¿Vuelve la
nuclear?
José
Santamarta.
Artículo de la Revista World Watch nº25
http://www.nodo50.org/worldwatch/
Veinte
años después de Chernóbil, sólo el 12%
de los europeos apoya el uso de la
energía nuclear, cifra que en España se
reduce al 4%, unos datos que deberán
tener en cuenta los nuevos aprendices de
brujo, empeñados en resucitar la energía
nuclear, una fuente de energía cara,
peligrosa e innecesaria.
Las energías favoritas de los europeos
son la energía solar y la eólica, que en
su inmensa mayoría rechazan la energía
nuclear, pero un día sí y otro también
un pequeño grupo de iluminados tratan de
resucitar la opción nuclear que es, sin
lugar a dudas, la peor y la más
indeseable de las fuentes energéticas,
lo diga James Lovelock, Joaquín Almunia
o Loyola de Palacio. El presidente del
Foro de la Industria Nuclear, Eduardo
González, reclamó la instalación de
15.000 megavatios (MW) de potencia en
centrales nucleares en el periodo
2008-2020 para garantizar el suministro
en España. Por pedir, que no quede. En
los grandes medios de comunicación
parece que sólo se pueden expresar el 4%
de los pronucleares, mientras ese 96%
que queremos el cierre paulatino de las
centrales nucleares existentes y, por
supuesto, ninguna más, quedamos
relegados y se silencian nuestros
argumentos.
Las razones que esgrimen los
pronucleares no son muy diferentes a las
de hace 30 años, pero con algunos toques
de modernidad: reducen la dependencia
del petróleo y el gas natural, no emiten
dióxido de carbono, permiten cubrir las
necesidades crecientes de electricidad,
son seguras, también baratas y se obvia
el problema hoy irresoluble de los
residuos radiactivos, la gravedad de un
cualquier accidente (como demostró
Chernóbil) y la grave proliferación
nuclear, puesta de manifiesto por Irán y
sus intentos de hacerse con armas
nucleares para defenderse de Estados
Unidos, o las más de 30.000 cabezas
nucleares.
En España el Ministerio de Industria ha
creado una Mesa de diálogo sobre la
energía nuclear, cuya composición no
deja lugar a dudas: un par de
representantes ecologistas, para guardar
las apariencias, y el lobby nuclear al
completo. La postura del ministro de
Industria contrasta con las defendidas
por el presidente Zapatero, el propio
programa electoral del PSOE, o el
acuerdo PSOE-Los Verdes. La Generalitat,
en el Pla de l'Energia de Catalunya
2006-2015, propone “una estrategia
gradual de cierre efectivo a partir del
año 2022 con las menores repercusiones
ambientales y económicas posibles,
aprovechando la disminución progresiva
de la producción nuclear, que pasará del
55,8% de la producción eléctrica el año
2003 al 34,8% el año 2015”.
La central nuclear de Vandellós en la
provincia de Tarragona, donde el 19 de
octubre de 1989 se produjo un accidente
en un reactor de tipo grafito-gas, es la
única central nuclear que hasta ahora se
ha cerrado en España, pero el 30 de
abril de 2006 se cerrará Zorita y Garoña
pronto seguirá sus pasos. El gobierno
del PSOE prevé abandonar la energía
nuclear en los próximos años, aunque
algunos sectores presionan para relanzar
la energía nuclear (Almunia, Montilla…
).
Es probable que el cenit de la
producción mundial del petróleo y gas
natural llegará en 20 o 30 años, con
todas las matizaciones que exponemos en
los artículos de World Watch, y que ello
empuje los precios al alza, pero hay
tiempo más que suficiente para realizar
la transición ordenada hacia un modelo
energético más eficiente, menos
intensivo energía y en donde las
energías renovables vayan sustituyendo
paulatinamente a los combustibles
fósiles, sin necesidad de recurrir a la
energía nuclear, la fuente más peligrosa
y la que nos dejará una herencia de
residuos radiactivos y armas nucleares.
En cualquier caso, las reservas de gas
natural, el más limpio entre los
combustibles fósiles, son superiores a
las del petróleo y nos dan tiempo más
que suficiente para realizar una
transición que conjure tanto la amenaza
del cambio climático como la que supone
la vía nuclear.
Pero los avances reales de las energías
renovables, a pesar de los escasos
presupuestos dedicados a ellas y la
falta de voluntad política de Estados
Unidos y muchos otros países, es
ignorada y despreciada por el sector
pronuclear, representado por la derecha
política y económica que controla gran
parte de los medios de comunicación. Ha
bastado el corte del suministro de gas
natural de unos días de Rusia a Ucrania,
por una discusión sobre los precios,
para que vuelvan a la carga con
renovados bríos, mientras ignoran los
intentos de Irán por acceder a la bomba
atómica, el acuerdo nuclear entre
Estados Unidos e India firmado por
George W. Bush, el 20 aniversario del
accidente de Chernóbil, o cualquier otra
noticia contraria a sus intereses, como
el auge de la eólica, la solar
fotovoltaica o la solar termoeléctrica.
Pero la historia es
terca. George W. Bush lleva promoviendo
en estados Unidos desde hace seis años
la energía nuclear, pero no ha iniciado
ninguna, y en toda la Unión Europea,
sólo Finlandia está construyendo una
nueva central nuclear, con toda la ayuda
del estado, ocultando los costes reales
y sin somerterla a las leyes del
mercado, pues a fin de cuentas se trata
de una subvención encubierta a su
industria papelera, que es una gran
consumidora de electricidad. En 1990, en
lo que ahora es la Unión Europea de 25
países, había 164 centrales nucleares,
mientras que ahora hay 147; en todo el
mundo, en los últimos doce años se han
clausurado 33 centrales nucleares y se
han inaugurado sólo 54, menos de dos
reactores al año.
La energía nuclear es la más cara
Se requiere un Análisis del Ciclo de
Vida, desde la cuna a la tumba, que
incluye todo el proceso, desde la
minería del uranio, su enriquecimiento,
las propias centrales nucleares, el
reprocesamiento del combustible, su
desmantelamiento y la gestión de los
residuos, que seguirán siendo
radiactivos y peligrosos dentro de
250.000 años, y ese análisis lo ignoran
todos los promotores y falsean todos los
datos sobre costes que ofrecen, que son
auténtico surrealismo, cuando no un
insulto a la inteligencia de la
ciudadanía.
La industria nuclear es una auténtica
ruina, que sólo puede vivir a base de
subvenciones públicas, directas o
indirectas, como en Francia y en la
práctica totalidad de los países, y
donde más posibilidades tiene de
propsperar es allá donde hay dictaduras
y una ausencia total de domocracia y
transparencia, como en China. El
analfabetismo energético lo practican
los promotores de la energía nuclear,
pero la situación de hoy no es la de
1970, cuando se lanzaron los programas
nucleares.
