PARA QUE SIEMPRE LES RECORDEMOS
Manuel Porcel Lozano. 20-11-03. En todas las ciudades del mundo, creo, a las calles y vías se les denomina de alguna forma y con tal código común que en cada momento sabemos localizar un punto geográfico con exactitud.
Existen nombres de calles de todo tipo: Escritores, políticos, santos, ciudades, eventos históricos, alcaldes, héroes, profesiones, artes, oficios, motes antiguos, etc., hasta lo más simple como la “Calle 45”, me parece que en Nueva York.
Si nos centramos en los nombres de personas asociados a calles, normalmente se trata de personas desaparecidas, mejor dicho, fallecidas. Salvo el nombre de la Biblioteca Municipal de este pueblo que el individuo aún vive (es la típica excepción). Es bonito recordar a las personas y su trayectoria en vida a través de su nombre reflejado en una discreta placa de fachada que señala a toda calle.
Comparando a un famoso escritor con un eminente médico o simplemente un médico de pueblo, siempre he pensado que la rimbombancia de un escritor y su mérito social ha sido, aparte de imaginar todo lo que escribe, que induce a imaginar al que lee, con lo que el efecto es maravilloso cuando la lectura es amena y la imaginación del escritor, brillante. Pero cuando uno está malito, cuando un accidente te pone al borde de la muerte, cuando el dolor se presenta inaguantable, cuando empieza uno a pensar y decir la famosa frase “no somos nadie”, ahí, en la cabecera hay un médico, un médico que es nuestra tabla de salvación física y el calmante para nuestro dolor, entonces, si tan importantes son los dos para la sociedad y la vida, ¿porqué no hay calles con nombres de médicos?, y claro, no digo médicos del estilo de Miguel Servet, sino médicos que nos vieron nacer, que nos curaron en la infancia cuando en cada momento estábamos en el suelo, ese que te anuncia que la naturaleza te gratifica con un hijo, ese que tranquilizándote te dice que tu hijo tiene una simple apendicitis, ese que tal vez te hable de Dios cuando la vida de tu padre ya no está en sus manos, ese que lo conocimos mayor, ese con el que envejecimos, ese al que ahora, con paciencia, escucha nuestros achaques. Ese, simplemente, nuestro médico.
Valga el ejemplo para comparar lo intangible con lo cotidiano, la gran fuerza de lo cotidiano. A esas gentes les debemos un recuerdo manifiesto porque interiormente, existan o ya no, permanecen en nuestro recuerdo. Evidentemente no tengo nada en contra de los escritores, pero, ¡son tan pocos y con tantas calles a su nombre!. Recordemos a todos, y sobretodo a los que forman o han formado parte de nuestra vida, personas simples para el mundo pero verdaderos personajes para nuestro entorno.
Sirva la introducción para proponer, mediante estas líneas, al pueblo de Alhaurín de la Torre, a la Corporación Municipal, y no con la fría forma de una solicitud en el registro de entrada, sino con argumentos humanos y bastante patriotismo, que al menos a tres personajes de este pueblo se les pueda dedicar una calle para que su recuerdo perdure en el tiempo, por encima de quién lo propone, lo apoye y lo decida. Mi interés personal en promover el recuerdo a estas tres personas que propongo es porque los quise desde que los conocí.
El primer personaje que propongo en D. José Molina (Practicante), y precisamente para darle nombre al nuevo Centro de Salud, y argumento mi propuesta.
Hace 24 años le conocí, inicialmente como practicante, pero por la humanidad que emanaba, empecé a tratarlo como persona. Fueron más las cosas que oí de él que las que yo pude compartir con él, pero con mis pocas vivencias pude verificar que la gente le admiraba y lo tenían en gran consideración. Posiblemente para los nuevos vecinos de Alhaurín este Sr. no les diga nada, justo, no le conocieron, pero les pido que me crean, fue todo un personaje.
Cuando murió lo sentí mucho. Su muerte también influyó en mi vida: Era un gran deportista, un gran luchador (tenía una amplia familia), no fumaba ni creo que bebiera.
Por el motivo que murió, nunca lo comprendí. Llevaba una vida sana y equilibrada, dándome consejos saludables para prolongar mi vida y a él se le corta a los 56 años, por un asunto de mala suerte. Empecé a pensar que la vida es “una lotería” como dice todo el mundo, pero eso sí, si fumas tienes más posibilidades de que te toque, pero, ¿cuántos números llevaba él?. Han pasado los años y sigo sin entender esa muerte.
El segundo personaje por el que quiero abogar es por Paco Mayorga, el empleado de Sevillana aquí en el pueblo durante 40 años. Hizo su trabajo lo mejor que pudo, era rudo y brusco, pero una gran persona. Hizo muchos favores, también tenía sus manías, pero la gente lo apreciaba.
Yo le traté mucho porque vivía a unos metros de donde yo. Conocí a sus hijos desde pequeños, e incluso el pequeño nació después. Trabajó lo indecible por salir adelante y su trabajo lo reconocía la gente.
