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PASATIEMPOS: “NIÑO, QUITA LA MESA”

 

Eladio Cobo. 10-11-01 El niño, en la mesa, te provoca la duda razonable de si esta orden es legal o no. El niño te mira, siempre ha pensado que tiene todos sus derechos –últimamente, presuntamente, de nuevo suspende Ética, á pesar de que falsificó el examen-, pero el tema de los deberes todavía no se los han enseñado, ni en este curso ni en los quince siguientes. 

El niño sigue pensando si quita la mesa o no –ha oído algo de los derechos del niño y que le son muy favorables-, se hace el loco y ante la mirada cómplice del padre, se acuesta sin quitar la mesa. El padre soy yo y ni la quita el niño ni la quito yo. Él va a lo suyo y yo le sigo la corriente, tal vez porque me interese o no le dé importancia. 

La familia y vecinos me increpan sobre mi falta de autoridad en lo de:” Niño, quita la mesa” y que el niño no la quite. Nunca es tarde para imponerse –pienso-, el niño ha adquirido unos derechos deformes por el tiempo que quitar la mesa puede provocarle un trauma irreversible, una especie de “alarma familiar”. La madre y toda la familia me hacen ver que me he equivocado, todo el mundo piensa que me he equivocado, yo también lo creo, pero desde luego no estoy dispuesto a reconocerlo. 

Reconocerlo demostraría debilidad –yo tengo una galería a la que deslumbrar-, la familia y mis amigos me importan, son los que me apuntan y han decidido, desde hace muchos años, que yo mantengo a la criatura, pero ahora mismo no me importan, mis miras están en otros ambientes mas codiciados, ya tendré tiempo de volver a ellos porque siempre los tendré ahí, y aunque alguno me abandone siempre tendré a algunos otros de ellos para que me sigan considerando el padre de algunas otras criaturas. 

Pero, ¿cómo les justifico que lo del niño es totalmente correcto? –ya que no estoy dispuesto a que quite él la mesa, de momento-, pues con argumentos actuales: El niño al decirme, difusamente, que tiene unos derechos, que se lo han dicho (pero que no lo tiene muy claro) aduciré que el niño me ha creado “inseguridad legal”, que aunque la madre me convenza de que es una postura errónea, le indicaré que no puedo arriesgar mi futuro y el de la familia creando un caos familiar, que es el fin de la familia. 

Mi familia y amigos pensarán que les traiciono, es verdad, pero bueno los tengo fidelizados desde un principio y esta traición, como muchas otras, la olvidarán pronto. Mientras tanto –pienso, hasta los 18 años- tengo una horquilla entre 3 y 5 años, tiempo suficiente para decidir si el niño quita la mesa o la pone en otro sitio. 

La situación transciende y mi familia, amigos, más algún que otro vecino, me proponen una reunión para debatir el tema. Yo, empecinado en mi idea, les sigo el rollo y les digo a todo que sí. Mientras tanto mi imagen frente a la galería brilla cada día mas, mis colegas, que también tiene algún que otro niño trabajoso me animan a seguir con mis malas apariencias, pero ya alguno me comenta que lo de mi niño debería darle una solución porque la vecindad se está poniendo muy pesada con el tema. 

Hombre, eso lo sabía yo, pero que un colega me lo restriegue, me cabrea, por tanto y para calmar al personal les voy a convocar a una reunión, pero acudiremos solo la familia, que el del 5ºC o el 4ºA se enteren de nuestros entresijos o empiecen a incordiar, de eso nada, quedan fuera de la reunión y punto, además, para demostrar imparcialidad voy a invitar a algunos amiguetes de la galería, así nunca estaré en desventaja. O mejor todavía, me voy a reunir con el niño y con la galería, que el niño escuche todo lo cabreado que estoy y lo que pienso recriminarle en el futuro, pero sin traumatizarlo. 

Como resultado de la reunión, he decidido pasárselo a la abuela (en el momento adecuado, no quiero alborotos familiares). La abuela, después de todos los comentarios habidos sobre el niño, aunque le gusta la idea de tener a su nieto junto a ella (porque la verdad es que el nieto tiene algo de chollo), le inquieta pensar que con el paso del tiempo el niño deje de nuevo de quitar la mesa y tenga los mismos problemas que yo ahora, pero ahí está mi habilidad, en explicarle que en casa recibimos muchas visitas, y cada vez más, que la imagen del niño no nos perjudica, aún sabiendo que perjudica y molesta un montón, aunque me joda decirlo ya que lo he mantenido yo. 

Me preocupa mi futuro, una vidente me ha pronosticado que irremisiblemente perderé a mi familia, tal vez algún vecino me acoja, el del 5ºA, o el 5ºB, me da igual la letra, el signo o la raza, pero ¡me he portado tan mal con ellos! Y gran parte de mi desgracia fue por el desdichado niño, no supe imponerme a tiempo. El niño ya no está, queda, después de 15 años, toda su ropa sucia esparcida por toda la casa, la casa es inhabitable, polvo y desconchones por todos lados, ¡qué tristeza!. ¿Y la galería?, ya se olvidaron de mí, con lo del niño les dolió a todos mucho la cabeza, me han dado la espalda. Ya solo me invitan a las tertulias cuando se juntan trece para salvar ese número supersticioso o cuando pagamos a escote. 

El niño, que se lo quedó la abuela, se ha hecho mayor, pero sé de buena tinta que nadie lo quiso, que al principio todo fueron carantoñas, pero con el paso del tiempo vieron que molesta y se lo pasaron de unos a otros. Ha estado con el Tío Miguel, con mi Primo Pablo, pero con quién no ha estado ha sido con mi pariente Jesús, ni con Enrique, estos dos lo tenían claro desde un principio. 

Ahora bien, jamás sabrá nadie lo que pensaba en cada momento, y todo lo que me reí de la familia, mis amigos y los vecinos. 

                                   Alhaurin de la Torre 10-11-01

Eladio Cobo