La energía nuclear, que iba a ser tan
barata que no necesitaría contadores, se
ha demostrado que es la forma más cara
de producir electricidad cuando se
considera el ciclo completo. También era
la más segura, y Chernóbil demostró que
es la más peligrosa. Los usos pacíficos
y la proliferación nuclear van de la
mano, y hoy, gracias a la energía
nuclear el mundo es más más peligroso
que nunca, con nuevas potencias
nucleares, como Israel, India, Pakistán
y Corea del Norte, y en un futuro
próximo también Irán. ¿Y que pasaría en
caso de un atentado terrorista contra
una central nuclear?
La inversión de una
central nuclear es de más de 2.000 euros
por kW de capacidad de generación,
mientras que en las centrales de ciclo
combinado de gas natural es de 450 euros
por kW y de 900 euros el kW eólico, que
no requiere combustible ni genera
residuos radiactivos durante miles de
años. Los plazos de construcción de una
nuclear van de siete a quince años,
frente a dos de una central de ciclo
combinado o unos ocho meses de un parque
eólico, y están sujetos a enormes
incertidumbres y a la oposición popular.
La construcción de una central nuclear
provoca un enorme endeudamiento a largo
plazo, sometido a las variaciones de los
tipos de interés. La mejor prueba de su
nula rentabilidad es que no han
resistido la prueba del mercado, y sólo
las promuevan empresas públicas sin
ninguna transparencia.
Y una fuente de energía
debe internalizar todos sus costes,
incluido el desmantelamiento de la
central y la gestión de los residuos
radiactivos de alta actividad. Aunque
sólo sea en salarios de los guardas
jurados durante miles de años, los
costes del ciclo completo son ruinosos.
Pero cuando hablan de costes se omiten
todas esas externalidades, dando por
supuesto que seremos los que las
paguemos.
El negocio es construir
centrales nucleares, e incluso
gestionarlas, pero la gestión de los
residuos y el desmantelamiento de las
centrales, ¿cuánto cuesta? ¿quién lo
paga? ¿quién corre con las pólizas de
seguro en caso de accidente? La energía
nuclear es el más claro ejemplo de
privatización de beneficios y
socialización de pérdidas.
Las grandísimas
inversiones que requieren las centrales
nucleares tienen un coste de
oportunidad, al detraer recursos de
otros sectores más intensivos en empleo
y más sostenibles, como la gestión de la
demanda, el aumento de la eficiencia
energética y las energías renovables.
Las centrales nucleares
tienen efectos desastrosos sobre las
regiones donde se implantan,
fundamentalmente sobre el turismo,
siendo industrias de enclave que apenas
crean empleo y perjudican el desarrollo
de otros sectores.
Las
centrales nucleares sólo producen
electricidad
Las centrales nucleares sólo sirven para
producir electricidad, de forma mucho
más cara y peligrosa que con energía
eólica, una alternativa real mal que les
pese a los promotores de la
nuclearización. Las centrales nucleares
son innecesarias y nunca sustituirán al
petróleo, pues sólo un porcentaje ínfimo
y cada vez más pequeño de derivados del
petróleo se destina a la generación de
electricidad. El bioetanol y el
biodiésel, y a medio plazo el hidrógeno
obtenido a partir de energías primarias
renovables, son la alternativa al uso de
los combustibles fósiles, y no una
fuente que sólo sirve para producir
electricidad, que puede producirse a
partir de muchas otras fuentes con un
impacto muy inferior.
Las nucleares, además, son muy poco
eficientes, pues su rendimiento
energético apenas llega al 30%,
disipándose el resto en forma de calor
residual a través del agua utilizada en
la refrigeración del reactor. El consumo
de agua, incluso en circuitos cerrados,
es elevado, por lo que deben localizarse
en el litoral o en las proximidades de
algún gran río.
En 2005 el carbón supuso el 28% de la
participación en la producción eléctrica
española; la energía nuclear el 19,6%;
el gas natural el 26%; el petróleo, un
8,9%; la eólica el 7%; la hidráulica el
7,9% (fue un año excepcionalmente seco)
y otras renovables un 2,6%. Las
renovables, especialmente la eólica, han
experimentado un gran desarrollo, y en
las próximas décadas nos permitirán
producir la electricidad necesaria,
reduciendo las emisiones de dióxido de
carbono, y el cierre paulatino y
ordenado de las centrales nucleares al
final de su vida útil, sin necesidad de
construir ninguna más. En el pasado se
paralizaron en España 5 centrales
nucleares, y los intentos de revivir una
opción moribunda, cara y peligrosa es
muy probable que estén condenados al
fracaso.
Tecnología inmadura
Ni la ciencia ni la tecnología son
neutrales, teniendo considerables
repercusiones sociales, ambientales y
éticas. La tecnología nuclear, además de
sofisticada y centralizada, tiene
indudables aplicaciones militares, está
en mano de apenas media docena de
empresas multinacionales y es inmadura,
estando lejos de resolver los problemas
de seguridad, desmantelamiento y
eliminación de los residuos radiactivos.
La energía nuclear
aumentará la dependencia tecnológica en
la mayor parte de las fases del ciclo
nuclear (sobre todo el enriquecimiento y
el reprocesamiento), y también del
combustible, pues compramos el uranio,
que es un recurso tan escaso como el
petróleo, y dependemos de su
enriquecimiento tanto como del petróleo
o el gas natural.
En términos
estadísticos, se considera “nacional” a
la energía nuclear, que es una más de
las muchas falsedades. Es tan nacional
como el gas natural que importamos de
Argelia. Y puestos a reducir la
dependencia, lo sensato en invertir en
energía eólica y solar, donde contamos
con importantes empresas (Gamesa,
Acciona, Isofotón, Ecotecnia…) que
exportan a todo el mundo energía
sostenible, sin residuos y sin riesgos
de proliferación o terrorismo.
Las
centrales nucleares son ecológicamente
desastrosas
Las centrales nucleares apenas emiten
dióxido de carbono y otros contaminantes
atmosféricos (dióxido de azufre, óxidos
de nitrógeno), pero tampoco la energía
eólica o las diferentes aplicaciones de
la energía solar, y las energías
renovables, a diferencia de la energía
nuclear, no suponen un riesgo para el
medio ambiente a lo largo de todo su
ciclo de vida.
Las nucleares contaminan en todas las
fases, partiendo de las mismas minas de
uranio, donde liberan gas radón y otras
sustancias radiactivas, como radio y
polonio, y destruyen grandes superficies
de terreno (para obtener un kilogramo de
uranio se debe remover más de una
tonelada de tierra, y de este kilo sólo
un 0,7% es U-235). La radiactividad
emitida a lo largo de todo el ciclo de
vida se concentra y acumula en la cadena
trófica, no pudiéndose hablar de dosis
mínimas admisibles, pues todas son
peligrosas.
