PREGÓN DE LA FERIA DE SAN JUAN DE 2003
Leer entrevista hecha en Abril de 2005

Iltmo. Sr. Alcalde, Sra. Concejala de fiestas, Paisanos, Residentes y Visitantes, buenas tardes y buena feria tengamos todos.
Cuando por iniciativa de la Delegación de Fiestas, y en palabras del propio Alcalde, se me comunicó la propuesta de pregonero de este San Juan de 2003, por sorpresivo e inesperado, al instante, un tanto dubitativo, le pedí me dejara pensarlo y que ya le haría llegar mi decisión, si bien en mi fuero interno prácticamente ya estaba cantada, por supuesto, con signo afirmativo, tal cual se lo comuniqué oportunamente.
Y he dicho que estaba cantada porque bajo ningún pretexto yo habría incurrido en la imperdonable insensatez de subestimar la honrosa oportunidad de comentar públicamente las fiestas patronales veraniegas del pueblo que me vio nacer una luminosa madrugada abrileña, de luna llena, precisamente a poca distancia de donde celebramos este acto, para más detalle frente a la histórica y romántica desaparecida fuente de esta Plaza de San Sebastián, entorno por donde, posiblemente, van a discurrir los últimos compases de mi existencia.
De cualquier manera, no debo ocultar mis dudas en cuanto si soy o no la persona indicada para merecer tal honor, teniendo en cuenta que mi prolongada estancia en la capital (siempre dije que provisional) me pudo privar en el tiempo de conocer in situ las particularidades que rodean a un evento de tan especial naturaleza.
No obstante, apelando a la memoria histórica y relacionando tiempos con evoluciones, estoy convencido de que la feria de San Juan por tradición y arraigos es la Madre, o la reina virtual diría yo, de cuantas fiestas tienen lugar por los núcleos vecindarios de este inconfundible escaparate, en la cresta de la ola: nuestro Alhaurín de la Torre.
Un pregón, señoras y señores, cualesquiera que sean los fundamentos que lo originen, viene a ser la sublimada expresión de cuantas realidades y sentimientos constituyen las razones de su exaltación.
Pues bien, con la idea de recabar datos que me documentasen sobre el particular, buscando, buscando, ¡ por fin! Me doy de cara con el pregón que ofreció, en este mismo escenario, mi presentador y amigo Manuel López Mestanza. ¡ Y vaya decepción que me llevé!, puesto que se fabricó tal variopinto repertorio que no dejó el menor resquicio por donde extraer algo positivo para mis pretensiones.
Y como no queda más cera que la que arde, hablemos entonces de la Feria y para ello por lógica, necesariamente, aunque resulte repetitivo hay que referirse a los elementos variados, pero coincidentes, que conforman el todo de sus actividades. Y qué mejor que comenzar por los tradicionales pasacalles matutinos, al son de sus alegres y llamativas dianas floreadas, a mi juicio el detalle más elegante y lisonjero de la Feria.
Y los concursos culturales y recreativos al aire libre, con matrícula de honor para la pintura por su perdurable relevancia artística; los puestos de turrones y golosinas tan peculiares en ferias; el avellanero ambulante con sus vociferantes pregones; la típica y pintoresca figura del vendedor de biznagas y claveles; el tío de los globos cuya vivaracha mercancía serpentea juguetona ante la curiosidad del gentío... Personajes pintiparados para estas aglomeraciones públicas.
Y la feria de día, cada año más concurrida y con más tirón, en la que la peña La Escupiera es excepcional protagonista por su condición de pionera que fue, sin duda, determinante para la puesta en órbita y consolidación de este singular apartado de la feria principal, al que se van incorporando sucesivamente otras: El Olivo, El Maño, Los Geranios, La Barcelonista, La Tajá.Com, Adicat, y alguna otra que lo tiene decidido.
Pero el meollo de la fiesta, naturalmente, es el Recinto Ferial, de hecho el barómetro que determina con precisión la asistencia de público, a su vez, referente inequívoco de la ambientación existente en todo el ámbito ferial.
