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DESASTRES METEOROLÓGICOS, NUESTRA APORTACIÓN

Manuel Porcel .30.03.04. Cuando la energía acumulada en la naturaleza aparece y se desata sobre la faz de este desatendido planeta, sin ningún tipo de orden ni control, en cualquier momento y en cualquier lugar, con predicción o sin ella, es cuando los humanos reconocemos nuestra pequeñez, debilidad y desconocimiento de las causas y misterios de la naturaleza, nos sentimos como los individuos más pequeños de la creación aunque seamos los más inteligentes y precisamente por eso mas que por otra cosa.

La inteligencia nos provoca cada vez más la sensación de querer ser como Dios, con la ingeniería y tecnología queremos ser tan grandiosos como Él, con la genética, la eternidad de la que disfruta el Creador, matamos y exterminamos como si fuésemos dueños de todas las vidas humanas, a nuestro placer e interés, Dios también lo hizo, pero parece ser que sus fines no eran tan mezquinos e interesados como los humanos.

No. Estamos muy lejos de ser como dioses, más cerca que el mono desde luego, pero nuestra presunción nos aleja cada vez más. De vez en cuando, con estos desastres meteorológicos, sísmicos o de tipo similar nos recuerdan nuestra pequeñez y nos ponemos cada uno en su sitio.

Existen obras arquitectónicas estudiadas para soportar seísmos, Japón y ciudades de la costa de California, obras hidraulicas para acumular grandes cantidades de agua (Gran Presa de China), grandes puentes para salvar desniveles, San Francisco, túneles grandiosos que procuran que no se aprecie agua entre isla y continente (Túnel del Canal de la Mancha), edificios tipo Torre de Babel como el de Singapur y muchos más ejemplos de lo que es capaz de hacer el hombre en función de su inteligencia, conocimientos y experiencias.

Dentro de los que pasarán a la historia de este pueblo como promotores de “Grandes Obras e Infraestructuras” será mi “amigo” D. Antonio y los que consienten sus chapuzas también. No hay construcción que se encuentre fuera de problemas cuando se oscurece el espléndido sol de la Costa del Sol. Con que haya una pequeña bruma en el ambiente ya hay humedades por todos sitios, si llueve, las aguas fluyen con toda libertad por todos los cauces indebidos, en ese momento, el sitio más seguro para no mojarse es ponerse encima de una rejilla de recogida de pluviales.

Intento imaginar como se construyó el puente que permite el paso por el polígono industrial, el de la segunda fase. Bueno, voy a suponer que ya estaba hecho, pero se quedó un poco estrecho. Solución: Lo ensanchamos, las canalizaciones eléctricas, de alumbrado, de telefonía, de agua, deben pasar por él, pero no caben: Lo ampliamos.

Para que sea lo más económico sin importar lo duradero, la obra se adosa al puente, no se integra para formar un todo, para lo cual monto un sistema de encofrado tan cutre que después no puedo desmontarlo, no se puede quitar la chapa, pero por lo que va a costar la “obra de ingeniería” se puede permitir dejar la chapa, pues bien, con dos débiles patitas apoyadas en el seno del arroyo las dejo (según proyecto, ja, ja, ja) y que pase el tiempo. Ver foto 1. Aquí se puede observar la parte “aún estable” del chapú, la que aún se mantiene. Los tubos que se ven siempre han estado así, olvidémonos de las inclemencias del tiempo y recordemos las agonías, el desconocimiento y la irresponsabilidad de las personas.

En las siguientes fotos se observa, no lo que han hecho las lluvias sino lo que ha hecho D. Antonio y que la naturaleza lo ha mostrado a los que no lo sabían, muchos otros sí lo sabíamos y muchas otras cosas que saldrán con el tiempo. Por ejemplo al transformador de ese polígono se le caerá el techo, ahora está rajado y entra agua, pero ya tuvo D. Antonio la habilidad de pasárselo a Sevillana, con todas las presiones sociales y políticas que hiciesen falta en ese momento.

Ahora, D. Antonio, ante la vista de este puente pensará: ”Hay que ver lo “guay” que soy, amplié un puente y por unos detallitos técnicos lo convierto en una presa, me van a homenajear”,  y yo lo apoyaré pero sobre todo porque con la presa se habrán ahogado muchas ratas aunque hayan sobrevivido muchas otras que campean a su aire por todos lados.

El Ayuntamiento, en cumplimiento de sus funciones y mirando por la seguridad de las personas y las cosas debería de investigar estos enjuagues y poner a cada uno en su sitio, sea quién sea.

Hace un tiempo escribí un articulillo: “El arroyo nos devolverá la bofetada”, http://www.alhaurin.com/colaboraciones/porcel1.htm, hablaba del futuro del maltratado arroyo, ahora ha sido un toquecito en el hombro, ya veremos mañana, vendrá la bofetada.

Alhaurin de la Torre a 29 de marzo del 2.004

Manuel Porcel