Todo lo que lo admiré durante su vida lo sufrí con su muerte. Fue una muerte violenta, inesperada, fuera de lugar, como posiblemente todas las muertes.
Cometió el último y decisivo error de su vida: Dejó la actividad de control administrativo por la actividad eléctrica viva: Trabajar en la Brigada de Torremolinos, en reparaciones.
Recuerdo que cuando tomó la decisión de cambiar de actividad le comenté que no era adecuado, que el tiempo había pasado, se pierden reflejos y habilidades, ya con cincuenta y tantos las cosas había que planteárselas de otra forma, pero él ya había planeado sus últimos años, hasta la jubilación: Pasaba a un trabajo de más riesgo, de más horas y de más sueldo, ¿para qué?, para terminar de sacar a su gente para adelante y asegurarse una jubilación decente para terminar su vida en su campo de Casarabonela.
Una desgraciada mañana, no sé de qué mes ni de que día, dejó su vida en lo más alto de un poste y murieron con él todas sus expectativas de futuro.
Abogo por él porque en el mismo cementerio donde quedó, le prometí que su recuerdo no quedaría en el vacío, y si no consigo que le dediquen una calle, con este escrito casi cumplo con mi asignatura pendiente.
Hace 5 minutos, son las 21.15 horas, una hora extraña para recibir llamadas en la oficina, me llama una señora por teléfono (la mujer de Romero): ¿Paco?. No, no soy Paco. ¿No eres Paco Mayorga?. ¡Hay no, que el pobrecillo murió!, ¿tú eres el yerno de Rosita?.....
Tan solo le he comentado que en este mismo momento estaba escribiendo algo sobre Paco Mayorga. Estos son los pequeños “duendecillos” relacionados con la mente u otras fuerzas que me ponen el vello de punta. (Para los nuevos vecinos, Paco Mayorga llevó el tema de Sevillana en Alhaurín y ahora lo llevo yo, de ahí la confusión del subconsciente).
El tercer personaje que propongo, y con especial interés porque yo fui su eterno yerno, es Dª Rosalía Díaz Ramírez (Rosita la del teléfono). Todo lo que pueda decir de esta mujer evidentemente estará polarizado porque era mi suegra, pero lo que diga solo va a servir para que el resto de los que la conocieron lo confirmen.
Su infancia fue dura, aunque procedía de una familia acomodada, pero su padre murió antes de lo debido, y como ella muchas veces me dijo: “Mi padre se llevó la llave de la despensa”.
Fue una luchadora nata, una mujer moderna para su tiempo, impulsada por la necesidad de sacar a su familia hacia delante con sus conocimientos, su leve cultura y su afán de lucha.
Evidentemente, todas las mujeres de esa época, antes, durante y después de la guerra tuvieron que hacer esos méritos, pero para eso, esta mujer era extraordinaria.
Como decía, tal y como la describo hasta ahora, puede que haya muchas más personas parecidas en este pueblo, e incluso más luchadoras, pero por lo que abogar por ella y porque su recuerdo se refleje en una placa de una calle es por su parte pública, por el trabajo que realizó durante 40 años al servicio de los demás.
¿A quién no le hizo un favor Rosita?, ¿quién no tiene algo que agradecerle por cuestiones o gestiones que estaban fuera de sus obligaciones?. El concepto que yo tenía de ella era como persona, como suegra, pero profesionalmente solo la conocí dos años, pero a partir de cerrar el centro telefónico (hace unos 22 años) constantemente he estado escuchando cosas buenas de ella, ninguna mala, e incluso siempre he estado muy orgulloso de ser “el yerno de Rosita”.
Por la responsabilidad de su trabajo creo que hizo cosas que se salían de sus competencias profesionales porque pasaban a un plano personal y humano. Avisos a altas horas de la noche a domicilios particulares, contacto con Sevillana cuando se iba la luz, contactar con médicos de Málaga para citas de otros, orientar al que la necesitaba, etc.
Toda la información que durante esos años entraba y salía del pueblo pasaba por ella, y su respeto hacia la intimidad de la gente y las responsabilidades de sus acciones hicieron de ella una persona muy respetada.
No sigo añadiendo cualidades porque evidentemente estoy próximo a ella y afectado por su reciente muerte, pero desde antes que esto sucediera, ya tenía la idea en la mente, lo que pasa es que nunca pensé que estas letras las escribiría tan pronto.
Aunque este no es procedimiento adecuado para proponer estas ideas, lo transmito al pueblo que es el interesado, los políticos se enteraran, también son pueblo, y como siempre, que decidan lo que crean que es más justo para con estas personas.
Otro personaje, del que he escuchado mucho hablar por sus cualidades humanas es de “Pedro el de la luz”, pero como no le conocí, no tengo fuerza mental para argumentar algo a su favor. Solamente, os lo señalo.
¡Llenemos las calles de nuestro pueblo con personajes del lugar, que los hay por todos lados!.
Manuel Porcel Lozano. 18-11-03