, que ahora, por separado y a nuestra costa, llevamos los investigadores.

Si tienen algunas preguntas estoy a su disposición.

Muchas gracias por su atención.

José Manuel de Molina Bautista.

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www.guadalhorce.net

darrax@andalucia.cc  

 

GLOSARIO

1.      La alcabala era un impuesto real que se cobraba por toda transacción mercantil; principalmente se pagaba por todos los bienes raíces, muebles y semovientes, ventas, trueques y traspasos de propiedad inmueble tanto rural como urbana.

En general, debía pagarse alcabala por todo lo que se recolectara, vendiera o contratara de labranza, crianza, fruto y granos, así como tratos y oficios. De probable origen islámico, comenzó a recaudarse en algunos municipios castellanos hacia el siglo XI. Se convirtió en una renta de la monarquía castellana durante el reinado de Alfonso XI, cuando en 1342 consiguió de las Cortes el cobro regio de dicho tributo, dispuesto en un 5% sobre las compraventas realizadas. No obstante, su transformación definitiva en un impuesto ordinario (que no necesitaba de la aprobación de las Cortes) no tuvo lugar sino hasta el reinado de Enrique III (1390-1406), cuando su porcentaje ascendió al 10% y comenzó a ser pagado sólo por el vendedor. El rey podía designar no sólo los productos que estaban exentos del pago, sino incluso las personas o lugares que no debían retribuir la alcabala. Su importancia disminuyó durante los siglos XVI y XVII, para terminar por ser definitivamente suprimida (aunque, en 1812, las Cortes de Cádiz procedieron así mismo a su eliminación, la vuelta al absolutismo la recuperó) en 1845, cuando el ministro de Hacienda Alejandro Mon llevó a cabo una importantísima reforma del sistema impositivo.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Investigación propia sobre Catastro Marqués de la Ensenada, original en Archivo Histórico Provincial de Granada. 

Catastro Marqués de la Ensenada. Tomo 1. “Manuscritos”. INE. Madrid 1991.

Catastro Marqués de la Ensenada. “Censo Ganadero de la Corona de Castilla”. INE. Madrid 1991.

“Vecindario General de España”. Censo de Campoflorido de 1712. INE. Madrid 1996.

LYNCH, John. “El siglo XVIII”. Ed. Crítica. Barcelona. 1989