La Caseta oficial, la de mayor y mejor programación artística puesto que ofrece los más novedosos y atractivos espectáculos, justamente cual corresponde a su servidumbre pública en las fiestas tradicionales del municipio.
Las de Verdes y Moraos, o Moraos y Verdes, donde, actuaciones artísticas aparte, se respira un ambiente relajado, intimista y familiar entre hermanos cofrades y simpatizantes que tanto reconforta; la de Jóvenes Cristianos de la parroquia; la de I.U, la de la Juventud, más la de El Re¨B¨uelo, ésta ligeramente desplazada al lateral derecho del Recinto donde está ubicada su propia instalación con carácter fijo, pero inmersa en plenitud en las actividades festivas y que por su ejemplar predisposición a la práctica de la solidaridad, que la viene efectuando con frecuencia mediante organizados montajes con fines económicos, cuyos beneficios están destinados íntegramente a fines humanitarios, merece el reconocimiento y el aplauso de todos.
Y cómo no, las Tómbolas, ¡tela marinera! Lo más perfecto que se haya inventado para que los sufridores aspirantes al sueño que vivimos en los aledaños del perímetro ferial, no podamos pegar un ojo durante los días de feria: ¡ vaya micros y vaya picos los de esta gente! Hasta reventar, vamos...
Y las atracciones mecánicas, artilugios que si no existieran habría que inventarlos para que las ferias fuesen tales: la olla, la ranita, barco vikingo, los coches choques, la noria, etc., etc., delicias de los pequeños y relajamiento para los mayores.
Y Dentro del organigrama de feria, aunque en distintas dimensiones, también la elección de la reina de la fiesta, espectacular y simpático acontecimiento que tiene por escenario el auditorio de la majestuosa finca El Portón. Y la Torre del Cante el espectáculo más sobresaliente de la feria por la difusión que contrae a través de los medios informativos y, por último, la Romería que a más de una buena pasada de asueto y diversión, implica el homenaje y pleitesía que el pueblo rinde a su patrono de verano San Juan El Bautista, que los acompaña en todo el peregrinaje hasta el retorno a la Parroquia, que es en definitiva, el colofón y despedida de la feria.
Llegados a este punto podemos decir que la feria en su narración propiamente dicha ha terminado. He pretendido, desde mi punto de vista, y a grosso modo reflejar los aspectos más puntuales que la condicionan. Puede que haya incurrido en posibles imprecisiones o desaciertos, si así fuere mis disculpas, si bien han de ser atribuibles a las constantes llamadas que me hace el subconsciente instándome a que aprovechando el momento me pronuncie, diga algo concreto, sobre la llave maestra, el artífice de todas estas manifestaciones de belleza y fantasía, de por siempre mi obsesión y debilidad, nuestro irrepetible Alhaurín de la Torre, porqué díganme, ¿quién no percibe los encantos, la alegría la luz y el color de esta joya de la corona de la Comarca del Guadalhorce?
O es que, acaso, no es fiesta permanente ¡ de tronío! la fuente luminosa de la Glorieta de Manantiales, sinfonía de colores que al tiempo de hermosear el entorno está dando la bienvenida al visitante y continuidad a la Avenida de Europa hasta su confluencia con la Rotonda de Fuensanguínea y arriba, a la izquierda, cual coloso omnipresente el Pico de Jabalcuza, vigía permanente a los cuatro puntos cardinales de la panorámica lugareña.
Del bien logrado Alhaurín,
¡Cuánta belleza resalta!
Lo hermoso no tiene fin...
Jabalcuza: arrogante y altanero, cúspide que da cobertura al ¨Llano de los Pajaritos¨, altiplanicie donde se inicia esa otra cordillera paisajística y delimitadora de pueblos vecinos que se desliza entre intermitencias y bellas ondulaciones hasta la terminal de su influencia jurisdiccional en las encrucijadas de Jarapalos.
