El Torreón
LA PRIMERA VEZ
Llegó a mi vida; inmaculada, hermosa, fragante, sensual.
Sus quince años recién cumplidos; su cuerpecillo, ni de niña ni de mujer, era encantador; su sonrisa angelical y maliciosa al mismo tiempo, la hacía única.
Era una calurosa tarde del mes de Agosto y sin saber por qué, entablamos una animada conversación que se prolongó un par de horas.
Vivíamos en una insignificante aldea, al pie de los descomunales peñascos que configuran la "Penibética"; en sus laderas, un pinar maravilloso haciendo linde con trigales verdes o dorados salpicados de rojas amapolas, blancas margaritas...un río serpenteando, ruidoso, exuberante en adelfas y juncos, con aguas cristalinas llena de pedregales y entre las piedras, peces grises serpenteando en busca de otros más pequeños para engullirlos.
Creció entre nosotros una gran amistad; diariamente íbamos al cercano pinar por vericuetos empinados, unido a una pandilla que una vez en él se separaba en pequeños grupos, a veces, en parejas.
Un buen día, ella y yo, nos separamos de todos y cogidos de la mano subimos por un tortuoso sendero empinado, encontrándonos en un otero con un solo árbol grandote al que rápidamente bautizamos pomposamente "El árbol de la ciencia del bien y del mal" Era un altozano lleno de flores silvestres, hiervas aromáticas y monte bajo, nada mas bello al ojo del mortal.
Descansamos. Nos fundimos en un fortísimo abrazo; nuestros labios se unieron y un "sí, quiero" salió como un susurro de su boca, mientras su cuerpo radiante se acercó al mío con timidez y locura al mismo tiempo.
Un repique de campanas tocando a gloria fue lo que sentí en ese instante, embotando todos mis sentidos. Un suspiro hondo y una lágrima resbaló por sus mejillas. Demasiado rápido, pensé. Mi torpeza quedó así de manifiesto. Para mí, a mis dieciséis años también era "La primera vez."
Juan Moreau Tamayo.
| <"Hermano Lope, bórrame el soné-" ( M.
Cervantes) A LA DULCE FILOMÉ -. No quedan ya palabras en la bó- Una tras otra claman contra el ló- Amarte significa ver sin dú- J. J. Moreau. Nota del editor: Soneto de cabo roto, |
Cuaderno de Poesía ÁMAME Y NO DIGAS NADA A MI JUAN No me digas nada No me digas nada No me digas nada No me digas nada FILO ROMERO |