Residuos
para la eternidad
La Empresa Nacional de Residuos
Radiactivos (Enresa) después de más de
20 años, aún no han encontrado ningún
municipio que quiera albergar el
cementerio de residuos radiactivos de
alta actividad, ni el temporal ni mucho
menos el definitivo, a pesar de todo lo
que ofrece. Hoy, el objetivo de Enresa
es modesto, pero difícil: encontrar un
almacén temporal centralizado nuclear
español (ATC) con una capacidad de 6.700
toneladas, una vida de 100 años y un
coste de 500 millones de euros
La urgencia del ATC responde a tres
factores:
*la saturación de las piscinas de
refrigeración de las centrales
nucleares, donde actualmente se
almacenan los residuos de alta
actividad;
*en 2010 regresan de Francia 12 metros
cúbicos de residuos de alta actividad,
junto a 650 metros cúbicos de baja
actividad, procedentes del reprocesado
del combustible de Vandellós 1, enviados
tras el incendio sufrido por la nuclear
en 1989. En el acuerdo firmado con la
empresa francesa Cogema se fijaron
penalizaciones de 50.000 euros por día,
a partir 2010;
*a partir de 2011 regresan los 600
kilogramos de plutonio y 100 toneladas
de uranio, enviados al Reino Unido por
la empresa propietaria de la central
nuclear de Santa María de Garoña
(Burgos).
Enresa dispone de un almacén nuclear en
El Cabril (Córdoba) para residuos
radiactivos de baja y media actividad,
pero en él no se permiten almacenar
residuos de alta actividad. La central
de Trillo (Guadalajara) tuvo que
construir un almacén temporal individual
(ATI) cuando su piscina de refrigeración
alcanzó su tope de capacidad en 2002, y
Zorita (Guadalajara), que se cierra el
30 de abril de este año, también
dispondrá de su propio ATI. Y si el ATC
no está operativo en 2010, como es
probable, serán precisos almacenes
temporales individuales en Cofrentes
(Valencia) y Ascó (Tarragona).
Enresa anunció en 2005 que el municipio
que acoja el ATC recibirá doce millones
de euros anuales, cifra que se ampliará
a dieciocho millones cuando a partir de
2030 empiece a caducar la vida estimada
de las centrales nucleares españolas.
Pero ni aún así han encontrado ningún
municipio que se ofrezca, y la situación
empeorará cuando se aborde la
construcción de un almacén definitivo,
el denominado almacén geológico profundo
(AGP), cuyo coste se elevaría, según la
propia Enresa, a 12.000 millones de
euros.
Lo lógico es que todos
estos costes los asumiesen las empresas
propietarias, que son las que nos han
embarcado en la opción nuclear y han
facturado los kWh producidos. ¿Y qué
dicen los defensores de la energía
nuclear de esta patata caliente que son
los residuos radiactivos de alta, y que
nadie quiere ni sabe como solucionar? Y
mientras no tengan solución, mas les
valdría callarse.
Proliferación nuclear
Las centrales nucleares son la
rentabilización de las enormes
inversiones realizadas en la industria
militar. Buena parte de su éxito
posterior se debe a sus aplicaciones
militares y raro es el gobierno que no
aspira a tener su bomba atómica, para lo
que basta tener alguna central nuclear,
dominar el enriquecimiento o el
reprocesamiento, extrayendo el plutonio.
Un mundo sin centrales nucleares será
mucho más seguro y pacífico. EE UU y
Rusia conservan
30.000
cabezas nucleares y existen 5.000
toneladas de uranio enriquecido y 450
toneladas de plutonio en poder de varios
países, suficientes como para fabricar
varios miles de bombas atómicas. De caer
alguna de ellas en manos de algunos de
los muchos grupos terroristas, las
consecuencias serían catastróficas. El
silencio que rodea todo lo relacionado
con la proliferación nuclear recuerda al
avestruz que ante el peligro mete la
cabeza debajo de la tierra, pero la
proliferación sigue presente y es una
amenaza mucho mayor y más inmediata que
el cambio climático. Hay registrados más
de medio millar de incidentes de
contrabando de productos nucleares
confirmados desde 1993 por el Organismo
Internacional de Energía Atómica (OIEA),
la agencia de la ONU que debe velar por
el cumplimiento del Tratado de No
Proliferación Nuclear, un documento cada
vez más ignorado, y desde luego
arbitrario, pues pretende sancionar el
monopolio sobre el terror. Cualquier
país amenazado por Estados Unidos o
Israel tratará de acceder tarde o
temprano al armamento atómico, algo que
cada vez es más fácil.
Muchos de los programas nucleares sólo
enmascaran la decidida voluntad de
hacerse con armamento nuclear. Los casos
más conocidos son Israel, Suráfrica,
Irak, Irán, Corea del Norte, Pakistán e
India, pero lo cierto es la que los
llamados usos pacíficos de la energía
nuclear siempre han estado ligados desde
su origen a los usos militares.
La crisis de la energía nuclear
Hoy la
industria nuclear está sumida en una
profunda crisis. Hay en el mundo 443
reactores nucleares comerciales en
operación, con una potencia instalada de
369 Gigavatios (1 GW=1.000 MW). La
energía nuclear, presentada hace 35 años
como la alternativa al petróleo, al gas
natural y al carbón, hoy sólo representa
el 5,7% del consumo mundial de energía
primaria, a pesar de los dudosos métodos
de contabilidad, pues se considera el
calor producido en la fisión y no la
electricidad realmente producida. Con
unos métodos menos manipulados, e
idénticos a los que se aplican a las
energías renovables, la participación de
la energía nuclear se reduce a menos del
2% del consumo mundial de energía
primaria.
Hoy sólo se están construyendo 26
centrales, con una potencia de 20,8 GW,
el menor número desde hace 35 años,
respondiendo a pedidos de años
anteriores. La cifra de pedidos es
insuficiente para mantener una industria
nuclear, que sólo se mantiene gracias al
despilfarro de recursos públicos.
La potencia instalada en 2006 (369 GW)
es sólo un 12% superior a la de 1990
(328 GW), cifra doce veces inferior a
los 4.450 GW previstos por la AIEA en
1974 para el año 2000. La energía
nuclear, agobiada por problemas de
seguridad, almacenamiento definitivo de
los residuos radiactivos, costes
disparatados, alternativas mejores como
las centrales de ciclo combinado de gas
natural y los aerogeneradores eólicos,
el aumento de la eficiencia y las
energías renovables, y la oposición de
una opinión pública bien informada, no
tiene ningún futuro, a pesar de los
esfuerzos realizados para diseñar nuevos
reactores más seguros, utilizando para
ello enormes recursos públicos.
Mientras, un total de 110 reactores con
una potencia instalada de 35.309 MW han
cerrado definitivamente. La vida media
de operación es inferior a los 18 años,
muy alejada de los 40 años prevista por
las empresas constructoras, que incluso
quieren alrgar la vida de las centrales
totalmente amortizadas a 60 años.
