|
Construcciones
High Frequency
|
SALVADOR EL GUARDAMONTES Manolo Porcel 13.12.02. Creo por justicia y agradecimiento adherirme al sentimiento de pena que ha supuesto para todos la muerte de mi amigo y vecino Salvador. Cuando hace 23 años aparecí en este pueblo, cuando acababa de terminar mis estudios y aún oliendo a mili, aquí empecé a organizar mi vida y mi futuro, y precisamente junto a esta familia. Durante dos años viví en casa de Salvador y Ana. Eran mi primera familia en Alhaurín de la Torre. Por cuatro mil pesetas al mes me daban cama, comida y el calor de una familia hacia un extranjero que empezaba a mundear. Durante este tiempo fui uno más de la familia, Ana siempre estaba encima mía, Salvador y yo hablábamos muchas veces porque él sabía mucho de la vida, era positivo en sus afirmaciones y de sus consejos no había nada que desperdiciar, también notaba mi situación personal, lo que provocaba más el acercamiento entre los dos. Cada vez que Salvador y yo nos cruzábamos en el gran patio interior que tienen, siempre había una pequeña conversación, desde un simple y afectivo saludo hasta unas parrafadas en las cuales transmitía su estado de ánimo, casi siempre positivo. Anécdotas vivimos muchas en estos dos años, y también en los sucesivos. Le recuerdo vestido de “guardamontes” con una pequeña pistola que me llamaba mucho la atención ya que a este hombre lo clasificaba de total pacifista, y un día, preguntándole por lo de la pistola me dijo que para él formaba parte del uniforme, que nunca tuvo balas para ella y que nunca disparó porque no sabía como funcionaba. Como gran ecologista que era, los mayores enfados que traía a casa era cuando alguien en el monte hacía alguna barbaridad ecológica y él no lo había cogido para decirle cuatro cosas. Después coincidió la apertura del actual Bar Salvana y por entonces también su jubilación. Echaba de menos el monte, como monte, no como trabajo, su vida estaba muy relacionada con esa naturaleza que ya no disfrutaba, pero por encima de este sentimiento estaba la responsabilidad que tenía sobre su familia, siempre protector y comprensivo, lo que le indujo a trabajar incansablemente en el Bar. ¡Cuántos paseos daba al día entre el bar y su casa, siempre con algo en las manos¡. ¡Con qué amabilidad, cortesía y elegancia saludaba a todo el mundo¡ . Este hombre irradiaba una juventud y una positividad hacía los demás que, ahora, y unos días después de su muerte, pensamos aún más en él valorando el rastro humano que ha dejado entre los que le hemos conocido y de los que han oído hablar de él. Algún día, mas o menos pronto, nos encontraremos con él allá arriba, seguro que le hallaremos inmerso en un frondoso bosque de un gran monte, porque estoy convencido de que si en cielo no existen montes, Dios los creará para él. Siempre te recordaremos, Salvador. |
Porcel y Vergara
Partido
Popular
|
|
ANÚNCIESE |
Periódico Digital Independiente de Alhaurín de la
Torre: |
PÁGINAS WEB |
|