|
Al-Ándalus Construcciones Sánchez Montero |
Peatones: ciudadanos de segunda
Todos, seamos conductores o no, estamos obligados siempre a realizar trayectos a pie por nuestras calles. De hecho, debido a las dificultades de aparcamiento, estos paseos son cada vez más habituales y de mayor longitud, con lo cual todos los alhaurinos nos convertimos a diario en peatones durante unos minutos. Y una actividad tan cotidiana como cruzar por un paso de peatones puede convertirse en un deporte de alto riesgo y hacer que nuestro cuerpo segregue una dosis extra de adrenalina. Las señales dibujadas en el suelo y las verticales que indican la prioridad de las personas ante los vehículos son ignoradas por completo, a no ser que exista un semáforo, porque la luz roja tiene poderes especiales sobre la mente de los conductores que las otras señales aún no han conseguido alcanzar. Los conductores no frenan y por el contrario los peatones declaran asegurarse de mirar detenidamente antes de echarse al asfalto. Lo que no quieren confesar es que muchas veces no son capaces de alcanzar el paso de peatones y cruzan la calzada por el punto que tengan más a mano. Pensarán que para qué van a desplazarse hasta el paso si los coches no van a detenerse, por lo cual van a sufrir el mismo riesgo abalanzándose en mitad de la carretera sobre el primero que pase y sin saber que esta actitud es la responsable del 60 % de los atropellos.
Los coches circulan rápidamente por la Avenida de Europa en la que se sitúan estos dos pasos pero otro ejemplo menos defendible de discriminación hacia los peatones lo encontramos en el desvío de la travesía hacia la calle La Torre. Ahí el conductor que no frena es porque no quiere, ya que para tomar el desvío debe reducir la velocidad porque la curva es estrecha y el paso de peatones está situado justo detrás de esta, con lo cual resulta más sencillo detener el coche que volver a acelerar. Y en el fondo los peatones incluso deben preferir que no les cedan el paso, porque además el que lo hace los mira con ojos criminales y no para de pisar el acelerador para presionar al caminante. Esto debe ser lo que se conoce como jungla de asfalto: un lugar en el que a pesar de la existencia de un reglamento de tráfico, ni peatones ni conductores cumplen las normas y cada uno establece las leyes que van a regir su vida. Después nos echaremos las manos a la cabeza por la crudeza que las campañas de prevención de tráfico nos muestran cada verano, pero está visto que en Alhaurín, y en el resto de la provincia, nos gusta el método didáctico de “la letra con sangre entra” y hasta que no veamos sangre en primera persona seguiremos considerando a los peatones ciudadanos de segunda.
|
Porcel y Vergara
PDSS
Partido Popular
|
|
|
Periódico Digital Independiente de Alhaurín de la
Torre: |
PÁGINAS WEB |
|