¡ Jarapalos! Impresionantes parajes donde la Naturaleza Madre, sabia y compensatoria, se despachó a su gusto por esos vericuetos de inenarrable belleza, por donde pulula en libertad y serena convivencia la fauna silvestre que lo adoptó como hábitat natural para sus felices movimientos y cantarinos romances.
La cabra montés, huidiza y saltarina, dibuja y recrea en las alturas siluetas indescriptibles; los pajarillos en la diversidad de sus especies, con trinos cambiantes y variados, cual selección de barítonos y tenores, que conforman atípicas y concertantes agrupaciones músico-vocales de inauditas composiciones que yo me he permitido el placer de disfrutarlo en sendas alboradas y atardeceres, llegando a la conclusión que superan en mucho a la sensibilidad humana.
Y el casco urbano, ¡ el corazón del pueblo! A su entrada principal una Torre: santo y seña de sus constantes históricas.
A mi Alhaurín de La Torre
Sus Torres lo simbolizan:
Son los nobles referentes
Que su pasado eternizan.
Nombres históricos con esencias costumbristas y populares: Mirador de Bellavista, Avda. de la Vega, Plaza del Arroyo Blanquillo, Calle Álamos, Plaza de Santa Ana, Calle El Tejar, Huerto de la Rosa, Huerto de Coscorrón, Calle Jabalcuza, Pasaje del Chorrillo, Barrio de la Alegría y Rincón de la Alegría y este otro de tan castiza y pegadiza pronunciación: Pasaje de la Caleta. Repito: ¡Pasaje de la Caleta!
Y el Barrio Viejo, en la época Andalusí Barrio del Albaicín, con su plazuela del Albaicín y la calle del mismo nombre que aún persiste y sobrevive con la misma denominación soportando la pátina del tiempo y la cuenta de los siglos, paradigmática y orgullosa de su pasado histórico.
Es historia en mi Alhaurín:
Con sus Torres centenarias
Un Barrio del Albaicín.
Y la Plaza de la Concepción y en ella la iglesia de San Sebastián, según los historiadores, el monumento más significativo de Alhaurín de la Torre: con estilo neoclásico, planta de cruz latina y tres naves en crucero, cuya amplitud de espacios, variedad de hornacinas, proporcionalidad de claraboyas, simetría de campanarios e intensa luminosidad la impregnan de sabores catedralicios. Alguien la ha bautizado como la ¨ Pequeña Basílica del Valle del Guadalhorce¨
De su interior parten los desfiles procesionales de la Semana Santa Torrealhaurina que si no los mejores del mundo, que por ahí han de andar, sí son los más fervorosos y pasionales por los profundos componentes de ¨Moraos y Verdes¨ , o ¨Verdes y Moraos¨ que los envuelven que son auténticas punzadas salidas del alma y el corazón de los cofrades, del sentir general del vecindario y de tantos visitantes que son fieles seguidores de sus imágenes.
Y la Plaza del Conde, egregio recinto de un solo inmueble, monumental edificio construido el siglo XV que fue inscrito como Palacio del Conde, todo un lujo de nuestro pueblo que en un próximo futuro va a quedar convertido en el Museo Etnográfico y de Artes Populares de la Villa.
Desde este privilegiado lugar se accede a la amplia terraza del Mirador de Bellavista que tiene a sus pies el Parque, coquetona flora tropical, con su original catarata, ¡sinónimo de vida y alegría!, que surte en abundancia al Lago de los Patos.
Y aquí termina, queridos amigos, nuestro placentero recorrido por este multiforme y esplendoroso ¨ Paraíso al Sol ¨ mitad vergel y cosmopolita y otro tanto espectacular abanico de urbanizaciones y barriadas periféricas, casa común de cuantos tenemos la suerte y el orgullo de compartir sus excelencias.
Muchísimas gracias y ahora gritad conmigo: ¡ Viva la Feria de San Juan! ¡ Viva Alhaurín de la Torre!
Alhaurín de la Torre 22 de Junio de 2003