Situación actual
Estados Unidos: no ha habido encargos de
nuevos reactores desde octubre de 1973
que no hayan sido cancelados. En los
últimos 40 años las compañías eléctricas
han cancelado 120 reactores, con una
potencia de 132 GW. Las 104 centrales
nucleares existentes en 2006, con una
potencia inferior a la cancelada,
producen el 20% de la electricidad. Se
han cerrado 23 centrales nucleares, y no
hay ninguna en construcción.
Francia: cuenta con 59 centrales
nucleares, otras 11 cerradas y ninguna
en construcción. La deuda de la empresa
pública Electricité de France asciende a
cerca de 25.000 millones de euros. La
sobrecapacidad instalada, los problemas
de seguridad y de residuos y los costes
de la deuda, hipotecan el futuro de un
sector nuclear mantenido con las
subvenciones públicas directas e
indirectas, y una falta total de
transparencia. En 2007 el gobierno
tratará de iniciar la construcción de un
nuevo reactor, quizás para intentar
revivir la moribunda industria nuclear
francesa, en un país donde el desarrollo
de la energía eólica, a diferencia de
Alemania y España, es nulo.
Japón: cuenta con 56 centrales y una
capacidad de 47,8 GW. En 1999 se produjo
uno de los mayores accidentes nucleares
en una fábrica de combustible nuclear, y
en 2004 murieron 4 trabajadores en la
central nuclear de Fukui. En diciembre
de 1995 el reactor rápido de Monju
sufrió un grave accidente. La creciente
oposición, los costes crecientes, varios
accidentes graves y la falta de lugares,
en un país que sufre frecuentes
terremotos, hipoteca el futuro nuclear.
Sólo hay un reactor en construcción y la
inmensa mayoría de la población es
antinuclear.
Antigua URSS: el accidente de Chernóbil
y la crisis económica casi han acabado
con la industria nuclear en Rusia, país
que firmó un contrato con la Siemens
para el desarrollo de un nuevo tipo de
reactor, el VVER 640. Unas 50 centrales
nucleares en construcción o en avanzado
proyecto fueron paralizadas después de
Chernóbil. Los reactores en
funcionamiento en Rusia, Ucrania,
Lituania y Armenia plantean graves
problemas de seguridad, al igual que los
de la misma tecnología existentes en
Bulgaria y Eslovaquia.
Alemania: los 6 reactores existentes en
la Alemania oriental, después de la
unificación, fueron cerrados, y los 5 en
construcción abandonados. Desde hace 30
años no se encarga ninguna nueva
central. El movimiento antinuclear
siempre ha sido potente. El gobierno de
socialdemócratas y verdes preveía cerrar
las 19 centrales nucleares existentes en
los próximos años, compromiso que no ha
sido cuestionado por el nuevo gobierno
de coalición entra la derecha y la
socialdemocracia. Ya se han cerrado 19
centrales nucleares, quedan 17 en
funcionamiento y ninguna en
construcción.
Canadá: la construcción de nuevos
reactores está paralizada, tras
cancelarse varios proyectos en la
provincia de Ontario. Hay 18 reactores
en funcionamiento, 7 cerrados y ninguno
en construcción.
Reino Unido: una prueba de lo ruinosos
que son los programas nucleares fue la
imposibilidad de privatizar las
centrales nucleares inglesas. No hay
planes para construir ninguna nueva
central nuclear, aunque el gobierno
lanza periódicamente globos sonda, como
sucede en la mayoría de los países,
donde los grupos de presión del sector
nuclear siempre tienen un gran eco en
los medios de comunicación controlados
por los grandes empresarios. Tiene 23
reactores en funcionamiento, otros 22
cerrados y ninguno en construcción.
Suecia: tras el referéndum de 1980 los
planes son cerrar las 13 nucleares
suecas antes del año 2010. Ya se han
cerrado tres, y sólo quedan 10 en
funcionamiento.
Corea del Sur: en 2006 había 20
centrales nucleares y actualmente no
construye ningún nuevo reactor. En 1988
tuvo lugar la primera manifestación
antinuclear en la historia del país. En
enero de 1996 el municipio de Yonggwang
retiró la autorización para construir
dos centrales nucleares. Recientemente
se supo la intención del gobierno de
construir bombas nucleares.
España: la moratoria definitiva desde
enero de 1995 de 5 centrales nucleares
que nunca funcionarán (Trillo II,
Valdecaballeros I y II y los dos grupos
de Lemóniz) ha costado a los
consumidores más de 10.000 millones de
euros. El negocio siempre fue la
construcción, aunque nunca funcionasen
las centrales nucleares. Ya se encargó
el estado de hacer pagar a los
consumidores. Los planes del PSOE de
Zapatero son cerrar paulatinamente las 9
centrales existentes. Zorita se cerrará
en 2006, y las organizaciones
ecologistas presionan para cerrar Garoña.
A pesar de los globas sonda, en los ocho
años de gobierno del PP no se inició la
construcción de ninguna nueva central
nuclear. Una cosa es el minuto de gloria
y un titular por alguna declaración a
favor de nuevas centrales nucleares, y
otra muy distinta es hacerlas, obtener
las licencias, la financiación y vencer
la previsible oposición de la inmensa
mayoría de la población, que en un 96%
no quiere más centrales nucleares.
Bélgica: los 7 reactores producen el 55%
de la electricidad del país. No hay
planes para aumentar el parque nuclear.
Taiwan: las 6 nucleares producen el 32%
de la electricidad. Los planes para
construir dos reactores en Yenliao se
han retrasado. En septiembre de 1994 un
policía murió en una manifestación
antinuclear, y la oposición antinuclear
es cada vez mayor.
China: tiene 9 centrales nucleares en
funcionamiento y 3 en construcción.
Tiene un reactor de 288 MW de tecnología
propia en Qinshan y otros 2 de 906 MW
cada uno de tecnología francesa en Daya
Bay, cerca de Hong Kong, donde más de un
millón de personas (el 20% de la
población) han firmado una petición
pidiendo el cierre de los dos reactores
por razones de seguridad. En 1994
comenzó la construcción de 2 nucleares
en Qinshan de 600 MW cada una, y tiene
planes ambiciosos para alcanzar los 36
GW en el año 2020, y a tal fin mantiene
relaciones con empresas francesas, rusas
y canadienses.
India: cuenta con 15 pequeñas centrales
nucleares (suman 3.040 MW) con un
impresionante historial de accidentes y
mal funcionamiento, y actualmente
construye otras 8. Posee un importante
programa nuclear de uso militar dirigido
contra Pakistán y sobre todo China. La
potencia eólica india (4.430 MW en 2005)
es ya superior a la nuclear, algo que
sucede ya en varios países, y será la
norma en los próximos años.
México: cuenta con dos reactores de 654
MW cada uno en Laguna Verde, a pesar de
los recursos energéticos del país.
