¿SE REPITE LA HISTORIA?.
Manolo Porcel. 27.10.04. El viernes día 22 de octubre pasado, coinciden dos eventos públicos en Alhaurín de la Torre: por un lado dos asociaciones culturales se hermanan en la Casa de la Cultura y los seguidores y creyentes en la Plataforma para la Defensa de la Salud y de la Sierra (PDSS) se reúnen en la Casa de la Juventud.
Estuve en los dos eventos, con la PDSS poco tiempo porque desde la puerta se podía oír más bien poco ya que no se cabía en el recinto, y no resalto la posible gran afluencia de público, sino lo pequeño del local cedido para esta reunión.
Al final de la noche, en el camino de vuelta a casa, después de haber escuchado todo lo escuchable quedaron en mi mente cuatro nombres que resaltaban: Torrijos, Piñas, Fernando VII y Joaquín. Algo me decía que podían tener algo en común, pero, ¿qué era?. Cenando seguí con mis cuatro personajes en la mente, intentando interrelacionarlos pero no lo conseguía. Cuando realzaba el valor de uno tenía en contra su imprudencia, cuando realzaba el poder de otro lo contrarrestaba con su cobardía, pero sabía que algo tenían en común los cuatro.
Torrijos defendía la Constitución, Piña la Salud y la Sierra, Fernando VII estaba muy cabreado con Torrijos y Joaquín con Piñas. ¡Los relacioné al fin!. No era muy complicado. Empezaban a cuadrar los detalles.
Los escenarios: La Casa de la Cultura. Para mí, transportándose a los tiempos de Fernando VII, era la corte, la fracción del pueblo asociado al poder cuyos problemas son sólo los concernientes a ese estatus, en la estabilidad de ese estado. Gente atenta a las historias que cuentan, gente que les encanta el folklore y la poesía, gente, que esa tarde-noche, su problema era vivir el hermanamiento de dos asociaciones culturales. Importante acto social. A doscientos metros se debatía un verdadero problema social y medioambiental, pero eran otras gentes, otros problemas.
La Casa de la Juventud: Un grupo de gente sin nada que ver con el poder, tan solo les importa su salud y su inversión en este pueblo que en algún tiempo consideraron o le vendieron como paradisíaco. Como en una vieja taberna de 1800, la gente no cabía, la megafonía no funcionaba al igual que los candiles sin aceite, no era una reunión ilegal, pero bien se cuidaron de que los reporteros gráficos no hiciesen fotos de los presentes, como si aquello fuese un motín o una traición. No, no había tal traición, eran gentes muy preocupadas por el presente y por el futuro al menos de los suyos, gentes que se complican la vida constantemente porque no están amparados por nadie de poder, incluso la justicia los torea. Son duros, más bien tenaces, y saben perfectamente lo que quieren y persiguen.
Aunque tenían reservado un pequeño salón, al final hubieron de ocupar la parte común del edificio con más cabida, esto es, los pasillos y el hall de entrada. Evidentemente, el poder, una vez que accedió a ello, tampoco les dio grandes facilidades, parecía el Corral de La Pacheca (creo que era de tiempos de Fernando VII), sin susceptibilidades, por de “corral”.
Ante la negativa de las fotos me recordó los tiempos universitarios, años 70, en que se colaboraba, se militaba, pero nadie queríamos salir en la foto. Aquello era miedo a las represalias, aquello era franquismo, pero, ¿esto qué es?. No estamos en tiempos en que se deba ir asustado por asuntos que nos preocupan y nos interesan directamente, esto es un uso de libertad en el siglo XXI coartada por los poderes políticos y con más peligro aun, los económicos. No es necesario ser un mártir para defender unos derechos, tenemos derecho a tener esos derechos, la Constitución que inició Torrijos y que ahora nos rige, nos protege, por encima de la opresión de los poderes, pero debe de entenderlo todo el mundo, ¿tan complicado es?.
