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Estamos desertizando nuestra franja Litoral.
Debemos distinguir entre la palabra desertización y desertificación. La primera define el proceso más o menos natural, que provoca la pérdida de productividad de un suelo. Y la segunda es el nefasto resultado de la acción humana, que lleva a la esterilidad permanente de nuestro suelo y por consiguiente a convertir en erial una tierra que antes fue fértil y productiva. En esta transformación se ha originado un beneficio económico importante, pero sólo para un número limitado de individuos. Málaga sobrepasa ampliamente el 68% de suelo antes fértil y ahora desertizado, se calcula una pérdida media de 1,2 toneladas de suelo fértil por Ha y año. Málaga posee un 36,9 % de superficie con un riesgo de desertización alto y un 37,3 % muy alto. Perdiendo además de un 15 a un 20 por ciento de cubierta vegetal y realizándose abundantes plantaciones de especies exóticas que nada tienen que ver con nuestras plantas autóctonas. El clima de nuestra tierra es también uno de los responsables importantes de este proceso, ya que, su ciclo árido y poco lluvioso hace que se concentren las precipitaciones en primavera y otoño, siendo en esta última estación, el otoño, donde los vientos calidos y húmedos del mediterráneo, junto a bolsas de aire muy frió en las capas altas de la atmósfera provocan lluvias torrenciales de decenas de litros de agua por metro cuadrado en muy poco espacio de tiempo, – Gota Fría - erosionando y arrastrando con facilidad un suelo fértil pero sin protección. De nuevo debo decir que la mano y el poco cerebro del hombre han desproporcionado el problema. Las talas excesivas cambiando el uso del suelo de forestal a urbanizable, la explotación de recursos mineros hasta limites demenciales, la construcción de obras públicas cuyo único objeto parece ser el aumentar la presión humana contra los pocos espacios naturales que quedan, los incendios forestales, el abandono de cultivos tradicionales de montaña, el cambio de cultivos hacia otros más intensivos, etc, etc. Todas estas prácticas hechas sin entender ni atender el frágil equilibrio que se mantenía en nuestra provincia, adelanta el inicio del proceso de erosión del suelo. Como resultado de esta falta de sensibilidad a las características físicas de nuestra Málaga que muestran todas las Administraciones Públicas, el equilibrio del que hablo anteriormente se está alterando con facilidad de forma irreversible. En su mayor parte debido a actuaciones poco o nada estudiadas y que responden únicamente a criterios de beneficio económico inmediato. No se tiene en cuenta el criterio de sostenibilidad y menos aún el de preservar los espacios no degradados, valorándolos económicamente como espacio de interés humano. Prevalece el papel que nuestros políticos nos han asignado dentro de la macro economía Europea. Málaga debe ser una provincia dedicada al Sector Servicio sin actividad primaria aunque si terciaria - es decir – debemos ser una comunidad de trabajadores del sector servicios, o siervos.
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