Argentina: la central Atucha 1 se
inauguró en 1974 y Embalse (600 MW) en
1983. Los refugiados nazis Ronald
Richter y Walter Schnurr jugaron un
papel clave en el programa nuclear
argentino y en el contrato con la firma
alemana KWU, del grupo Siemens. Las
intenciones de poseer la bomba atómica
eran evidentes, aunque el fin de la
dictadura militar recondujo la
situación.
Brasil: los nazis Alfred Boettcher y
Wilhelm Groth están en el origen del
programa nuclear brasileño, y sobre todo
en el absurdo y leonino contrato que
Brasil firmó con la Kraftwerk Union
(Siemens) para adquirir 8 centrales
nucleares. El programa se paralizó, pero
el país siguió pagando a la Siemens. Hoy
sólo funcionan las centrales nucleares
de Angra 1 y Angra 2.
Cuba: en 1992 se paralizó por falta de
fondos la construcción de la central
nuclear de Juraguá con 2 reactores de la
obsoleta y peligrosa tecnología
soviética. Desde entonces cada cierto
tiempo se vuelve a hablar de ellos, como
a raíz de la visita de Putin a Cuba en
diciembre de 2000.
Pakistán: Kanupp, el reactor de 125 MW
de tecnología canadiense inaugurado en
1972, está ligado al programa que
permitió hacerse con la bomba atómica.
El conflicto con la India por la región
de Cachemira convierten a la zona en la
“más peligrosa del mundo”, y no es
descartable una guerra nuclear entre
India y Pakistán.
Abdul Qader
Jan, el padre de la bomba atómica
paquistaní, castigado y perdonado por el
presidente Pervez Musharraf, organizó un
supermercado de tecnología nuclear con
Corea del Norte, Libia e Irán, entre
otros países.
Italia: en el referéndum de noviembre de
1987 se decidió abandonar la energía
nuclear, cerrando las centrales en
funcionamiento o en construcción, como
Garigliano (150 MW), Latina (153 MW),
Trino (260) y Caorso (860 MW).
Austria: en 1986 se decidió clausurar
definitivamente la central nuclear de
Zwentendorf.
20 años
después de Chernóbil
El accidente de la central nuclear de
Three Miles Island en EE UU en 1979 pudo
haber tenido consecuencias
catastróficas, evitadas por los pelos,
pero fue lo suficientemente grave como
para acabar con los programas nucleares
en la mayor potencia económica.
Este año se conmemora el 20 aniversario
de la catástrofe nuclear, que ha dejado
más de 25.000 muertos, entre militares y
civiles, desde 1986, aunque la
propaganda nuclear pretende reducir la
cifra a la décima parte. La cifra de
afectados por cáncer a consecuencia de
este desastre alcanzará su punto álgido
de aquí al año 2020. Miles de personas
padecen cáncer de tiroides en distintas
áreas de Bielorrusia, Ucrania y Rusia
La noche del 25 al 26 de abril de 1986,
a la 1 y 23 de la madrugada del sábado,
en el reactor número 4 de Chernóbil,
tuvo lugar el mayor accidente de la
historia nuclear. Los efectos de la
radiactividad han superado todas las
previsiones, y la verdadera magnitud de
los daños se va conociendo años después.
Ya han muerto más de 25.000 personas, y
al menos 7 millones han sido
contaminadas por la radiactividad. La
catástrofe de Chernóbil afectó
gravemente a Bielorrusia, Ucrania y
Rusia, causando pérdidas incalculables,
y daños terribles a las personas, a la
flora y a la fauna. Más de 160.000 km2
están contaminados. El accidente de
Chernóbil fue una de las mayores
catástrofes ambientales, y sus costes
superan los 250.000 millones de dólares,
según un estudio oficial del gobierno
ruso, revelado por el Wall Street
Journal.
Los cuatro reactores existentes en
Chernóbil eran del modelo RBMK-1.000, un
peligroso modelo de agua en ebullición,
moderado por grafito. Todavía hay en
funcionamiento varios reactores
nucleares del tipo RBMK, y su cierre ha
sido pospuesto por razones económicas, a
pesar de sus riesgos, puestos de
manifiesto en la catástrofe de Chernóbil.
En Chernóbil funcionaban 4 reactores, y
se estaban construyendo dos más.
Curiosamente el accidente se produjo al
realizar un experimento relacionado con
la seguridad, en el que se pretendía
demostrar que la electricidad producida
por el alternador a partir de la inercia
de la turbina sin vapor podría usarse
para alimentar ciertos componentes del
sistema de refrigeración de emergencia,
durante periodos cortos, hasta que
pudiera disponerse de los generadores de
emergencia. Inicialmente se preveía
experimentar con una reducción de la
potencia, desde 3.000 megavatios
térmicos a 1.000 MWt, pero sin embargo
el reactor no pudo estabilizarse con
suficiente rapidez, y la potencia se
redujo a sólo 30 MWt. Al acumularse una
energía en el combustible del orden de
300 cal/g, se produjo una disgregación
del combustible seguida por una
explosión. Dos o tres segundos después
ocurrió una segunda explosión, causada
probablemente por la liberación de
hidrógeno cuando el vapor oxidó al
zirconio de las varillas del
combustible.
La violencia de la energía desprendida
provocó la elevación de la losa soporte
del reactor, de dos toneladas, haciendo
inoperativo el sistema de contención. La
entrada de aire facilitó la combustión
del grafito. Fueron necesarios nueve
días de heroico esfuerzo para poder
controlar el incendio posterior a la
explosión del reactor. Para controlar el
fuego y contener la radiactividad, los
helicópteros lanzaron sobre el núcleo
del reactor más de 5.000 toneladas de
plomo, boro y otros materiales.
Posteriormente se construyó un
gigantesco sarcófago, hecho con 410.000
metros cúbicos de hormigón y 7.000
toneladas de acero; el sarcófago fue
terminado en noviembre de 1986 y hoy
debería ser sustituido por otra
estructura. El reactor dañado
permanecerá radiactivo como mínimo los
próximos 100.000 años.
El accidente fue detectado el lunes 28
de abril de 1986, a las 9 de la mañana,
en la central nuclear sueca de Forsmark,
unos 100 kilómetros al norte de
Estocolmo, donde los contadores Geiger
registraban niveles de radiactividad 14
veces superiores a lo normal. Primero se
pensó en un escape en la propia central
(las primeras noticias de las agencias
de prensa hablaban de un accidente en
una central sueca), pero un exhaustivo
control mostró que la central funcionaba
perfectamente y que la radiactividad
venía de lejos. Cuando los suecos
reclamaron una explicación, las
autoridades soviéticas respondieron con
evasivas. Doce horas después de la
primera alerta de Forsmark, un
comunicado del consejo de ministros de
la URSS leído en la televisión reconoció
que se había producido un accidente en
Chernóbil. La población de la zona no
fue informada en los primeros días de la
gravedad de la situación, lo que agravó
los efectos.