Fernando VII sabía que su tiranía e incompetencia iba en contra de la Constitución anhelada por el pueblo, le molestaba que Torrijos tuviese esa iniciativa y dedicó todos sus esfuerzos a perseguir a este luchador. Aún seguía las directrices napoleónicas que lo mantenían en el poder y mandaban en el reino de España. El aceptar una constitución ponía en peligro su situación privilegiada, e incluso perdería los apoyos que recibía del exterior para una España que acababa de salir de una contienda, la Guerra de la Independencia. No hizo nada, se aferró al poder, se rodeó de sus habituales súbditos y bajo ningún concepto, bajo ninguna ética y mucha menos democracia estaba dispuesto a perder lo que por su nacimiento la providencia le había regalado. Su estatus estaba por encima del bienestar de su pueblo, con el tiempo lo pagaría, al menos con la imagen de incompetente y traidor con que pasó a la historia.
Han pasado casi doscientos años y la historia se repite. Autorizar una planta de machaqueo fue como autorizar a las tropas napoleónicas que cruzaran nuestro país para ir a pelearse con los portugueses, ¡que ocurrencia!, tanto en un caso como en el otro, (de paso: también dejamos a los americanos que pasen por nuestro país para ir a pegarle a otros, ¿se repite la historia?. Se está repitiendo, ya nos están masacrando los islamistas en nuestro país, entre otras cosas, por asociación con el enemigo universal de los pueblos explotables).
Si de machaqueo se habla, algún día terminarían las piedrecillas sueltas para machacar, terminaron, pero, ¿donde había más de éstas?, estaban muy lejos, a los franceses les pareció también que Portugal estaba cada vez más lejos, y como tenían la orden de asentarse donde fuera, ellos ya estaban en España. Igual pasó con los canteros, ¿para qué nos vamos a ir a otro sitio si estamos de maravilla aquí?. José Bonaparte llamó a su hermano, el gran Napoleón: “Mira hermano, si vamos a joder al alguien, a estos (los españoles) los tenemos ya a mano, desprevenidos como amigos y tan ignorantes como incultos, así que arréglalo ya políticamente con Fernando que te aseguro de que esto es un chollo, nos quedamos.”
Después de esto, ya se sabe lo que pasó. Fernando entró a todas, Napoleón le aseguró su futuro y de momento se lo llevó a Francia (Joaquín también fue propuesto como Senador en un corto espacio de tiempo) hasta que las aguas volvieran a su cauce. Lo que no imaginaban los políticos es que el pueblo les saliera respondón, Piñas ha salido respondón. La verdad, los principios y la libertad priman por encima de todos los tejemanejes políticos: La historia lo dice y ratifica.
Torrijos hizo lo que le dictaba su conciencia y sus intereses, Piñas también, porque seamos prácticos en todas estas loables actitudes patrióticas siempre hay un interés personal también, el de Torrijos, no creo que él pensara pasarse a cabo si triunfaba, de Piñas, aún no lo sé.
Piñas aún no se ha convertido en un problema de “estado”, más bien molesta tanto como un chino en un zapato, (el chino seguro que es de la cantera). De momento esa molestia es enmascarada con el poder del molestado y enmascarada por el poder judicial que, queramos o no, son personas, están en la sociedad y no precisamente a la altura del pueblo, es otro nivel; pero si Piñas sigue hurgando donde le dicen que no debe, y se va acercando cada día más a los límites donde la verdad no interesa a ciertos estratos sociales y políticos, se puede convertir en virtud de alto riesgo, ¡entonces puede ser todo tan peligroso!. Ni él ni yo lo podemos imaginar. Tal vez, y solo tal vez, termine en la arena como terminó Torrijos, pero no en la arena de una idílica playa de Málaga, sino en la triturada y contaminante arena de una cantera. El poder y el dinero no tienen límites, ni físicos ni morales.
P.D.: No soy historiador ni sé de historia, no sé si cuadran los siglos o no, pero sí sé que lo de Torrijos y Fernando VII me lo contaron, lo de Piñas y Joaquín lo estoy viendo, aunque solo vea lo que ellos dos quieran, pero la historia los pondrá a los dos en su justo sitio. Tampoco quiero poner a Piñas a la altura de Torrijos, aunque la labor que está haciendo sea muy importante. Torrijos está a la altura que lo ha puesto la historia, Piñas casi no tiene historia, pero la tendrá, así es la vida, las personas y sus circunstancias.
Manuel Porcel
27-10-04