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ACTUACIÓN
Manuel
Porcel. 01.07.05. Si es verdad que ahora son otros tiempos, tiempos
envidiables, pero no por menos, los viejos tiempos son inolvidables.
El dibujo que presento y comento forma
parte de la propia intimidad de cuando tenía diecinueve años. Una edad
crítica porque, por entonces, ya se era bastante adulto, se enviaban
miradas en ráfagas al mundo exterior que nos aguardaba fuera y cuya
apertura total estaba en la vivencia de la mili.
Una vez terminada la mili habías
cruzado esa puerta que era la frontera entre las vivencias
estudiantiles, los escarceos amorosos muy puritanos y el sofocón de
pretender entrar en el mundo laboral y real, el mundo de la competencia,
del dinero, de la familia, del futuro, de la prosperidad.
Este dibujo pertenece a una época en
que dentro de un internado, lejos de la familia, la penuria económica y
la falta de afectos directos se manifiesta en un reflejo de los consejos
de mi padre, de mi familia, que hacen que vayas orientando tu vida, que
vayas buscando tu futuro, forjando tu personalidad y a enseñarte todo lo
bueno que tiene la vida.
Este dibujo tiene tres planos
superpuestos, distintos pero complementarios, ninguno, por sí solo,
tiene validez alguna. Hoy lo entiendo perfectamente, por entonces me lo
transmitió el subconsciente.
El fondo, y como inicio del dibujo,
represento unos ejes cartesianos, la referencia matemática X-Y-Z , lo
que le da volumen y realidad a la imagen. Si tan solo existiera el X-Y,
sería solo un dibujo. Es el homenaje a no perder la referencia terrenal
ante lo utópico e imaginario: “Tener los pies en la tierra”.
En segundo plano represento un rostro,
un rostro no formado, insulso y con todos los defectos que aún quedan
por pulir, de ahí que los ojos sean distintos, la boca desmesurada, la
expresión de horror o incertidumbre. Eso es lo que expresa un chico de
diecinueve años a punto de enfrentarse con la vida.
Con el tiempo, todas las angulosidades
de ese rostro empiezan a redondearse, a homogeneizarse, a distender la
sonrisa, en resumen a empezar a entender y a vivir la vida.
En primer plano una estructura extraña,
una estructura tubular cerrada y angulosa, como un ciclo propio de vida,
pero destaco la rectitud de sus líneas basada en una gran frase que
resume todo el dibujo: “Estás en el mundo, fórmate y se humano, pero
se recto, justo y pulcro en tus actuaciones”.
La frase equivalente a esta, a nivel
más coloquial es: “Vista al frente, paso corto y mala leche”.
Una enriquecedora frase. Es la filosofía de la
vida, con su parte de interpretación.
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