En el accidente de Three Mile Island, en
Pensilvania (Estados Unidos), en 1979,
se liberaron 17 curios. En Chernóbil,
según las autoridades soviéticas, fueron
50 megacurios (50 millones de curios) de
los más peligrosos radionucleidos, a los
que hay que añadir otros 50 megacurios
en gases radiactivos inertes. Las cifras
reales fueron mayores que las declaradas
por el gobierno soviético. Para la OCDE
las emisiones ascendieron a 140
megacurios. Según la Organización
Mundial de la Salud (OMS) en el
accidente de Chernóbil se emitió 200
veces más radiactividad que la liberada
por la suma de las bombas nucleares
lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki en
1945, aunque el gobierno de Ucrania
afirma que fue 500 veces más.
Consecuencias
Toda la población en un radio de 30
kilómetros fue evacuada. Aún hoy cerca
de 375.000 personas aún no han podido
regresar a sus hogares, según la OMS. La
ciudad de Pripiat, que contaba con
50.000 habitantes antes del accidente,
hoy está abandonada, y en la llamada
zona de exclusión de 30 kilómetros
alrededor de Chernóbil sólo habitan 556
ancianos que no tienen otro lugar a
donde ir o no se han adaptado a vivir
fuera de sus pueblos de origen. Un total
de 105.000 km2 presentan una
contaminación superior a un curio por km2,
y según la AIEA hay 825.000 personas
viviendo en áreas con más de 5 curios/km2.
Según las Naciones Unidas un área del
tamaño de Holanda ha quedado
inutilizable permanentemente para usos
agrícolas. La mayoría de las 31 personas
muertas inmediatamente, trabajadores de
la central y bomberos que acudieron a
apagar el incendio, están enterradas en
el cementerio de Mitinskoe. Pero la
radiactividad, a no ser que se reciban
dosis extremadamente altas, mata
lentamente y no hay dosis admisibles por
debajo de las cuales ésta deja de ser
peligrosa.
Cerca de 800.000 personas, los
liquidadores, participaron en la
construcción del sarcófago que envuelve
el reactor o en las tareas de
descontaminación y limpieza, recibiendo
altas dosis de radiactividad, superiores
en un 7% de los liquidadores a más de
250 mSv (milisievert), aunque muchos
superaron los 500 mSv; la dosis máxima
admisible reconocida internacionalmente
para la población normal es de 5 mSv/año.
Según el gobierno de Ucrania, más de
8.000 liquidadores han muerto, y otros
12.000 están seriamente afectados por
las radiaciones. En Rusia el 38% de los
300.000 liquidadores padecen
enfermedades a causa de las radiaciones
recibidas, según el propio gobierno
ruso.
Una de las consecuencias de la
catástrofe de Chernóbil fue la absorción
por el organismo de miles de personas de
grandes cantidades de yodo-131 y
cesio-137. El yodo-131, aunque tiene una
vida corta, se acumula en la glándula
tiroides, causando hipertiroidismo y
cáncer, sobre todo en los niños. El
cesio-137 tiene una vida media de 30
años, por lo que sus efectos aún se
harán notar.
El ADN de las células germinales que
transmiten la información genética fue
dañado por la radiactividad, algo que no
ocurrió ni en Hiroshima ni en Nagasaki,
según un estudio dirigido por Yuri
Dubrova, del Instituto Vavilov de
Genética General con sede en Moscú,
publicado en la revista
Nature.
Las secuelas de Chernóbil perdurarán
durante varias generaciones. Según la
OMS (Organización Mundial de la Salud)
en 1995 el cáncer de tiroides en
Bielorrusia era 285 veces más frecuente
que antes de la catástrofe, y las
enfermedades de todo tipo en Ucrania
eran un 30% superiores a lo normal,
debido al debilitamiento del sistema
inmunológico causado por las
radiaciones. En la región de Gomel, en
Bielorrusia, los cánceres de tiroides
entre la población infantil se han
multiplicado por cien, y el número de
casos no para de aumentar. Las
leucemias, cuyo periodo de latencia es
más largo, empiezan a aparecer, sobre
todo entre los liquidadores; la
tuberculosis es una de las enfermedades
que más ha crecido entre las personas
afectadas.
Las aberraciones cromosomáticas,
precursoras de leucemias y cánceres, han
sido igualmente detectadas, al igual que
enfermedades del sistema endocrino,
nervioso, digestivo y cardiovascular,
así como las cataratas. Según el
profesor Alexander Ivanovich Avramenko,
jefe del Departamento de Protección de
la Salud de Kiev, "la morbilidad general
ha aumentado un 30%, la hipertensión se
ha triplicado, la isquemia cardíaca se
ha incrementado un 103%, las úlceras un
65,6%, la diabetes un 61%, y los ataques
cardíacos un 75%. Los patrones clínicos
están cambiando para muchas enfermedades
debido a la depresión del sistema
inmunitario".
Los niños están entre los más afectados,
y son muchos los que padecen cánceres de
tiroides, hígado y recto. Las
malformaciones entre los recién nacidos
se han duplicado en los últimos años.
Según Dillwyn Williams, profesor de
histopatología en la Universidad de
Cambrigde y uno de los mayores expertos
mundiales en cáncer de tiroides, el 40%
de los niños expuestos a altos niveles
de radiación cuando tenían menos de un
año desarrollarán cáncer de tiroides.
Miles de personas contraerán cánceres a
consecuencia del accidente de Chernóbil
en los próximos 30 años. Williams es
presidente de la European Thyroid
Association. En una conferencia de la
OMS sobre las consecuencias sanitarias
de Chernóbil en Ginebra, Williams señaló
acerca de la incidencia del cáncer de
tiroides en Bielorrusia y Ucrania que
"he hecho algunas sumas y la respuesta
me aterroriza".
La mayor incidencia de los casos de
tiroides en Gomel están concentrados en
una zona situada a más de 200 kilómetros
de Chernóbil, lo que significa que los
planes de emergencia en caso de
accidente nuclear deben ser rediseñados.
En la conferencia de la OMS, en que
participaron unos 500 científicos
procedentes de 40 países, se criticaron
duramente las recomendaciones de la
Agencia Internacional de la Energía
Atómica (AIEA), cuyo único interés es
promocionar a cualquier precio la
energía nuclear. Chernóbil, y sus
consecuencias, son la mejor demostración
de las falacias de la AIEA, cuya
inutilidad fue puesta de manifiesto por
el programa nuclear de Irak, en teoría
bajo su control. Los efectos de
Chernóbil causarán a largo plazo decenas
de miles de muertes, y algunos autores
calculan que pueden producirse más de un
millón de casos de cáncer, sobre todo en
Bielorrusia, Ucrania y Rusia.
