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Juan Manuel Cestino. 30.03.03. Para desgracia y vergüenza de nosotros, los que nos auto clasificamos como Hombres sabios, la sangre de nuestra propia especie vuelve a derramarse como ofrenda a la ambición desmedida del poder económico. Como Caín tratamos vanamente de encontrar absurdas mentiras que nos permitan acallar nuestra conciencia aunque esta vez hayan sido millones los seres humanos que han clamado y siguen clamado. Justicia y verdad. El próximo mes de mayo estamos convocados como supuestos seres racionales y con libre albedrío a elegir a nuestros representantes el los Ayuntamientos. Normalmente en los núcleos de población más pequeños prima la persona, a las siglas del partido al que pertenece, y desde luego muy por encima del programa ideológico, algo que ya nadie siquiera lee porque en contadas ocasiones se tiene la intención de cumplirlo. Aquí se presenta ahora el dilema. Como decía al principio, los acontecimientos nos han traído a una guerra no declarada pero de la que somos como nación, promotores. Que yo sepa a ningún español se nos pregunto cuando votamos hace años si estaríamos dispuestos a promover la agresión a un país que no nos ha agredido, causando grandes sufrimientos a personas iguales a nosotros, en una guerra injusta y cruel. Por injusta y cruel es condenada por la propia Iglesia Católica como inmoral y muchos de nosotros somos católicos y aunque no practiquemos la liturgia de nuestra fe, no somos tibios. Recordamos como la jerarquía del catolicismo en España en tiempos no muy lejanos bendecía la fe que entraba por los agujeros que abrían los cañones. Hoy, gobernantes de ideologías muy afines a los que daban la orden de disparar aquellos cañones, nos piden nuestra confianza traducida en el voto hacia su partido. Ofenden a nuestra inteligencia como pueblo al negar la evidencia, y piden nuestro voto. En nuestro nombre y sin nuestro consentimiento alaban a un agresor que amparado en su tecnología masacra cobardemente a un pueblo, y piden nuestro voto. Mancillan a nuestros muertos cuando servilmente se prostituyen al gobierno de la nación que en el pasado declaro a los españoles “ejes del Mal” y enviando un obsoleto acorazado a Santiago de Cuba, mando volarlo matando a su propia gente, para utilizarlo como excusa en la guerra que causo la ruina moral a la España de final del siglo XIX, y piden nuestro voto. Posiblemente en voz baja algunos digan que es cosa del Presidente Señor Aznar, que ellos son contrarios a lo que ocurre, pero que se deben al partido. Que clase de gente puede acatar algo así sin revelarse, que “tripas” tiene esta clase de gente, y que esperan ganar a cambio de permanecer servilmente fieles a una consigna, y en contra de su propia conciencia si es que la tienen. Aun nos piden que confiemos en ellos, y nos hacen promesas, sinceramente estas preguntas me angustian y también me angustian las respuestas que se adivinan, pero lo que si me horroriza es comprobar como celebro la noticia de la destrucción de un carro blindado o el derribo de un avión o helicóptero anglosajón. ¿Quizás hayamos perdido nuestra capacidad de compasión? ¿Hemos perdido ilusión por la utopía? O simplemente hemos dejado de ser humanos.
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Porcel y Vergara
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