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Lucía Trabajo Rubio. 17.05.04. El pasado miércoles 12 todos los grupos parlamentarios emitieron su voto a favor del regreso de las tropas españolas destinadas en Iraq, motivados aún más tras el escándalo producido por la publicación de fotografías y vídeos que demuestran las torturas a las que están siendo sometidos los prisioneros iraquíes por parte del ejército norteamericano. Todos menos el PP, que sigue viviendo en un idílico y romántico sueño iniciado con la reunión que Aznar mantuvo en las Azores con Bush y Blair, del que aún no han despertado para ver la realidad de la posguerra. Pero, ¿alguien cree que a esto se le puede llamar posguerra? Sinceramente no creo que ni los propios estadounidenses consideren acertado este término para la situación que sus tropas están viviendo allí, porque desde que se iniciase el conflicto en marzo de 2003 ya han perdido a 774 militares, y paradójicamente la mayoría de ellos no durante la guerra sino en lo que ellos han denominado posguerra. Como ha repetido infinidad de veces Zapatero, el Gobierno no puede actuar dando la espalda a los españoles (los del Partido Popular debieron faltar a clase el día que explicaron que en los países democráticos el poder reside en el pueblo y los gobernantes se limitan a ejercerlo) y tampoco ignorando las resoluciones de la ONU. Y puesto que los ciudadanos de este país queremos que vuelvan nuestras tropas, porque como se viene demostrando allí no están seguras y no pueden colaborar en la reconstrucción porque los continuos ataques no ofrecen la posibilidad de hacerlo, el nuevo Gobierno del PSOE ha decidido satisfacer a sus votantes y devolvernos a los soldados antes de que finalice el presente mes. El caso es que para una vez que los políticos deciden cumplir una promesa electoral (veremos si de aquí en adelante el PSOE es capaz de seguir cumpliendo con lo pactado) se topan de frente con el PP, que sigue negándose a colaborar con la ONU y solidarizarse con el pueblo iraquí iniciando tareas de reconstrucción que les permita alcanzar estabilidad como nación. Porque para esto sí que vale el ejército español, cuyo cuerpo de especialistas podrá ponerse manos a la obra en cuanto acaben los enfrentamientos y comience la auténtica posguerra. Y es que no es lo mismo mandar a los soldados para restablecer tendidos eléctricos y reconstruir hospitales una vez finalizado el conflicto, que mantenerlos allí actualmente para que cumplan esas mismas funciones sin ninguna seguridad y viéndose obligados a repeler ataques contra sus bases en Iraq. Por otro lado, nos encontramos con las atrocidades que las tropas norteamericanas están cometiendo contra los prisioneros iraquíes, y obviamente también con las represalias de estos contra los americanos, porque no hay que olvidar que es una guerra y la ley del ojo por ojo está a la orden del día. Más aún si los atacantes han decidido hacer caso omiso de las resoluciones de Naciones Unidas y actuar siguiendo sus más bajos instintos. Aún así, la administración Bush se debate entre dar a conocer a sus ciudadanos más imágenes de estas torturas u ocultarlas porque no saben qué decisión perjudicará más su ya maltrecho nombre. Alguien puede pensar que este tema no nos incumbe a los alhaurinos pero debemos ser conscientes de que con la globalización actual el hecho más insignificante que ocurra en el lugar más recóndito del planeta puede afectarnos de forma irreversible. Que ya va siendo hora de que apreciemos que las funciones del ejército español van más allá del desembarco en el puerto de Málaga cada Semana Santa y de los desfiles con distintas cofradías de nuestra provincia. Y que la legalidad internacional no puede ser incumplida por dos o tres individuos que decidan reunirse en una isla a charlar un rato de lo divino y lo humano. |
Porcel y Vergara
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