Aguas radiactivas
El río Pripiat llevó la radiactividad a
su afluente, el río Dnieper (el tercer
río europeo por su caudal) y que tras
recorrer 800 kilómetros y seis grandes
embalses, desemboca en el Mar Negro. El
agua contaminada por los residuos
radiactivos puede llegar a afectar a
unos 30 millones de personas, según un
informe elaborado por 59 científicos de
8 países, bajo la dirección del italiano
Umberto Sansone: más de 9 millones beben
agua contaminada, y otros 23 millones de
personas comen alimentos regados con
aguas radiactivas o peces con niveles
inaceptables de radiactividad. Las
balsas y pequeños embalses construidos
para retener las aguas contaminadas a la
larga agravaron el problema, pues fueron
rebasadas al caer las primeras lluvias
intensas.
Los peces del lago Kojanovskoe, en
Rusia, presentan niveles de
radiactividad 60 veces superiores a los
límites de seguridad de la Unión
Europea, llegando a alcanzar los 40.000
bequerelios de cesio-137 por kilogramo
(el límite de la UE es de 600
bequerelios por kilogramo). La única
alternativa es la completa prohibición
del consumo de pescado en la región. El
agua contaminada es posiblemente la
mayor amenaza diez años después del
accidente. El accidente depositó 380
terabequerelios (380 x 1012 bequerelios)
de estroncio y plutonio en la zona
alrededor del reactor. “No se puede
parar el flujo del agua”, afirma Sansone.
Pero los problemas de Chernóbil están
lejos de haber acabado. El 11 de octubre
de 1991 se produjo un incendio en el
reactor nº2, y los reactores 1 y 3
siguieron funcionando, debido a la
crisis económica que sufre Ucrania desde
la desmembración de la URSS. Aún hoy 400
kilogramos de plutonio, más de 100
toneladas de combustible nuclear y otras
35 toneladas de polvo radiactivo,
permanecen dentro del maltrecho
sarcófago de plomo, boro y cemento que
envuelve la central y que necesita ser
reparado o sustituido con urgencia. El
sarcófago, diseñado en teoría para
aguantar 30 años, necesita ser reparado
o sustituido con urgencia, al tener 200
m2 de grietas y graves
problemas de estructura. Cerca de 12.000
personas trabajan en la zona
contaminada, y siguen recibiendo dosis
inadmisibles de radiactividad.
Desastre económico
Chernóbil no sólo fue un desastre para
la vida y la salud de millones de
personas. Fue, también, un gran desastre
económico, y muchos creen que fue una de
las causas determinantes de la caída del
régimen soviético en la antigua URSS.
Sólo las tareas de limpieza en los tres
primeros años alcanzaron los 19.000
millones de dólares, y ya han superado
los 120.000 millones de dólares.
El gobierno de Bielorrusia estima que
sólo en su país en el horizonte del año
2015 el accidente habrá costado más de
230.000 millones de dólares. El coste
total, según el Research and Development
Institute of Power Engineering,
alcanzará los 358.000 millones de
dólares (el coste de unas cien centrales
nucleares), cifra resultante de sumar
los costes del tratamiento médico,
descontaminación, traslados y
realojamiento de la población afectada,
electricidad que se ha dejado de
producir y limpieza de las zonas
afectadas. Con lo que costará el
accidente de Chernóbil se podrían haber
sustituido todas las centrales nucleares
del mundo por centrales de ciclo
combinado de gas natural (el 80% de la
potencia) y aerogeneradores eólicos (el
20% restante), y aún sobrarían 200.000
millones de dólares.
La energía nuclear, como reconocen ya
hasta los sectores más conservadores, es
una ruina total. Ningún argumento a
favor de la energía nuclear resiste un
examen profundo, y los países ricos, que
gastan cada año miles de millones en
investigación nuclear, harían mejor uso
si los consagraran a las energías
renovables.
Bielorrusia gastó algunos años hasta el
25% de su PIB en superar los problemas
causados por Chernóbil, Ucrania destina
el 6% de los gastos estatales y Rusia el
1%, cifras ambas muy inferiores a las
que serían necesarias. La crisis
económica forzó a Ucrania a mantener en
funcionamiento uno de los cuatro
reactores existentes en Chernóbil, y el
gobierno sólo los cerró tras recibir
4.400 millones de dólares por parte de
EE UU y la Unión Europea. En el año 2000
la Comisión Europea aprobó la concesión
de un préstamo Euratom de 585 millones
de dólares para acabar de construir dos
reactores atómicos que suplirán a la
vieja central nuclear. Este préstamo a
20 años viene a sumarse al concedido por
el Banco Europeo de Reconstrucción y
Desarrollo (BERD) de otros 215 millones
de dólares para acabar, modernizar y
poner en servicio la unidad 2 de la
central nuclear de Khmelnitsky (K2) y la
unidad 4 de la central nuclear de Rivne
(R2).
--------------------------------------------------------------------------------
José Santamarta
es director de World Watch.
www.nodo50.org/worldwatch
*Feshbach, M. y Friendly, A. (1992).
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*Greenpeace (1996). Testimonios.
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*Revista World (varios números).
*Signos Vitales. Informes anuales del
Worldwatch Institute.
