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MUCHOS NOTAS Y NINGUNA MELODÍA
 

Manuel Porcel Lozano. 11.08.04.  Aparecí por casualidad. Quería saludar a algún conocido o medio amigo pero no encontraba a casi nadie. Donde más concentración de personas había era a la puerta del Salón de Plenos.

Echamos un cigarro fuera pero ya que estaba allí, tan cerca, sentía curiosidad por saber lo que era un Pleno y de cómo se comportaba el personal dentro, ya que había escuchado anécdotas de todo tipo.

Fueron tan solo quince minutos lo que estuve, con la muestra que percibí me bastó para extrapolar lo que debía ser toda una larga y tediosa sesión de pleno. Por desgracia, llegué un poco antes de las votaciones, lo más tétrico. Como el público sólo éramos cuatro y todo el mundo me vio entrar, mi timidez me impidió salir, ya que el ambiente era tan aburrido que cualquier pequeño ruido hacía que todas las miradas intentaran buscarlo para cambiar de visual.

En esos quince minutos, y como no entendía nada, me sumergí en mi imaginación y pasando la vista, desde la parte del público, y con las manos en la posición de encuadre que utilizan los cineastas, me pregunté: ¿Esto que podría ser?. Una orquesta, pensé.

Mentalmente empecé a hacer un paralelismo entre la realidad y lo que imaginaba, y estos fueron los resultados: 

COMPOSICIÓN: 

A la derecha y parte del centro estaban los trompetas, a la izquierda, los violines, y mucho más a la izquierda, la percusión.

Al fondo, y a otro nivel, estaba el Director y junto a él, el “escribano”, el cual se encarga de que se hayan repartido las partituras en tiempo y forma, y además el que guarda sigilosamente los estatutos de la orquesta.

La proporción de instrumentos es importante: Los trompetas, trece, junto al director, que también tiene buen tono, son los que marcan el ritmo de la melodía, suenan más y si procede enmascaran el sonido del resto de los instrumentos.

Los violines, cinco, necesitan algo de coordinación, pero tocan bien, siempre acompañan, pero jamás les dejan hacer un solo.

La percusión, dos, los tambores, aparentemente, siempre están listos y con las porras en alto, pero la mayoría de las veces no saben cuando les toca entrar, y cuando entran no saben salir, el resto debe esperar a que los armónicos del tambor desaparezcan por sí solos, en vez de ponerle la mano a la membrana. El personal se aburre.  

PRELUDIO: 

Los trompetas, que casi todos son noveles, comentan sobre el concierto que se les avecina, los más avezados les tranquilizan aduciendo que el Director de Orquesta, tiene experiencia y sabe conducir el evento, además, advierte a los más inexpertos que si no se saben la melodía al menos levanten la trompeta.

-         ¿Y si en algún momento se pierde el director?, -se inquietan.

-          No importa, ¿ves aquél “escribano” que hay a su lado?. ¿Aquél con el librito rojo entre sus manos?. Aquel lo sabe todo, se lo dice el libro. Allí está escrito cómo se deben comportar los músicos, las especificaciones de los instrumentos, el manual de funcionamiento y mantenimiento.

Respiran más tranquilos.

Me permito dar una vuelta y me paro con algún que otro músico:

Trompeta Solista. Con partitura de la ciudad y una bolsa con casitas y hotelitos del Monopoli:

-         ¿Tú no ensayas? –le pregunto.

-          La antigüedad es un grado,- me contesta- paso de partituras, me las sé todas. Mientras tanto indagaré donde puedo colocar dos hotelitos, tres promociones, cinco campos de golf y lo que encarte.

 Para echarle una mano, ya que a mí me gusta el Monopoli auténtico, le digo:

-         Por el sur, cerca del monte, hay una gran explanada para urbanizar.

-         Me dice: No, hace mucho polvo y todavía es pequeña para urbanizar, no hay metros. Además, ahí el metro no vale nada, haremos viviendas sociales.

Violinista 2º:

- Qué, ¿afinando?.

- No este instrumento no se afina, es ecológico y no sirve para nada.

Me muestra su violín y observo que tiene las cuerdas de esparto. Totalmente ecológico, pienso, ¡para lo que te van a dejar tocar....!.

Violinista 1º: Aún no ha sacado el violín, hojea nerviosamente un gran montón de partituras.

-         ¿Qué te pasa hombre?.

-          Que qué me pasa, que me dieron anoche, muy de noche, estas partituras y no me da tiempo a saber si van en clave de SI o en clave de NO. ¡A estos los demando!.

Percusión 1º: Tiene gran cantidad de partituras en su mesa, más que ningún otro músico. Le digo:

-         ¿Tienes el trabajillo acumulado, no?. ¿Porqué no tiras la mitad de las partituras?.

-         Porque llevo años intentando que me las dejen tocar y nadie me escucha. Es mi propia guerra. 

EL CONCIERTO

El director: Vamos a empezar. Aunque estaba previsto que el primer fragmento fuese la 5ª de Beetoven, vamos a tocar la 6º de Mozart, ¿porqué?, ¡porque lo digo yo!.

Cuchicheos entre los trompetas:

-         ¿Y ésta de Mozart en qué clave va, en clave de SI o de NO?.

-         No os preocupéis, cuando el primero de las trompetas pite, tomadle la clave con que toca y seguidlo.

Violinista 1º: Con gran regocijo:

-         Aunque el cambio rompe el programa previsto y es ilegal, me viene bien, esta partitura me la sé de memoria. Van a ver lo bien que toco.

Percusión 1º: Entre papeles:

-         ¡Por Dios, no encuentro la partitura!. A ver, aquí hay una del 98, otra del 99, ¡hombre, una del 2001!, y además repetida.

 Después de un rato de búsqueda, la orquesta mirándola y esperando, la encuentra:

-         Joder, ahora ésta no lleva percusión.

 Con un gesto irónico del Director arranca la melodía. Los trompetas todos listos y los instrumentos en alto, el Violinista 1º sonríe, le guiña al Violinista 2º y éste aparta el violín ecológico y saca uno con adornos de plumas de aves protegidas, en voz baja añade:

-         En el amor y en la guerra todo vale.

Así transcurre todo el concierto, todo marcha bien para la mayoría y mal para la minoría, pero al final se llega a la consecución del programa previsto.

Cuando tocan las trompetas todo el mundo escucha, pero cuando suenan los violines, los trompetas se fijan más en cómo ponen las manos y mueven la “varita” que en lo que están tocando, en silencio pero con risitas. El colmo es cuando interviene la percusión, con el ruido que forman los timbales, ya no hay orden, se hacen corritos, se comentan otras cosas, hasta que una voz autoritaria dice:

-         ¡No me toquéis más los .... tambores!.

Todo el mundo al orden y continúa el concierto.

No hay descanso, tan solo, cuando la percusión entra, el resto de los músicos tienen tiempo de echar un cigarro, volver y pensar que todavía les da tiempo de echar otro. El director se ríe porque se siente impotente de no poder cortar la percusión. 

EL FINAL: 

Para cerrar el evento el director presenta a cada uno de los músicos, en varias tandas. Así, se pasa de un largo y monótono “NO, NO, NO.....SI, SI”, así hasta 21 a un “SI, SI, SI....NO, NO”, también de los 21. Parece inacabable, pero sin este paso, el concierto no ha servido para nada. 

Evidentemente no entiendo de música, ni de notas ni octavas, pero sí tengo trompeta. La toco en privado o con mis amigos, cuando me apetece, con el tono, la clave y la octava que quiero, pero eso sí, procuro no molestar a nadie. 

Manuel Porcel Lozano.