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Correos: la odisea de una carta
Nadie sabe si este pésimo funcionamiento se debe al escaso personal de la plantilla, ya que el pueblo no para de crecer y sin embargo da la impresión de que el número de motos viejas que hay en la puerta del establecimiento es siempre el mismo, o a que los pocos trabajadores son ineptos por naturaleza. Me inclino más en favor de la primera opción porque al verlos realizando sus labores en la oficina y en la calle no parece que estén incapacitados para tener éxito en sus tareas. El caso es que la presente denuncia viene motivada por un suceso vivido en primera persona y que me ha llevado a confirmar que la situación seguirá agravándose con el tiempo. Y es que estamos acostumbrados a que en Correos se nos diga que nuestra carta llegará a su destino en cinco días y que por motivos insospechados la odisea se alargue hasta las dos semanas. Por eso estas irregularidades nos parecen normales y la expresión “correo urgente” nos hace esbozar sonrisas sarcásticas. Porque lo urgente en Alhaurín no existe. Pero el colmo es que al depositar una suscripción para una revista en el buzón situado en la urbanización Torresol, adornado con un letrero que indica claramente que se efectúan recogidas diarias, nos enteremos de que el envío llega a su destino 58 días después. Casi dos meses, que se dice pronto. Esto nos lleva a pensar dos cosas: o bien que la recogida no es diaria (en el caso de Torresol parece que con un poco de suerte podría ser mensual), o que una vez que se recogen pueden aguardar eternamente entre los muros de la oficina hasta que alguien se decida a ponerlas en circulación. Un poco vergonzoso, la verdad. Otra tendencia sospechosa es la de los propios carteros a depositar en un solo buzón la correspondencia de todos los vecinos de una calle, con lo cual el particular debe molestarse y redistribuirla como si fuese un funcionario más. Eso sin contar las veces en las que dejan cartas en buzones que no se corresponden ni por casualidad con la dirección inscrita en el sobre. Claro que al lado de los tremendos retrasos estos otros problemas podrían parecer menores. Confiemos en que con el traslado al nuevo local de la calle Isaac Peral se arreglen estos desajustes en el servicio postal: una mejora en la organización, porque ya es un tópico eso de que la burocracia es lenta pero a veces puede serlo hasta límites inimaginables; un aumento del número de trabajadores en dicha oficina de correos, porque aunque a veces nos cueste reconocerlo, los carteros son personas de lo más normal y no superhéroes de ninguna clase, por lo que debe ser materialmente imposible atender satisfactoriamente las necesidades de una población que crece a pasos agigantados. En definitiva, a ver si es posible ir arreglando poco a poco los servicios públicos de los que tienen derecho a disfrutar los ciudadanos. Porque de un día para otro no vamos a cambiar el mundo pero a ver si es posible dar un paso para intentarlo.
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