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Boletín informativo electrónico del Ayuntamiento de Alhaurín de la Torre |
Viernes Santo: olor a
romero
10
de abril de 2004.-

Todos
los cofrades en la iglesia, como siempre. Pero este año no se abrieron las
puertas, como siempre, para que los tronos de la Real Cofradía del Santísimo
Cristo de la Vera Cruz y María Santísima de la Soledad, “los Verdes”,
salieran a la plaza y tuvieran su cita con los vecinos de Alhaurín que
aguardaban en la puerta.Esta vez no había tantos como suelen concurrir de
costumbre, pero sí una gran cantidad de ellos, que a pesar de la insistente
lluvia y de que la procesión se había suspendido, aguantaban impávidos bajos
sus paraguas a que las puertas se abrieran y pudieran contemplar sus veneradas
imágenes dentro del recinto religioso, a resguardo de las inclemencias del
tiempo. Fuera, la lluvia era la protagonista. Y la espera.
Dentro,
los hermanos, perfectamente vestidos para salir, aguardaban desolados. No cabía
un alfiler. Pequeños, -vestidos de nazareno-, mayordomos, capataces de trono,
nazarenos de vela y portadores, tocados con la faraona y vestidos de verde o de
negro según su asignación al trono del Cristo o de la Virgen. Esta vez no
imperaba la alegría de otros años. Ayer, la desolación y la pena reinaba por
todos lados. Las lágrimas asomaban a muchos de ellos, mientras los tronos
engalanados de flores aguardaban preparados para ser alzados a hombros.
La
candelería del trono de la Virgen y los cuatro cirios rojos, que rodean la
imagen del Cristo Crucificado, eran prácticamente toda la luz que iluminaba el
patio central de la iglesia.
Como
todo un símbolo, la antigua imagen del Cristo de los Verdes, presidía el altar
mayor ante los ojos de los nazarenos. Detrás, la banda municipal que estaba
llamada a acompañar al Crucificado de la Vera Cruz, por las calles, se
preparaba a interpretar algún tema procesional.

Un
acto penitencial sustituyó a la procesión. El párroco dirigió unas palabras
a los congregados, donde no faltaron las autoridades municipales con el alcalde
a la cabeza y todos aquellos que tenían prevista su salida. Y se rezó. Luego,
la desolación dejó paso al deseo contenido.
Las
puertas se abrieron, para que el público, -que seguía mojándose en el
exterior- pudiera admirar sus imágenes y participar con los hermanos del
momento de la alzada y el balanceo de los tronos. Tanto el Cristo, como la
Virgen, fueron izados y comenzaron los gritos, los vivas, los piropos; bajo un
clamor unánime, mientras la banda tocaba una marcha procesional (VER
VIDEO). Irrumpió el llanto y la pena por no poder sacar los tronos a la
calle y que fueran admirados por todo el pueblo y venerados como corresponde en
su día de Viernes Santo.
Los
soldados legionarios no faltaron tampoco a su cita. En la puerta, en formación
militar, entonaron “el novio de la muerte”, la canción a su Cristo de la
Vera Cruz, cofradía de la cual son hermanos Mayores (VER
VIDEO). El Cristo de cara a su pueblo y a su Legión, se balanceaba a la
puerta de la iglesia entre aplausos y vítores. Colgado a sus pies, también se
movía a compás, el chaipiri –gorro legionario- regalo del coronel del
Tercio.
Las
calles del pueblo desiertas. Cantarrana, Málaga, Plaza de San Sebastián,
Ermita, Real y Juan Carlos I, olían a romero.
Galería de imágenes
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Edita: Oficina de Prensa del Ayuntamiento