*www.erec-renewables.org/default.htm
*www.iaea.org
-----------------------------------------------
|
|
CENTRALES NUCLEARES EN ESPAÑA |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Potencia eléctrica |
Potencia eléctrica |
|
|
Central |
Localización |
(MW) |
(suministrador) |
Titular |
|
José Cabrera |
Almonacid de Zorita |
150,1 |
PWR |
Unión Fenosa 100% |
|
|
(Guadalajara) |
|
(Westinghouse) |
|
|
Santa María |
Santa María de |
466 |
BWR |
Nuclenor 100% |
|
de
Garoña |
Garoña (Burgos) |
|
(General Electric) |
|
|
Almaraz I
|
Almaraz |
977 |
PWR |
Iberdrola 53% |
|
|
(Cáceres) |
|
(Westinghouse) |
Endesa 36% |
|
|
|
|
|
Unión Fenosa 11% |
|
Almaraz II |
Almaraz |
980 |
PWR |
Iberdrola 53% |
|
|
(Cáceres) |
|
(Westinghouse) |
Endesa 36% |
|
|
|
|
|
Unión Fenosa 11% |
|
Ascó I |
Ascó |
1.032,50 |
PWR |
Endesa 100% |
|
|
(Tarragona) |
|
(Westinghouse) |
|
|
Ascó II |
Ascó |
1.027,20 |
PWR |
Endesa 85% |
|
|
(Tarragona) |
|
(Westinghouse) |
Iberdrola 15% |
|
Cofrentes |
Cofrentes |
1.092 |
BWR |
Iberdrola 100% |
|
|
(Valencia) |
|
(General Electric) |
|
|
Trillo I |
Trillo |
1.066 |
PWR |
Unión Fenosa 34,5% |
|
|
(Guadalajara) |
|
(Siemens-KWU) |
Iberdrola 48% |
|
|
|
|
|
Hidrocantábrico15,5% |
|
|
|
|
|
Nuclenor 2% |
|
Vandellós II |
Vandellós |
1.087,14 |
PWR |
Endesa 72% |
|
|
(Tarragona) |
|
(Westinghouse) |
Iberdrola 28% |
|
Fuente: UNESA
|
|
|
COMBUSTIBLE GASTADO ALMACENADO
EN LAS PISCINAS
|
|
|
DE LAS CENTRALES NUCLEARES
ESPAÑOLAS |
|
|
|
Combustible |
Grado de |
Año |
|
|
|
gastado |
ocupación de
|
previsto de |
|
|
|
almacenado |
las
piscinas |
saturación |
|
|
|
(t
U) |
(%) |
|
|
José Cabrera
|
78 |
53,28 |
2015 |
|
Sta. María de Garoña |
291 |
62,7 |
2019 |
|
Almaraz I |
436 |
52,33 |
2021 |
|
Almaraz II |
432 |
51,88 |
2022 |
|
Ascó I |
417 |
71,52 |
2013 |
|
Ascó II |
379 |
64,9 |
2015 |
|
Cofrentes |
471 |
65,36 |
2014 |
|
Vandellós II
|
329 |
49,55 |
2020 |
|
En
CN Trillo hay almacenadas 327 t
U, de las que 79 se encuentran
en ocho contenedores en seco, ya
que en 2002 se alcanzó la
saturación de la piscina de
combustible gastado. |
|
Fuente: Foro Nuclear. Datos a 31
de diciembre de 2004. |
|
Mundo |
Nuclear |
Eólica |
|
Año |
Gigavatios |
Gigavatios |
|
1980 |
135 |
0 |
|
1981 |
155 |
0 |
|
1982 |
170 |
0 |
|
1983 |
189 |
0,2 |
|
1984 |
219 |
0,6 |
|
1985 |
250 |
1,0 |
|
1986 |
276 |
1,3 |
|
1987 |
297 |
1,5 |
|
1988 |
310 |
1,6 |
|
1989 |
320 |
1,7 |
|
1990 |
328 |
1,9 |
|
1991 |
325 |
2,2 |
|
1992 |
327 |
2,5 |
|
1993 |
336 |
3,0 |
|
1994 |
338 |
3,5 |
|
1995 |
340 |
4,8 |
|
1996 |
343 |
6,1 |
|
1997 |
343 |
7,5 |
|
1998 |
343 |
9,7 |
|
1999 |
346 |
13,7 |
|
2000 |
349 |
18,0 |
|
2001 |
352 |
24,3 |
|
2002 |
357 |
31,2 |
|
2003 |
358 |
39,3 |
|
2004 |
366 |
47,7 |
|
2005 |
369 |
59,0 |
|
Fuente: Worldwatch, BTM, AWEA,
EWEA |
|
MACIÓN NUCLEAR POR PAÍSES |
|
Reactores en operación, en
construcción, |
|
clausurados y porcentaje de
producción en los diferentes
países (Datos marzo 2006) |
|
País |
Operando |
En Construcción |
Clausuradas |
Producción Nuclear |
|
|
Nº de Unidades |
Total MWe |
Nº de Unidades |
Total MWe |
Nº de Unidades |
Total MWe |
% en 2005 |
|
Alemania |
17 |
20.339 |
0 |
0 |
19 |
5.944 |
32,1 |
|
Argentina |
2 |
935 |
1 |
692 |
0 |
0 |
8,24 |
|
Armenia |
1 |
376 |
0 |
0 |
1 |
376 |
38,82 |
|
Bélgica |
7 |
5.801 |
0 |
0 |
1 |
11 |
55,12 |
|
Brasil |
2 |
1.901 |
0 |
0 |
0 |
0 |
2,99 |
|
Bulgaria |
4 |
2.722 |
0 |
0 |
2 |
816 |
41,58 |
|
Canadá |
18 |
12.599 |
0 |
0 |
7 |
3.046 |
15,02 |
|
China |
9 |
6.572 |
3 |
3.000 |
0 |
0 |
2,19 |
|
Eslovaquia |
6 |
2.442 |
0 |
0 |
1 |
110 |
55,18 |
|
Eslovenia |
1 |
656 |
0 |
0 |
0 |
0 |
38,84 |
|
España |
9 |
7.588 |
0 |
0 |
1 |
480 |
22,86 |
|
Estados Unidos |
104 |
99.210 |
0 |
0 |
23 |
9.590 |
19,94 |
|
Finlandia |
4 |
2.676 |
1 |
1.600 |
0 |
0 |
26,58 |
|
Francia |
59 |
63.363 |
0 |
0 |
11 |
3.951 |
78,08 |
|
Holanda |
1 |
449 |
0 |
0 |
1 |
55 |
3,79 |
|
Hungría |
4 |
1.755 |
0 |
0 |
0 |
0 |
33,83 |
|
India |
15 |
3.040 |
8 |
3.602 |
0 |
0 |
2,82 |
|
Irán |
0 |
0 |
1 |
915 |
0 |
0 |
0 |
|
Italia |
0 |
0 |
0 |
0 |
4 |
1.423 |
0 |
|
Japón |
56 |
47.839 |
1 |
866 |
3 |
320 |
25,01 |
|
Kazajistán |
0 |
0 |
0 |
0 |
1 |
52 |
0 |
|
Lituania |
1 |
1.185 |
0 |
0 |
1 |
1.185 |
72,1 |
|
México |
2 |
1.310 |
0 |
0 |
0 |
0 |
5,19 |
|
Pakistán |
2 |
425 |
1 |
300 |
0 |
0 |
2,36 |
|
Reino Unido |
23 |
11.852 |
0 |
0 |
22 |
2.454 |
20,02 |
|
República Checa |
6 |
3.368 |
0 |
0 |
0 |
0 |
31,25 |
|
Corea del Sur |
20 |
16.810 |
0 |
0 |
0 |
0 |
37,94 |
|
Rumania |
1 |
655 |
1 |
655 |
0 |
0 |
10,08 |
|
Rusia |
31 |
21.743 |
4 |
3.775 |
5 |
786 |
15,6 |
|
Suráfrica |
2 |
1.800 |
0 |
0 |
0 |
0 |
6,6 |
|
Suecia |
10 |
8.910 |
0 |
0 |
3 |
1.210 |
50,68 |
|
Suiza |
5 |
3.220 |
0 |
0 |
0 |
0 |
40,03 |
|
Taiwan |
6 |
4.904 |
2 |
1.900 |
0 |
0 |
31,4 |
|
Ucrania |
15 |
13.107 |
2 |
1.900 |
4 |
3.500 |
51,11 |
|
TOTAL |
443 |
369..552 |
26 |
20.858 |
110 |
35.309 |
17,00
|