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HOMENAJEADO EN ROMERÍA DE AMIGOS.

Manuel Porcel. 23-04-05. Aunque se trata de un homenaje particular de amigos hacia otro excelente amigo, hago eco de este evento porque el homenajeado trabajó aquí en Alhaurín de la Torre más de diez años en el Banco Popular, entre los finales de los años 70 y los 80.

Se trata de Juan Cea Fernández, muy conocido entre y por todos por su gran amabilidad y profesionalidad en el desarrollo de su labor dentro de esta entidad, pero el rastro más importante que nos mantiene en contacto aún con él es su gran humanidad y no menos su grandeza como persona.

Por su carisma y su buen hacer como amigo, ha conseguido reunir a una cincuentena de personas más o menos allegadas a él y entre todos le hemos y nos hemos dado un gran día.

Ha sido como una imitación al camino rociero típico de las tierras de Huelva transportado aquí, a nuestro Alhaurín, tan solo han faltado los trajes de gitanas pero tampoco era necesario.

Abre camino una “carriola”, especie de remolque de tractor muy bien ataviado con adornos en tela de colores vivos que alegran la vista y el espíritu, alberga a una veintena de personas, habitualmente mujeres, la arrastra un potente tractor. Para el cuerpo, un sistema de intendencia muy bien organizado donde no falta de nada, comida y bebida, para hacer más llevadero el camino.

Detrás de la carriola va una escolta de una veintena de caballistas con todos los arreos para conjuntar con el atavío del animal, en la parte superior del caballista, la prudencia y un sombrero de ala ancha.

Cierra el cortejo dos tiros de dos caballos que aportan también el sentido andaluz a éste evento.

Se inicia el recorrido por la zona de el “Bar El Niño”, frente a la prisión. Allí ha sido el punto de encuentro y allí han llegado todos los caballos en vehículos especiales, así como los coches de caballos también.

El “alcalde de la carreta”, que con anterioridad ha estudiado el camino en cuanto a su trayecto y dificultad, inicia la marcha haciendo un gesto con la mano y espoleando a su caballo.

Atravesamos las calles de esa pequeña zona habitada que hay detrás del bar, y tomando la linde con el gran llano de las tierras de “El Peña” nos dirigimos hacia el arco de entrada del Tiro de Pichón. Procuramos ir por senderos terrizos y de poco tránsito para no molestar al tráfico de vehículos, tan solo circularemos por la carretera unos cien metros hasta alcanzar el arco. Se pidió el permiso oportuno para tal travesía.

En este trayecto se hacen varias paradas para hacer convivencia e ir venciendo a el calor.

El día favoreció. Hizo un sol espléndido, y más aún se notaba su esplendor cuando con sus vivos rayos realzaba el verdor de la hierba de esa extraordinaria llanura a nuestra derecha, al fondo, el gran Jarapalo, que nos esperaba con sus esbeltos y frondosos pinares y a sus pies ese matorral mediterráneo todo cargado de florecillas y lirios silvestres.

Sobre el medio día llegamos a lo que llamamos “El llano del soldao”. Nos mezclamos con los pinos. Los caballistas desmontaron y ataron sus monturas en lugar próximo pero alejado. Cada uno colaboró en lo que mejor sabía y al pasar el mediodía largo habíamos comido y recogido todo, tal y como lo encontramos.

En la sobremesa aparecen los cantos y bailes, palmerío y guitarreo, y los más atrevidos se dejan caer por sevillanas u otros cantes. La gente muy bien, en su ambiente.

Algunos optamos por buscar un pino y llenarnos las espaldas de hojas, la siesta también pega.

Al atardecer iniciamos el camino de vuelta, por el mismo trayecto, pero ya se para menos veces. La casa nos espera y el cansancio también se nota.

Concentrados en la casa de inicio se prepara una cena y se continúa con el guitarreo y las sevillanas. La gente se va yendo, pero antes, el homenajeado Juan Cea dice unas cortas palabras de agradecimiento, se le entrega un regalo conmemorativo y su felicidad la reparte entre todos nosotros.

Un bonito homenaje, en vida, rodeado de sus amigos y entre leyendo de que su vida ha ido pasando, como la de todos, pero ha dejado un buen reguero de amigos debido a su compostura y buenas acciones. Felicidades Juan por tener tantos amigos.

Aprovecho la descripción de este bonito día para resaltar que en el conjunto de personas, unas cincuenta, de Alhaurín solo íbamos seis u ocho. Es curioso que otras gentes, nuestros amigos, todos de fuera conozcan bien los recovecos de nuestro pueblo y de cómo se pueden explotar las múltiples opciones que tenemos, ¿a quién se le ocurre hacer una romería libre, en cualquier día, a cualquier rincón de nuestro pueblo, conociendo todos los detalles?. Pues a ellos, a estas personas que están muy ligadas a nuestro pueblo, sin tener que vivir aquí, pero que se conocen todos los eventos mejor que nosotros, a ellos también les dedico estas líneas, y todos aquellos que saben apreciar todas las cosillas que tiene nuestro pueblo y que les encanta venir por aquí.